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Llevaba un tiempo siguiéndolo. Luego, esos encuentros fugaces en casa de sus padres y en las redes se convirtieron, para mí, en una cacería. Había estrenado en 2025 Quieres salir Puedes entrar, un documental sobre Carlos Oroza, “poeta maldito y último beatnik”, según la promoción del audiovisual.
De Oroza había leído poco, pero recordaba unas palabras de él que me encantaron y que puedo reproducir casi de memoria: “El poeta nace cuando le sorprende la primera palabra. El problema es saber escucharla. El poeta organiza el caos, da sentido al absurdo de la existencia.”
De modo que me propuse ver el documental, seguramente una introducción lúcida al mundo del poeta gallego. Pero no daba con Pablo. Cuando preguntaba por él en La Habana, me decían que andaba por España. Cuando estuve la última vez en España, justo por estas fechas, resultó que había volado a La Habana… A día de hoy, aún no he podido atraparlo.
Pablo Villalobos es conocido como cineasta. Después de varios cortos documentales y de ficción, realiza en 2021 Altar, su primer largometraje, rodado en Cuba y postproducido en España, el cual tuvo una salida a lo grande: Estreno internacional en el 43º Festival Internacional de Cine de Moscú; estreno latinoamericano en el 38º Festival Internacional de Cine de Bogotá (película de apertura); estreno estadounidense en el 38º Chicago Latino Film Festival, estreno asiático en el 14º Jaipur International Film Festival de la India; y estreno nacional en el 42º Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano de la Habana.
El cineasta, ahora también asumido como artista visual, proviene de una familia muy creativa. Sus padres son Nelson Villalobos y Eva Leal. Pintor el primero, y orfebre y diseñadora la segunda. Su hermana, Daisy Villalobos Leal, es poeta; y por si esto no fuera suficiente, su esposa es Laura Carralero, joven artista que este año obtuvo la prestigiosa Beca Velázquez, que otorga la Academia de Bellas Artes de París.
Los Villalobos tienen casa en La Habana Vieja, a un tiro de piedra de la Terminal de trenes, y en Vigo, Galicia. Ese “nomadismo” lo han venido sosteniendo desde muchas décadas atrás. Al parecer, es su modo natural de ser como familia: ir de una luz a otra, de un puerto a otro, de una singularidad cultural a otra. Y donde quiera que ponen el campamento, continúan creando.
Alcanzo a Pablo a través de las redes sociales. Lo invito a conversar. Acepta.

¿Qué significa vivir entre Cuba y España?
Dos hogares y dos tiempos. Las cosas se duplican, pero la suma sería así: 1+1=1. Este tipo de fusión y sinergia siempre me ha interesado y así la entiendo en mi realidad.
Te graduaste en 2015 en la Escuela Universitaria de Artes y Espectáculos TAI (Madrid), España. ¿Allí realizaste estudios sobre cinematografía exclusivamente?
En Madrid hice un Estudio Superior de Cinematografía. Y fue exclusivamente eso, sí. Una experiencia muy enriquecedora, donde hice grandes amigos y comencé a entender dinámicas del cine que desconocía. Al año siguiente, me marché para Cuba con mi padre.

Entonces, como artista visual eres autodidacta.
Se podría decir eso, pero no lo siento así. Nací y me crié en el estudio de un pintor. Ahí estuvo y está mi escuela.
¿Cómo se explica que formes parte del Registro del Creador del Instituto Cubano del Arte e Industria Cinematográficos (Icaic), habiendo nacido en 1995 en Zaragoza, España?
Cuando estrené Altar en el Festival de Moscú, me hicieron una entrevista para El Faro de Vigo, dentro del marco de cineastas gallegos, y la pregunta fue parecida a la tuya. Me dijeron, dudosos: “Hola Pablo, una pregunta, mira, veo que naciste en Zaragoza, estudiaste en Madrid y ahora vives en La Habana, ¿me puedes explicar qué conexión tienes con Vigo?”. Mi respuesta fue que pasé toda mi vida en Vigo.
Al año de haber nacido en Zaragoza, mis padres me llevaron a La Habana, y allí me inscribieron en el registro civil; por eso tengo doble nacionalidad, dos pasaportes y dos carnets de identidad.
¿Qué relación has tenido con la Escuela Internacional de Cine y Televisión de San Antonio de los Baños?
La escuela me apoyó en la postproducción de Desciende, un corto que estaba haciendo en 2018, y después quiso distribuirlo. Se portaron muy bien conmigo. Siempre agradeceré su amistad y sostén. A toda persona que conozco que quiere estudiar cine, le recomiendo que vaya a San Antonio.


Tu primer largometraje de ficción, Altar, fue rodado y producido en La Habana. ¿Es una historia “cubana”?
Pues depende de lo que entiendas por historia “cubana”. ¿La pintura de Laura Carralero es “cubana”? Pues tiene muchas maneras de entenderse. Para mí es profundamente cubana y de muchas más partes que me rodeaban en ese momento. También es española, mexicana, rusa, alemana… Pero tiene un carácter “cubano”, por así decirlo, por varios motivos.
Primero, los visuales: casa colonial cubana, con sus ventanas, puertas y marcos, losas cubanas, actores cubanos, paisaje cubano; el piano, de 1890, es uno de los primeros hechos completamente en Cuba por un luthier que se estableció a vivir allí; el azulejillo es cubano y su jaula también, las velas las hacía mi primo en su tienda religiosa. Los poemas son de mi hermana, que nació en La Habana… Bueno, la lista es bastante larga en lo que respecta a la visualidad.
En lo referente al tema, el instinto, lo primitivo, la oscuridad, la muerte, la resurrección, la dualidad… puede entenderse como algo más universal; sin embargo, está empapado de todas mis vivencias, de las muertes que me sorprendieron de mi abuela y mi tío, del amor, de la búsqueda de identidad… Y todo esto también fue en Cuba. Por lo tanto, podría afirmar que, en efecto, es una historia cubana.

¿Se ha exhibido de manera comercial?
Después del recorrido en festivales, estuvo disponible en plataformas online de pago, como Guayaba (que creo cerró hace unos años), y actualmente está disponible en Amazon Prime.
¿Qué ha impedido que se estrene Camino de huellas (2022), tu segundo largometraje de ficción?
Ni idea. Por mi parte, he puesto todo el empeño posible, y aún lo sigo haciendo. El Festival de La Habana tampoco la incluyó el año pasado; aceptó el póster de la película en el concurso de carteles, pero no el film.

Según noticias, en él participó el actor cubano Carlos Pérez Peña. ¿Qué tal la experiencia de dirigir a un hombre con una obra tan extensa sobre las tablas?
Carlos Pérez Peña es el protagonista de la película. Lo conocí a través de una obra que dirigía Guillermo Pérez que coincidió cuando acababa de escribir el guión. Le dije a Guille, que fue el productor del filme, que el personaje de Carlos (también se llamaba así) tenía que hacerlo Pérez Peña.

“Camino de huellas”. Foto: Cortesía del entrevistado.
A la semana nos reunimos, y Carlos aceptó participar. En la primera lectura de guión, él y yo solos, me di cuenta de que no tenía absolutamente nada que decirle; la forma en que interiorizó el papel fue increíble. Es más, después de ese ensayo, escribí 15 páginas más de película para Carlos. Me hipnotizó y aún me hipnotiza cuando lo veo en la película. Es el primer largometraje que ha hecho en su vida este inmenso actor. Solo por esto, la película debería ser de interés nacional.
Trabajando con él tres meses aprendí más que en todos los años anteriores. Y, como dije en su momento, creo que el cine cubano no ha aprovechado a un actor que podría estar, y está, a la altura de cualquier estrella, por el talento tan desbordante que tiene. Cualquier gesto, mirada, pausa, silencio, cae como una nota musical justa en una partitura. Es increíble.
Has curado varias exposiciones de artes visuales en La Habana. ¿Este oficio se desprende del hecho biográfico de que eres hijo de un importante pintor? ¿Comenzaste curando las obras de tu padre?
Sí. Comencé en los proyectos de mi padre, y como representante de su obra y su trabajo. Casi todos los proyectos que he realizado en este sentido son con su obra, pero también tuve la oportunidad de hacer colectivas y participar en otras muestras, y es una experiencia que me gusta.
A través de estos trabajos pude conocer a gran parte de los protagonistas de la cultura cubana, de la plástica, la literatura y la poesía. Mucho más, incluso, que del cine.

Recientemente he visto varios óleos tuyos sobre madera y lienzo; muy buenos, por cierto. ¿Desde cuándo pintas? ¿Son piezas recientes?
Siempre he pintado, desde que era niño. De hecho, quería ser pintor y pintaba incansablemente todos los días. Pero con 10 años descubrí el cine a través de una Handycam, y el cine opacó por completo ese camino.
En estos últimos años he estado estudiando y trabajando en la pintura casi todos los días. Ahora empiezo a sacar cosas. Mi esposa me ha enseñado mucho, sobre todo porque viene de una escuela muy académica en Cuba, que es la de Holguín, y creo que poco a poco me he ido animando.
Cuando voy a ver una exposición o [visito] un museo con mi padre, nadie puede acompañarnos, porque nos pasamos demasiadas horas debatiendo, mirando y hablando sobre arte, y la gente acaba aturdiéndose. Así ha sido siempre en mi casa, desde que nací. Cuando fuimos a México, visitamos ocho días seguidos el Museo de Antropología; cada día, 5 o 6 horas, y no nos dio tiempo de terminar de verlo todo.



¿Se puede hablar en tu caso de “contagio familiar”?
En mi casa tenemos todos los unos de los otros. “Casa de locos”, como dice mi padre. Todos, mi madre, mi hermana, mi padre y yo.
A mis amigos sus padres los ponían en natación, fútbol, idiomas… A mí y a mi hermana nos daban un papel largo, y a dibujar en el suelo toda la tarde. ¿Habrá algo de inevitable?



¿Agregarás en lo adelante a tu ficha de director, guionista y editor cinematográfico los perfiles de curador y pintor?
Sí, sobre todo me gustaría agregar el de pintor. Es una faceta que me está ayudando, precisamente, a entender la clase de cine que quiero hacer. Al final, pintando estás reflexionando horas y horas. El cine no te permite pensar de esta manera, por lo menos desde mi punto de vista; los tempos cambian y los procesos tienen otro ritmo.
¿Podemos esperar pronto una exposición personal de Pablo Villalobos, pintor?
Espero que sí. Quizá esta entrevista me dé una ayudita en esa dirección.

¿En qué nuevos proyectos andas?
Quiero hacer una serie de paisajes de Jaraba y de selvas. Rojo de la piedra caliza y verde vejiga en los árboles.
Estoy investigando para hacer un documental sobre Cajal.
¿Santiago Ramón y Cajal, el médico patólogo?
Sí. Es la primera vez que se lo digo a alguien. Porque aún es solo una idea.
Preparo un proyecto audiovisual con Laura [Carralero] sobre su investigación en la Casa de Diego Velázquez, en Santiago de Cuba.
Además, desarrollo un proyecto de largometraje con mi amigo, guionista y escritor peruano César Jean Pierre. Va para largo, pero irá.
Llevo más de un año ensayando y escribiendo para un cortometraje sobre un parto en el monte, que espero que nazca —nunca mejor utilizado el verbo— este año o el siguiente.
Pero ahora casi todo mi tiempo práctico está en la pintura.
¿Tienes una relación sentimental con La Habana?
Tengo una relación sentimental con todo lo que me rodea, y cada día es diferente.












