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Una de las pasiones en la vida de Julio González Pagés (La Habana, 1965) es ver jugar al equipo Industriales. Siempre. En las buenas y en las malas. Es un fanático con lealtad de cisne.
Ahora, luego de muchos años lidiando con puestos sotaneros, el mítico team, “cantera” de los Yankees, lucha leoninamente —como exige su mascota en la Liga Élite— por llevarse la corona y volver a la gloria.
Ante esa posibilidad de redención, el historiador está loco por ir al Latino y compartir la euforia de tantos. Sin embargo, hay un detalle que lo detiene, una desagradable sensación que ha venido de la mano de la realidad: Julio González Pagés, 60 años, doctor en Ciencias Históricas, con más de una docena de libros publicados, exatleta de alto rendimiento de 3 mil metros con obstáculos y subcampeón de Cuba en 1984, que ha gastado suelas atravesando en solitario ciudades poco seguras, pandilleras y nocturnales como México, Buenos Aires o Bogotá, tiene miedo en La Habana de julio de 2026.
“Tengo temor de que de una esquina me salgan seis niños, me provoquen una lesión y me tiren a la calle.
No es una corazonada. Es un síndrome postraumático. Semanas atrás, en una mañana, González Pagés fue víctima de un intento de atraco en el parque de H y 21, pleno Vedado, barriada donde vive. Unos adolescentes lo acorralaron para llevarse la comida que había comprado en uno de los mercaditos privados de la zona. Se resistió y no pudieron arrancarle el botín. Los pormenores, a los que el profesor editó el morbo descriptivo de la violencia, pueden leerse en su perfil de Facebook.
—Pero, protegido por estos muros y estas puertas y ventanas férreas, te sentirás, al menos, más seguro en casa, ¿no? —le comento.
Ya listos ambos para la entrevista en la acristalada sala dotada de un par de cómodas poltronas; libros; lámparas de noche; bibelots; retratos de familia (daguerrotipo incluido del tatarabuelo paterno) y varios Martí, entre ellos una cabeza de Sicre y un retrato en ocre del héroe bordado a mano.
“No creas. Aquí ya me han robado tres veces”, dice, mitad sarcástico, mitad resignado, este graduado de Violentología, en 1996, por el Instituto Colombiano de Antropología e Historia.

¿Dónde está Bukele? Y una polémica a paso de conga
Videos de cámaras de seguridad y relatos sobre robos, timos y atracos tienden a normalizar una cotidianidad macabra en las redes sociales. Incluso se habla de un cierto nivel de organización criminal con la insurgencia de bandas delincuenciales, un fenómeno que no es inédito en la isla, pero que al parecer se mueve en ondas expansivas.
En la cartografía del delito habanero, municipios como Arroyo Naranjo, Diez de Octubre, Cerro, Marianao, Guanabacoa, San Miguel del Padrón y La Lisa se han convertido en epicentros de un mal que muta con rapidez.
De acuerdo con informes independientes de prensa, a las viejas organizaciones —Diamante, Sangre por Dolor— se suman nuevas como 100paBajo o Faceta del Mundo, mientras que las pandillas nacidas en prisión —Obsorbo Fogo, Atá Perositan Nangorian, Justicha Allán y Miki Pintao— marcan un giro decisivo: ya no se limitan a un barrio, sino que trascienden fronteras municipales, se expanden por provincias e incluso emigran, tejiendo redes que prolongan la sombra del presidio en la vida urbana y global.
El actor y activista atento a las dinámicas sociales y políticas del momento, Luis Alberto García, igualmente ha llamado la atención sobre el involucramiento de niños y adolescentes en hechos delictivos y el déficit institucional en zonas donde la violencia ha crecido durante años. “¿Tendremos que esperar a que se asienten y crezcan peligrosamente MARAS CUBANAS?”, se preguntó el célebre actor bajo un título urticante para ejecutivos: “¿Dónde está Bukele?”
Hay más. En medio de la ya habitual crónica roja de las redes, se desató un vendaval de polémica en torno al estribillo de una conga callejera en Matanzas. “Pincha, que yo te cargo la jaba”, coreaban cientos de personas en estado de gracia bullanguera. Decodificado, el coro invita a la agresión con algún instrumento perfilocortante, cuyo agresor, posteriormente recluido en prisión, tendrá asistencia exterior para sus necesidades básicas.
El jolgorio ha desatado lecturas que revelan la vascularización de la violencia en la isla y sus implicaciones culturales y enfoques racializados sobre comunidades llamadas oficialmente “vulnerables”.
El humorista Ulises Toirac advierte que la conga de marras “no alude a una insubordinación contra el estado de cosas que nos han llevado a la precariedad que vivimos. Alude a una marginalidad que suplanta dirigir su violencia en contra del establishment, por la violencia per se”; el jurista e historiador Julio César Guanche, por su parte, sostiene que “la violencia en la conga no es violenta por sí misma. Es violenta por la deuda social y racial que sigue pendiente, y que ahora se profundiza cada vez más”.
La filóloga y musicógrafa Rosa Marquetti, entretanto, convoca a la introspección colectiva: “Nos caracteriza hoy un altísimo nivel de violencia explícita e implícita… Pinchémonos todos para ver si despertamos y nos damos cuenta de quiénes, en realidad, somos.”
Oriundo del barrio habanero de Jesús María, de data colonial y pletórico en leyendas urbanas de guapería y machismo, el cineasta Pavel Giroud acude a sus recuerdos. “Toda la vida escuché decir a unos y a otros que se iban a los carnavales a picar, a pinchar… En los 70 y 80, llevaban cuchillas Astra y Sputnik escondidas en sus botas rusas (montadas, con cordones entretejidos y lustradas con fuego y betún para lograr el charol). Cuando sonaba Irakere con Mami, dame caramelo, se formaba el picotillo de nalgas por puro vicio. Eso, lamentablemente, forma parte de la cultura de los barrios cubanos, como tantas otras cosas que moralmente pueden escandalizar”.
El aparato de control ya no funciona como antes: una charla con el Dr. González Pagés
¿Esta “ola de violencia” —no sé si es impropio el término— es reversible? ¿Es un fenómeno nuevo en el socialismo como tendencia degradante? Ya sabemos que en la Cuba republicana proliferaron bandas organizadas como una deriva de la Revolución del 30…
En otras etapas de la historia de Cuba, la delincuencia siempre existió. De hecho, tengo por ahí unos libros de Israel Castellanos, considerado junto a Fernando Ortiz como uno de los fundadores de la criminología en Cuba. Él estudió la delincuencia femenina en la isla. Lo más importante son las lecciones que nos dejan sus investigaciones.

¿Qué destapan esos estudios sobre la delincuencia y su vínculo con la inequidad?
Son mujeres racializadas, fíjate cuántas… Hasta ahora solo han salido dos mujeres blancas. [Julio César me muestra páginas del libro de Castellanos.]
Eso te habla de racismo, de inequidad estructural. La Revolución tuvo políticas para empoderar a los grupos más vulnerables, pero hay fallos. No basta con decir que somos iguales; hay que transformar la cultura y las formas de vida, y eso toma generaciones.

¿Cómo era el control social en décadas anteriores al presente? Como un ejemplo de su eficacia, muchos recordamos de nuestra infancia el litro de leche dejado en la puerta de las casas y los edificios sin que fueran hurtados o manipulados por ajenos.
Después de 1959, Cuba vivió una tranquilidad relativa por muchos años. Había una redistribución de la riqueza que no existe hoy y formas de control social que iban desde los CDR en las cuadras hasta los sindicatos, los centros laborales, las organizaciones paraestatales, en fin. No era solo la policía. El delincuente se lo pensaba porque había mecanismos de control político y social. Eso servía también para censar la vagancia. Claro, hubo excesos: si no querías trabajar, te podían catalogar como lumpen social.
¿La ley contra la vagancia?
Sí, estuvo vigente de 1971 al 79 e incluía penas de cárcel para las personas que se negaban a trabajar o estudiar.

Un asesino serial que leía a Agatha Christie en una Cuba paranoica
¿Consideras reversible el deterioro social actual? ¿Suponerlo sería un exceso de optimismo?
Yo creo que en este momento es irreversible y estamos ante una espiral que va a seguir creciendo. No sé hasta dónde va a llegar porque no veo el final de esta crisis. Recuerda que tenemos un vecino que se llama Haití, gobernado por bandas delictivas, aunque no creo que la comparativa sea válida. Pero hemos pasado de romantizar la violencia a normalizarla… En el Cerro, un amigo actor sacó al perro como hacen miles en Cuba con sus mascotas y una banda lo golpeó sin robarle nada, solo por disfrutar la adrenalina de la violencia. Eso está ocurriendo.
¿Qué impacto tiene en la vida cultural y social?
Muchas actividades culturales están teniendo una merma increíble de público porque la gente siente miedo a salir de noche. Yo no salgo a nada después de las 6 o 7 de la tarde. Eso va creando una nueva Cuba, una Cuba de gente mirando para los lados.
Se está fraguando una Cuba paranoica…
Es posible. Mucha gente va con cuatro ojos por la calle. En estado de alerta. Yo siempre viví en casas de portales abiertos, de puertas abiertas, de jardines donde un niño al que se le cayó una pelota saltaba el muro o la verja y se llevaba la pelota y no pasaba nada.
No podemos seguir pretendiendo vivir en ese paisaje idílico. Todas las noches tengo temor de que alguien salte el muro y no es que me robe, ahora es que me mate. Al trabajar tanto los temas de homicidio y violencia en hombres, soy consciente de que la persona que hoy te entra a tu casa, entra también con dos opciones: robar y matar. Lo segundo, si es descubierto.

Y, por otra parte, tienes que salir a la calle, respirar la calle… De lo contrario, estás acabado.
Por supuesto. Mira, no voy a padecer el síndrome de Dulce María Loynaz y en mi jardín refugiarme, ante todo porque soy antropólogo y lo que yo he hecho fundamentalmente en mi vida profesional es ser un humano que sale a la calle, observa y habla sobre eso.
Puedo ser antropólogo, historiador, ser máster, doctor, tener todas esas titulaciones, pero más que todo tengo la curiosidad de un hombre que ha vivido entre dos siglos y ha visto un cambio abrupto.
¿Percibes que esta crisis de seguridad está también afectando los valores idiosincráticos, las costumbres hospitalarias tan caras al cubano?
Creo que hoy en día somos personas más desconfiadas. Esa cosa de la espontaneidad cubana se está perdiendo; la proverbial hospitalidad hacia el extraño, hacia el turista, hacia el otro. Por ejemplo, ya la gente no brinda café. No es egoísmo. Es que no hay café. Así de simple.
Ahora bien, ¿estamos ante las primeras señales de crimen organizado?
Sí, ya hay bandas que tienen nombre, que salieron de nuestras prisiones, que se comunican por WhatsApp y actúan coordinadamente. Eso es crimen organizado. No sé hasta dónde va a llegar, pero los indicadores están ahí. En las épocas de crisis siempre crecen. Casi a punto de derrocar a Machado, en el 33, creció mucho la delincuencia.

¿Existen estadísticas confiables sobre la inseguridad ciudadana? Las que he visto pertenecen a una organización del exilio, Cuba Siglo XXI. Se dice, por ejemplo, que en 2025 se produjeron 1536 robos, lo que supone un aumento de 74,55 % respecto a 2024 y un salto de 479,62 % en comparación con 2023. En el anuario de la Onei no encontré nada al respecto, de modo que es imposible contrastar fuentes.
Regularmente, casi no he tenido acceso a estadísticas de ese tipo, pero los investigadores buscamos información en fuentes disgregadas en anuarios de instituciones y expedientes médicos. Por ejemplo, los suicidios aparecen con otro nombre. Se les clasifica como “problemas de salud mental”.
Ahora mismo acabamos un libro sobre envejecimiento. Cuidar de la salud es cosa de hombres. Está hecho en coautoría con el Dr. Antonio Belaúnde y se presentará el 19 de noviembre, Día Internacional del Hombre. El libro sobre el suicidio se llamará Hombres en riesgo y estará listo para el 2027. He estado trabajando con médicos que me han ayudado a leer las estadísticas de los anuarios del sistema de salud.
Si tú quieres realmente investigar, no puedes empezar por decir que no hay información. Tienes que ver cómo buscarla; es laborioso, pero en la mayoría de los casos la vas a encontrar. También muchas personas me contactan enviándome información, alguna más fidedigna que otra.
Estás obligado a sumergirte en estadísticas no integradas y dispersas…
Hay que saber leer las cifras e indagar sectorialmente. Te pongo un ejemplo: hace dos meses, en Santiago de Cuba, un profesor de una escuela especial posiblemente mató a 18 personas. Eso está documentado, pero no aparece en la prensa oficial, ni tampoco en reportes institucionales públicos.
¿Un asesino serial?
¿Tienes otro nombre para clasificarlo? Estoy hablando del profesor holguinero José Luis Fernández, que asesinó, decapitó y comió parte de un colega en su propia casa en Santiago y que tenía una afición especial por los libros de Agatha Christie y de crímenes.

Paralelismos históricos
Desde su cuenta en Facebook, González Pagés ha establecido un paralelismo entre la crisis actual y la reconcentración de finales del siglo XIX ordenada por el gobernador colonial Valeriano Weyler (medida precursora de los campos nazis de exterminio) para cortar las líneas de suministro de los campesinos y pobladores rurales a las fuerzas independentistas.
Entre los puntos de contacto con el presente están la basura acumulada, las enfermedades y los déficits higiénicos. “Yo casi muero el otro día de una diarrea… No puedo controlar las moscas porque hay un basurero en la esquina”, ejemplifica, subrayando que en aquella época “murieron tantas personas por la falta de higiene, por no tener agua”.
Las cifras son estremecedoras: “La bajita habla de 160 mil personas muertas, pero la más alta casi habla de un millón… sobre una población de tres millones. ¡Tal vez pereció un tercio de la población! Nadie habla de eso.”
Para él, la indiferencia de quienes tienen poder o privilegios agrava la situación: “Si a mí no me afecta, no sucede. Conozco muchos decisores que me dicen: ‘Cámbiame el tema… ¿Por qué no sigues hablando del feminismo? Un tema tan bonito’.”
Pagés también apunta al éxodo masivo como respuesta social a la crisis irresuelta: “Si a ti te va muy mal, vete del país. Esa es la solución de millones.” Describe una emigración diferenciada, desde quienes acceden a la Ley de nietos en España hasta los que venden su casa para huir por rutas alternativas, no siempre seguras, hacia Brasil, Surinam o Guyana.
Advierte, a su vez, sobre un devastador impacto demográfico: “Cuba para el año 2100 va a tener una población de 5 millones y medio, un retroceso poblacional de 150 años, no por control de natalidad, sino por una emigración brutal y la pérdida de su fuerza profesional activa.”
La precariedad cotidiana se convierte en símbolo de desigualdad y frustración: “Tener agua y electricidad en Cuba es un privilegio, cuando debería ser lo básico.”
González Pagés subraya que quienes no están vinculados al empresariado o al poder deben sobrevivir desde su economía, y eso significa, en muchos casos, depender de la familia en el extranjero para acceder a lo elemental. “Me da dolor que la gente tenga que comportarse como limosneros con su familia para gestionar lo básico: agua, electricidad, gas, comida.”

¿Qué responsabilidad tiene Estados Unidos en toda esta tragedia nacional?
Realmente creo que esas posiciones enfrentadas —la del gobierno cubano y la de Estados Unidos— nos han llevado a un momento de policrisis en Cuba, en el sentido más amplio de la palabra. Y hay una frase que siempre me gusta repetir: “No hay santos inocentes”. Nadie queda libre de responsabilidad en esta crisis.
Al final, los principales afectados somos nosotros, la población común y mortal de Cuba; los que vivimos el día a día. Una parte de esta situación se ha agravado dramáticamente con el cerco petrolero de Trump, pero no podemos olvidar que la crisis viene de larga data: malas gestiones económicas, decisiones erradas y tensiones acumuladas que nos han traído hasta aquí.
Por eso pienso que estamos en un momento muy complicado, donde cualquier discurso político pierde validez si no se centra en lo esencial: salvar a la población. Porque tú puedes rescatar la economía, levantar edificios, defender ideologías… pero lo más importante, lo que realmente define a una nación, son los seres humanos que la habitan. Y ese valor, el de la vida cotidiana de la gente, es el que no se puede perder de vista.
Violencia de género en un país con “machismo-leninismo”
¿Qué está sucediendo con la violencia de género en Cuba hoy? Estadísticas no institucionales indican que en lo que va de año más de una treintena de mujeres han muerto a manos de sus parejas o exparejas, una tasa que crece año tras año…
Estamos en una Cuba resentida, una Cuba más violenta, donde cada día mueren más mujeres por violencia de género y cada día a la gente le empieza a interesar menos. Mira, la violencia machista siempre existió, pero ahora se visibiliza y se tipifica. Lo más importante es denunciar que una persona se arrogó el derecho de matar a otra. Antes y todavía hoy les llaman “crímenes pasionales”, pero muchos tipificarían como feminicidios.
Más de 16 mil mujeres y niñas “viven en situación de violencia” en Cuba, según la FMC
¿Por qué Cuba tardó en reconocer estos fenómenos?
Llegamos tarde a estas temáticas porque por mucho tiempo se politizó. Se vio como que el país no podía tener este tipo de crimen porque era una pérdida de confiabilidad sobre el sistema y la moral revolucionaria y el debate quedó atrapado entre dos polos ideológicos, mientras las víctimas seguían muriendo.
¿Cuál es el papel de los hombres en este debate?
Obviamente, no es un tema solo de mujeres. Los hombres también debemos tomar parte, porque las que mueren son nuestras hijas, nuestras hermanas, nuestras vecinas. Y lamentablemente, muchos toman el machismo como una suerte de broma social. Conocí a un hombre bonachón, que me decía que él era machista-leninista, pero el machismo mata, el machismo agrede, el machismo al final no es algo positivo ni simpático.
¿Existen protocolos y refugios para mujeres en Cuba?
En la mayoría de los casos, una mujer que es agredida por su pareja sigue viviendo en casa de su agresor en un país con un déficit habitacional cercano al millón de viviendas y donde no hay casas de acogida. No hay refugios para mujeres en Cuba. Por otra parte, las instituciones son frágiles y muchas veces las víctimas deben cambiar de identidad o mudarse de sitio, como sucede en otros países, y aquí no.
¿Cómo conecta el machismo con otros prejuicios sociales?
Hay avances en temas como la racialidad o la comunidad LGTBIQ+, pero el machismo atraviesa todas las orientaciones sexuales y sigue siendo una estructura difícil de desmontar. El patriarcado y el machismo transversalizan todas las disidencias sexuales… no hay equidad, para nada. Puedes ser gay y ser muy machista.
¿Qué diferencia hay entre la ley y la vida cotidiana?
La igualdad ante la ley no es la igualdad ante la vida. Aunque Cuba tiene un aparato normativo avanzado, por ejemplo en su Código de las Familias, la realidad muestra que las mujeres siguen desprotegidas y que las instituciones no pocas veces frenan iniciativas de cambio que se originan en la sociedad civil.

Trabajar para el inglés
El autor de Macho, Varón, Masculino (Editorial de la Mujer, 2010) y fundador en 2007 de la Red Iberoamericana de Masculinidades, que lo convirtió en pionero en articular un espacio transnacional de reflexión y acción sobre género y masculinidades, habla desde la experiencia personal y el desencanto colectivo.
“Me ha tocado despedir a casi todos mis amigos… El 80 % de los estudiantes que formé para crear esa red en Cuba se fue del país.”
Su voz se mueve entre la nostalgia y la denuncia, consciente de que su sueño era que Cuba liderara el debate sobre género y masculinidades, como lo hizo entre 2006 y 2016, pero hoy esa pretensión se ha perdido.
“He trabajado para el inglés, para el bienestar global… Pero mi sueño era que este país liderara esta temática. Ya no,” lamenta, mientras acaricia la suave pelambre de su perro de nombre ambivalente: Carburo Daniel.

Zona franca
¿Ron o cerveza?
Cerveza.
Hipocresía.
Muchas personas que conozco que son cosacos vienen y me dicen: “Oye, qué malo está esto”, y me dan ganas de decirles: “Pero si tú eso lo dijeras en el lugar indicado, ayudarías mucho a tu país.” Entonces, yo creo que hay mucho temor a una represión que es real y a otra que es imaginada. Es decir, hay mucha gente que se autocensura.
Es muy difícil ser un intelectual orgánico aquí en Cuba, muy difícil. Mira lo que le sucede a Padura, de quien no soy amigo, pero reconozco que está en medio de un fuego cruzado. Al final, es un tipo que siempre ha vivido en Mantilla, que ha hecho una obra internacionalmente colmada de honores, que no busca el odio y que te puede gustar o no.
El Chocó, la zona negra de Colombia.
Estuve en la selva del Chocó a fines de los 90 y, de hecho, las personas con las que estuve trabajando fueron asesinadas todas después que me fui. Quedé traumatizado. Era joven y no disponía de todos los recursos psicológicos para enfrentar eso que me devastó. Pasó el tiempo y convertí ese dolor en fuerza y decidí emplear el conocimiento que tengo sobre la violencia en ayudar a la gente. La experiencia me hizo pagar un precio en salud. Padezco de vitíligo a partir de ese proceso.
Ser cubano.
Ser cubano nos costó mucho. Mi orgullo más grande en la vida es ser cubano. Tengo un pasaporte español por mis ancestros catalanes, pero siempre me verás en las redes luchando para que vivir en Cuba no sea un acto indigno.
Planes.
El año próximo tengo como ilusión vivir una temporada en Marruecos a partir de una oferta de trabajo que tengo para estudiar las masculinidades en un país árabe. Necesito un aire. Creo que si no lo tomo, me voy a fundir totalmente, pese a tener cuestiones básicas resueltas aquí, que para la mayoría es un régimen de privilegios.
De las ciudades conocidas, más allá de tu preferida y entrañable Habana, ¿en cuál de ellas vivirías para siempre?
En Madrid.
De todas las ciudades que has conocido, ¿cuál es la que más detestas y por qué?
Thun. Está en Suiza. Aburridísima. Los comercios cierran a las ocho de la noche y yo soy mucho de la vida nocturna. Si paseas de día, no hay nadie en las calles. Es un lugar excesivamente higiénico y organizado. Eso pudiera estar bien, pero me gustan las ciudades que se descorchan. La perfección no me gusta. No me parece humana.
En materia pictórica: ¿Lam o Servando?
Servando.
¿Qué es lo que nunca harías o volverías a hacer?
Trabajar en una oficina. Lo hice por diez años.
Como historiador, ¿tienes un norte de lo que vas a encontrar o te entregas a la sorpresa?
Mi único objetivo al ser historiador es buscar el pasado para entender el presente. Muchas veces quedo sorprendido.
¿Y como historiador te arrogas el derecho de juzgar? ¿Eres un pequeño dios frente al pasado?
No, para nada. Algunos amigos y colegas han llamado “estudios peregrinos” al tipo de historia que hago. Otros han hecho cuestionamientos de género. ¿Por qué un historiador hombre hace estudios sobre mujeres?, preguntan.
¿Qué te provocan estas dos mujeres? ¿Simone de Beauvoir y Gertrudis Gómez de Avellaneda?
Me provocan sensaciones diferentes. La Beauvoir fue una adelantada. La puedes leer ahora mismo y sentir actualidad temática. No es una joya del pasado. Y creo que haber vivido esa relación tormentosa y machista con Sartre la hizo no idealizar el ámbito intelectual como refugio. Y yo la adoro por eso.
Por la Tula siento un intenso orgullo. Me hubiera encantado conocerla, porque desafió ya no solo su propia condición de mujer, sino su condición de isleña en una posesión colonial. “Demasiado hombre esa mujer”.
¿Le reprochas esa frase a Martí?
No. Martí ha sido construido como un dios por buena parte de la historiografía y la política de cada época, y Martí es, ante todo, un hombre de su época, que no trascendió al machismo imperante. Su propia madre, la canaria Leonor Pérez Cabrera1, tuvo muchos micromachismos. Quería que Pepe, el único varón de ocho hijos, fuera el patriarca de la familia. Y en la propia obra martiana notas su inclinación paternalista, protectora, hacia las mujeres.
Dame tres razones para despertar cada mañana.
El sol. El sol, aunque me castigue. Soy de amaneceres. El café, que no me puede faltar. Y una ilusión, sobre todo escribir y lograr una idea.

¿Escribes poesía?
La peor del mundo. Definitivamente, no soy poeta. Lo que más me acerca a la poesía son mis crónicas escritas para Facebook. Un grupo de ellas está recogido en Un habanero entre dos siglos (Ediciones Quisicuaba, 2024), escrito durante los días apocalípticos de la pandemia. Me inspiré en Eduardo Robreño. A los siete años le pedí a mi madre conocerlo en una de sus charlas en el Palacio de los Capitanes Generales. Vestía de traje, algo muy burgués para el rasero proletario de entonces. Mi madre indagó con un psicólogo si aquella afición mía era algo normal.
¿Qué escritor o escritora te ha influido más?
Ni pienses que te voy a decir Simone de Beauvoir, ni otra filósofa feminista por el estilo. Mi escritora más influyente se nombra Renée Méndez Capote. Porque todas estas escritoras, Loló de la Torriente, Renée Méndez Capote, contaron las historias de manera fascinante.
¿Qué recuerdas de tu graduación como historiador?
La presencia, todas vestidas de negro, de integrantes del Frente Cívico de Mujeres Martianas fundado en 1952. Aida Pelayo, su líder en Santiago de Cuba, a quien entrevisté y que luego me introdujo en el grupo en el que militaron Pastorita Núñez, Marta Freyde, María Catalina Cortina, Rosa Roque, Alicia de Armas, Eva Jiménez, Mercedes Rodríguez, María Teresa León, María Iglesias, Rosa Mier, Rita Longa y Naty Revuelta, entre otras. Y en vez de aplaudir al final de la defensa de la tesis, comenzaron a golpear sus bastones contra el piso y a corear mi nombre: Julio, Julio, Julio…
Qué lorquiano…
Y yo me reía, las miraba, hasta que el presidente del tribunal, el inolvidable doctor Enrique Sosa, dijo que no podía negarme la máxima nota dado que no quería “ser linchado por estas mujeres ilustres”.

¿Tu mayor éxito editorial?
La primera edición de Macho, varón, masculino. 70 mil ejemplares que se evaporaron de las librerías. El día de su presentación en el Salón Rojo del Pabellón Cuba quedó gente afuera. No cabía nadie más. En la larga cola para autografiar el libro, una niña que no alcanzó a comprarlo puso en mis manos El cochero azul, de Dora Alonso. “Pero yo no soy el autor de ese libro”, le dije y ella contestó: “¿Usted no es el que firma todos los libros?”. “Ah, claro, soy yo”, le respondí y se lo firmé.
¿Cuál es el último libro leído?
El túnel, de Mohammed Hasan Alwan, que habla de las tensiones de género y las estructuras patriarcales en Arabia Saudita. 600 páginas. Me costó mucho trabajo terminarlo, pero es magnífico.
Benedetti decía que un pesimista es un optimista bien informado. ¿Te sumas al club?
No, porque soy optimista a prueba de infortunios.
La vejez, ¿es una oportunidad o un peaje de la existencia?
Yo me la voy a gozar. Me estoy preparando para disfrutar cada momento de la vida. Y si Industriales gana el campeonato, me sumaré a la fiesta del recibimiento en la ciudad. Creo que el deporte es el gran socializador de la masculinidad.
¿Algún alter ego?
No, pero si tuviera que escoger alguno, sería el director turco-alemán Fatih Akin. Trabajamos juntos para la película El padre (The Cut, 2014), de la que fui asesor histórico, y vivió una semana en mi apartamento del Vedado. Un tipo fantástico y ocurrente.
¿Cuál es tu peor versión?
Cuando pierdo los estribos.
Cerremos. Una palabra que signifique Cuba para ti.
Amor. Cuba es el gran amor de mi vida.
Nota:
1 Leonor Pérez Cabrera (1828-1907) es la tía bisabuela de Julio César González Pagés, quien es sobrino bisnieto de la madre de José Martí. Los detalles de esta genealogía, que el historiador no acostumbra a relatar por pudor, se encuentran explicados en el libro Un habanero entre dos siglos, de próxima aparición pública.












