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En una época, refirió el escritor Leonardo Padura, hubo una luz a mitad del túnel que ha sido la vida cotidiana del cubano; pero esa realidad se fue descomponiendo de tal manera que “ya ni sabemos dónde están las paredes de ese túnel”.
Sus declaraciones ocurrieron recientemente en uno de los salones de la Feria Internacional del Libro de Buenos Aires. “¿Qué va a pasar?”, se preguntaba el creador del célebre personaje Mario Conde antes de ofrecer una respuesta para sí y para los que escuchaban: “Están todos los escenarios sobre la mesa. Es cierto que Cuba debe cambiar, no porque lo diga Trump, sino porque los cubanos necesitan que Cuba cambie”.
Aprovechando esa cuerda temática, alguien preguntó al cierre de la presentación qué era lo primero que haría el escritor cuando Cuba cambiara, infiriéndose en la pregunta la posibilidad de un giro en el sistema político, cosa que, no obstante, nunca se mencionó directamente en la conversación. “No sé cómo va a cambiar, puede ser un cambio gatopardiano, que todo cambie para que no cambie nada”, apuntó el autor de libros como La novela de mi vida y El hombre que amaba a los perros.
Leonardo Padura viajó hasta Buenos Aires para presentar su más reciente novela, Morir en la arena (Tusquets Editores, 2025). Como sigue viviendo en La Habana y estará en la ciudad “hasta que me expulsen o me tenga que ir de ella” también con él llegan las últimas noticias sobre el prolongado agotamiento de los cubanos y el suplicio de la vida cotidiana, hoy violentada hasta la asfixia por el brazo de la Administración Trump al Gobierno.
“Se ha hablado de embargo o bloqueo, o como se quiera llamar“, dice Padura, para seguido advertir que “cada vez es más evidente que es un bloqueo”. Sin embargo, pese a esa circunstancia de gravedad extrema, entre apagones interminables, transportación pública en cero y precios por las nubes, hay algo que no se puede explicar el escritor, un aspecto cultural siubrayado por él otras veces y que da lugar a que la gente, apunta, también “esté consumiendo mucha música y se pasee por la calle (el que puede) con una latica de cerveza en la mano”.

Padura, que escribe desde “una perspectiva social” una especie de “memoria para el futuro” ha creado mundos ficcionales sobre “la perversión de la gran utopía” que fuera el Comunismo, el riesgo de la libertad, los que se fueron. Ahora entrega una historia sobre los que se quedaron, una ficción amarga como la realidad de la isla. “Creo que mi discurso se ha ido radicalizando porque la realidad se ha radicalizado”.
Con su presencia en esta Feria que ahora cumple 50 años, el también Premio Princesa de Asturias volvió a confirmar que es uno de los autores más leídos en Argentina. Abarrotó la sala donde estuvo por segunda ocasión ya que antes lo había hecho durante el diálogo “El Caribe no es una sola historia”, junto a Frank Báez, Claudia Neira Bermúdez y Claudia Piñeiro. La misma sala ha atraído en estos días una cantidad similar de público para autores como J. M. Coetzee, frecuente en esta cita porteña.
Al público que sigue a Padura, probablemente nostálgico como él de la posibilidad frustrada que fue Cuba, del proyecto social malogrado que ha sido, les regaló una primicia: está en el principio de una nueva novela. “Va a ser una novela policial donde creo que no va a haber muertos. Lo importantes es la investigación, siempre intentando que no se parezca a las anteriores.”
Padura fue recibido y despedido con una prolongado aplauso y después estuvo firmando libros en el pabellón principal del grupo Penguin Random House al que pertenece Tusquets Editores, una empresa para la que tuvo palabras elogiosas en los inicios de su charla y a propósito de la reciente muerte de su fundadora y editora, Beatriz de Moura: “Tusquets fue mi ventana hacia la libertad”.
Otros ecos de la isla: Benedetti recordado por Guillermo Shavelzon
De Cuba, que no tuvo stand tampoco este año en la Feria, se ha seguido hablado en distintos momentos y de distintas maneras en la Feria del libro de Buenos Aires.
A propósito de la presentación del libro El enigma del oficio (ediciones Ampersand), su autor, el agente literario e importante editor Guillermo Shavelzon, recordaba la forma en la que había conocido al poeta uruguayo Mario Benedetti un día de 1966.
El encuentro sucedió en Cuba, en una ciudad ya lejana de los sesenta. “Nos encontramos por estar en el mismo hotel jugando al ping pong. Tuvimos una muy larga e importante relación. Cuando las cosas en Cuba comenzaron a no gustarle, nunca más abrió la boca; decía que su agradecimiento de cuando él tuvo que exiliarse en Cuba, porque lo perseguían en Uruguay y Argentina, lo seguía manteniendo”, me cuenta Shavelzon.

Shavelzon llegó a la isla invitado por Casa de las Américas para su premio. Acompañaba al importante editor y coterráneo suyo, Jorge Álvarez. Era casi un adolescente y tenía poco conocimiento de lo que se escribía en la isla, apunta. “Solo conocía a Pablo Armando Fernández y a Alejo Carpentier”, responde de manera escueta a un breve cuestionario.
Shavelzon recomienda la lectura de su libro, donde da piestas del intríngulis editorial, el mundo de los agentes literarios y los escritores, así como menciona alguno que otro cubano; pero, antes, ante mi pregunta, menciona el título de tres libros escritos por coterráneos míos que siempre recomienda: Paradiso, El reino de este mundo y Memorias del subdesarrollo.
Este jueves otra cubana estará presentándose en la Feria de Buenos Aires: Elaine Vilar Madruga llega por primera vez a este evento de alta importancia para el mundo editorial para conversar sobre su poemario Las tarántulas (Ed. Concreto) y la antología de cuentos Moira (Ed. Fera), según avisaba el programa.
De lo que pase allí, seguro les cuento uno de estos jueves.











