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La calle Curazao de La Habana Vieja tiene solo tres cuadras y un nombre que, de entrada, no hace pensar en Cuba. Pero un vistazo a imágenes de su actualidad no solo confirma su cubanísima ubicación, sino también su vínculo simbólico con otra nación vecina: México.
Breve, estrecha y de trazo antiguo, esta pequeña vía apenas se extiende entre Luz y Merced, a un costado de la Avenida de Bélgica, dentro del compacto tejido del centro histórico habanero. No tiene el peso de otras calles más conocidas, pero tanto su denominación caribeña como su identidad “mexicana” conforman una singularidad que hoy la distingue dentro de su entorno.


Las referencias sobre el origen de la calle Curazao son limitadas. Se dice que así la llamaban los negros y mestizos en tiempos de la colonia y se le asocia con la llamada calle de Cargatierra, nombre con el que en las primeras décadas del siglo XIX se identificaba a su actual esquina con la calle Jesús María.
En algún momento también se le conoció como de Yucatán y Campeche, una denominación popular de la barriada de la Merced que descubre ya una relación —al menos— nominal con México y se cruza hoy con una identidad muy visible en el lugar, que la hace resaltar por encima de deterioros y crisis.


Por estos días en la calle Curazao suelen ondear banderas de Cuba y México, y verse estandartes que la identifican como “barrio mexicano”. Se trata de una etiqueta que no responde propiamente a una condición formal o administrativa, pero sí a una manera de nombrar y reconocer el lugar desde la cotidianidad.
Lo interesante es que esa referencia mexicana no borra el carácter habanero de la calle. Al contrario, lo subraya. Curazao sigue siendo una vía de vida diaria, con vecinos en tránsito, fachadas estrechas, portales y una escala doméstica que la mantiene integrada al ritmo de La Habana Vieja.


Entre su nombre antiguo, su difícil y perseverante día a día y la visualidad que la distingue, la calle Curazao ha terminado por construir una personalidad propia. No es un sitio monumental ni turístico, al menos no en el sentido más evidente, pero sí un lugar donde se cruzan memorias, símbolos y referencias que se integran a su devenir y su rutina cotidiana.
Así nos la descubre este domingo el fotorreportero Otmaro Rodríguez, tras un reciente recorrido por esta corta y singular calle “mexicana” de La Habana Vieja.






















