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En medio de una crisis energética que el propio Gobierno cubano ha calificado como “extremadamente tensa”, la producción artesanal de carbón vegetal vuelve a ganar protagonismo donde muchas familias buscan alternativas para cocinar ante la falta de combustible y los prolongados apagones.
A pocos metros de la desembocadura del río Tadeo, en el municipio habanero de Regla, Yunior Vásquez Escobar trabaja junto a sus hermanos y otros familiares en la elaboración de carbón, un oficio heredado de su padre y que llevan más de 20 años realizando.
La faena comienza con el corte y traslado de la madera, abundante en la zona. Luego clasifican los troncos según tamaño y grosor para levantar cuidadosamente el horno. “El palo chiquito ahí va empezando”, explica Yunior mientras acomoda la leña. “Después viene una cama de palo gordo… se le pone fino de nuevo y va creciendo”.


El proceso es completamente manual y requiere experiencia. Cuando el horno alcanza el tamaño deseado, lo cubren con hierba y tierra antes de encenderlo. “Yo principalmente doy candela por arriba, no me gusta dar candela por abajo”, cuenta. “El carbón viene quemando de arriba hacia abajo”.


La producción no admite descuidos. “Esto lleva mucho proceso. Hacer carbón no es de que voy a hacer carbón y ya”, dice. “Tienes que velarlo cuando le das candela, no dejarlo que se te pase”. Si el fuego se acelera demasiado, explica, el carbón “queda crudo” y “cuando lo prendes lo que echa es humo”.
Cada hornada puede tomar entre cinco y siete días de vigilancia constante, dependiendo del tamaño del horno, la humedad de la madera y el clima. En este caso, Yunior calcula obtener más de 40 sacos. “Hay que darle su tiempo”, insiste. “Después lo refrescas, lo revuelves, lo vuelves a tapar de nuevo”.



El trabajo también tiene un costo físico. Yunior cuenta que una hernia le dificulta hacer fuerza, aunque continúa trabajando con ayuda de otros familiares. “Esto yo lo hago en una semana”, comenta mientras revisa el horno cubierto de tierra y humo.
La madera utilizada proviene de especies invasoras que crecen rápidamente en la zona. “Esto es pili pili”, explica señalando uno de los árboles. “Donde quiera que cae una semilla se da. Es igual que el marabú”. Otras especies, sin embargo, prefieren conservarlas. “Esa es una madera preciosa, creo que es roble… esas matas no se pueden tocar”.
Cuando el carbón está listo, se recoge y se envasa en sacos para su venta. En medio de la escasez de gas licuado, diésel y fuel oil, la demanda ha crecido considerablemente. Los sacos pueden venderse entre 1000 y 2 mil pesos, dependiendo de la cantidad y la calidad del producto.

La realidad que viven familias como la de Yunior ocurre mientras el ministro de Energía y Minas, Vicente de la O Levy, reconocía recientemente que Cuba se encuentra “sin ninguna reserva” de combustible. “No tenemos absolutamente nada de fuel, no tenemos absolutamente nada de diésel”, afirmó durante una intervención televisiva en la Mesa Redonda, al explicar que ya se agotó el cargamento de petróleo ruso que había permitido una mejoría temporal del sistema eléctrico.
Con apagones que en varias provincias superan las 20 horas diarias y una creciente inestabilidad del sistema electroenergético nacional, el carbón vegetal ha regresado como un recurso cotidiano para miles de hogares cubanos.
A esta realidad se acercó con su lente nuestro fotorreportero Otmaro Rodríguez, para mostrarnos no solo el proceso artesanal de producción del carbón, sino también una postal de supervivencia en la Cuba actual: humo, madera, tierra y fuego convertidos nuevamente en energía básica para cocinar.



















