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Un mes después de la orden ejecutiva firmada por el presidente estadounidense Donald Trump que sanciona la venta y entrega de combustible a Cuba, el comercio privado de la isla enfrenta un impacto inmediato y devastador.
Aunque recientemente la Oficina de Control de Activos Extranjeros (OFAC) autorizó a las micro, pequeñas y medianas empresas (mipymes) privadas a comprar combustible, la realidad es que el 78% de ellas reporta caídas en sus ventas, según un informe de la consultora AUGE.
La medida, sumada a la suspensión de envíos desde Venezuela tras la caída de Nicolás Maduro, ha dejado a Cuba prácticamente paralizada. “No hablamos solo de pequeñas empresas. Cuando actores como Supermarket 23, Cubamax, Meliá o Sherritt reducen operaciones, la señal es clara: el impacto es sistémico”, señala el documento firmado por el consultor y cofundador de AUGE, Oniel Díaz.
Una crisis distinta a la pandemia
El informe compara la actual crisis energética con la pandemia de 2020, cuando los negocios pudieron reinventarse mediante teletrabajo, entregas a domicilio y reconversión de servicios. “Hoy la pregunta es otra: ¿qué pasa cuando lo que falta no es un cliente, sino la energía misma para operar?”, plantea Díaz.
La diferencia es radical: la energía no es un insumo más, sino la base sobre la que descansa toda la actividad económica. Mientras en 2020 existía un horizonte de recuperación con la llegada de las vacunas, ahora el final es indefinido. Nadie sabe cuándo volverá el combustible ni cuándo se normalizarán los apagones.
Impacto inmediato en las mipymes
La encuesta realizada por AUGE entre 63 empresas refleja que el 78% ya experimenta caídas en sus ventas. El golpe es transversal: desde pequeños talleres hasta corporaciones transnacionales. El 96% de las mipymes, según un estudio previo, enfrenta un impacto que va de severo a catastrófico.
Un empresario manufacturero explicó que sus ventas se mantienen gracias a inventarios acumulados, pero advirtió que en tres meses no tendrá nada que vender. “Es como vivir de los ahorros: se sabe que se van a acabar, pero mientras tanto la apariencia es normal”, dijo.
En contraste, una empresa de software en La Habana ha resistido mejor gracias a clientes extranjeros y paneles solares instalados en su oficina. Sin embargo, sus programadores dependen de la electricidad en sus hogares, lo que limita la capacidad de adaptación.
Grandes actores también retroceden
La crisis no afecta únicamente a los pequeños negocios. Supermarket 23, gigante del comercio electrónico en Cuba, redujo operaciones desde el 14 de febrero.
Por su parte, Cubamax, agencia de viajes y envíos desde Estados Unidos, adoptó medidas similares, en tanto Meliá Hoteles suspendió el funcionamiento de tres de sus 35 instalaciones en la isla, y Sherritt International enfrenta serias dificultades para mantener sus operaciones.
Cuando estos actores disminuyen su actividad, la magnitud del problema deja de ser una hipótesis y se convierte en evidencia de un colapso sistémico, indica el estudio.

Las cinco heridas de la crisis energética
Las cinco heridas de la crisis energética se sienten con crudeza en el tejido empresarial cubano. La primera es la de los ingresos cero: sin energía no hay producción y sin producción no hay ventas, una cadena simple y brutal que ya golpea a la mayoría de las mipymes.
La segunda herida es la pérdida de lo producido, pues alimentos y materias primas perecederas se echan a perder por falta de refrigeración.
La tercera es la descapitalización total: aunque el 60% de las empresas invirtió en paneles solares o plantas eléctricas, el 40% restante enfrenta la disyuntiva de comprar combustible en el mercado negro a precios astronómicos o paralizarse.
La cuarta herida es la ausencia de materias primas, porque sin transporte las cadenas de suministro se rompen; primero llega menos, luego tarde y finalmente no llega nada.
La quinta y última herida son los costos fijos sin retorno, ya que alquileres, impuestos y salarios continúan acumulándose aunque el negocio esté detenido.
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El espejismo de las ventas estables
Algunas empresas aún reportan ingresos gracias a inventarios acumulados, pero los consultores advierten que se trata de un espejismo. Cuando esos inventarios se agoten, la caída será abrupta y masiva. “La crisis empresarial mostrará su verdadera cara”, alertó Díaz.
La gradualidad del colapso es traicionera: las reservas de combustible se agotan poco a poco, los inventarios se reducen sin reposición y los ahorros se consumen en gasolina a precios inalcanzables. La apariencia de normalidad oculta un deterioro que se profundiza día a día.
La consultora concluye que la crisis energética es más letal que la pandemia porque no existen sustitutos para la energía. Ninguna aplicación puede reemplazar un kilovatio, y la capacidad de adaptación tiene límites físicos.
“Hay empresas que hoy venden pero ya no producen, y sus ingresos son un espejismo que se desvanecerá cuando los inventarios se acaben”, advierte el informe.
El 78% de las mipymes ya siente el golpe en el primer mes, y los grandes actores también retroceden.










