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Las entradas se agotaron en un par de horas. Nada raro, en realidad, si se conoce al Dúo Karma: los cubanos Xóchitl Galán y Fito Hernández llevan más de un cuarto de siglo escribiendo canciones que bailan lo mismo los pequeños, los padres y los abuelos, y en sus recitales es común cruzarse con grupos de amigos que no llevan a ningún niño. Lo que sí fue raro —una primera vez, de hecho— es el motivo que hizo que se agotaran las entradas: la presentación de parte de su repertorio en versión sinfónica, junto a la Orquesta Nacional de Música Argentina “Juan de Dios Filiberto”.
Fueron dos funciones, hace una semana, en el auditorio nacional del edificio que fue Centro Cultural Kirchner y hoy se llama Palacio Libertad Domingo F. Sarmiento. Fueron casi dos mil espectadores por función, un antes y un después en la carrera del dúo.
Bajo la batuta del director principal e invitado Ezequiel Silberstein y con arreglos de Pablo Motta, el universo poético y lúdico del Dúo Karma se mezcló con ritmos sinfónicos, cubanos y latinoamericanos. Violines, viola, vientos, guitarras, piano, percusión. Treinta músicos en escena envolvieron a Xóchitl y Fito con sus propias canciones multiplicadas por diez.
Para conocer cómo una identidad musical nacida en lo íntimo terminó abriéndose de par en par frente a una orquesta completa, hablamos con los protagonistas de esta colaboración.

La batuta
El maestro Ezequiel Silberstein nació en la Ciudad de Buenos Aires y hoy es una de las batutas más reconocidas de su generación. Ganó por audición pública el puesto de director musical asistente de la Orquesta Filarmónica de Buenos Aires y desde entonces no dejó de sumar responsabilidades: dirige regularmente como invitado a la Orquesta Sinfónica Nacional y a las principales orquestas del interior del país, y desde 2018 conduce la Academia Orquestal del Instituto Superior de Arte del Teatro Colón (ISATC), además de dar clases de Dirección Orquestal en la Universidad Nacional de las Artes (UNA). Su nombre también aparece ligado a producciones populares. Dirigió la gira sinfónica de Ricky Martin por Argentina y Uruguay y estuvo al frente de la celebración por los setenta años de Charly García en el Teatro Colón, y compuso junto a Alan Senderowitsch la música incidental de la serie de Netflix El amor después del amor.
Sobre el origen del proyecto con el dúo Karma, Silberstein cuenta que “la idea principal surgió porque todos los años, en la orquesta, tenemos un espacio dedicado a las infancias durante las vacaciones de invierno, en el que invitamos a un solista o a un grupo del mundo de la música infantil y familiar para hacer estos cruces”. Éramos varios, recuerda, los que conocían al dúo desde hacía tiempo: “Es música que escuchan nuestros hijos, y los admiramos tanto desde lo musical como desde lo humano de su propuesta.” La idea, agrega, “fue muy bien recibida por parte de ellos, así que a partir de ahí todo fue muy fácil de encaminar”.

En medio de los conciertos llamaba la atención que el disfrute, para el director, fue también personal. “Es una música que suena mucho en mi casa desde hace años, así que conozco muy bien su repertorio”, cuenta, y se detiene en lo que más lo atrae de la escritura del dúo: “Está compuesta con una forma muy fina, muy delicada —sin desmerecer para nada a otros artistas que se dedican a la música infantil—, pero en el caso del Dúo Karma siempre veo una búsqueda que va más allá, pensada no solo para los niños, sino para toda la familia. Es una escucha casi intelectual, por los ritmos, las armonías, las melodías, los arreglos vocales.”

Ahí está, dice, la clave de su elevación artística: “A veces puede sonar como música sencilla, porque hay temas armados con solo dos acordes, pero justamente la manera en que está construida a partir de eso la vuelve algo muy elevado.” Dirigir un repertorio tan familiar, resume, “fue muy satisfactorio”.



Sobre el trabajo con Pablo Motta, contó: “Hizo unos arreglos hermosos, y la conjunción entre el dúo y la orquesta fue muy ágil desde el primer ensayo.” Pero advierte sobre un matiz que considera central en su oficio: “Siempre es bueno entender que no se trata de que la orquesta acompañe al dúo, sino de pensarlos a todos como un gran instrumento.” Las sonoridades, explica, “estuvieron unidas desde el primer momento, marcando los pasajes donde el arreglo reforzaba algo que la letra de la canción estaba diciendo. Fue un trabajo de ida y vuelta muy lindo entre todos.”
Parte de su tarea como director, detalla, consistió en traducir esos detalles a cada músico, decirles: “’Mira, en esta parte de la canción dice tal cosa, hay esta onomatopeya, apoyemos esto desde la orquesta’. Porque el que tiene la partitura general es el director, y cada músico tiene solamente la suya, así que mi trabajo no es solo marcar el compás sino también aportar mi interpretación y contarle a cada intérprete qué está ocurriendo, por qué está tocando eso y qué tiene que pasar.” Ahí entra también, agrega, la interacción con el público: “En qué momento se aplaude y en cuál no, dónde acompañar. Fue realmente algo muy lindo de construir.”

Para el director, este tipo de conciertos tiene además un valor que excede lo estrictamente musical. “Creo que estos conciertos son valiosos justamente porque acercan nuevos públicos a partir de músicas muy conocidas”, reflexiona. “No solo mi familia, sino otra gente cercana asistió a estos conciertos a pesar de que durante la temporada regular no suele venir, porque la música académica les resulta un poco más ajena. Los ritmos latinoamericanos, sobre todo los cubanos en este caso, son muy bonitos, muy bailables, muy agradables, y facilitan la escucha. Eso invita a esas audiencias a acercarse a un auditorio donde habitualmente se toca música más académica, y a empezar a conocer lo que es una orquesta sinfónica y este tipo de ámbitos a partir de sonoridades que les resultan familiares.” Y cierra con una esperanza: “Ojalá que en los niños y las niñas, sobre todo en ellos, despierte el amor por la música, y quién dice que el día de mañana no quieran estudiar un instrumento de orquesta para formar parte de una.”
Los arreglos
Pablo Motta es un destacado contrabajista, bajista, compositor, arreglista, director musical y productor argentino, formado en Estados Unidos, donde desarrolló una obra que fusiona jazz, tango y música clásica. Fue nominado a los Latin Grammy en la categoría de “Mejor Álbum de Tango” en 2022 por su disco Milonguero y nuevamente en 2025 por el álbum realizado junto al maestro José “Pepe” Colangelo.
Motta llegó al proyecto sin conocer previamente al dúo, y la experiencia lo sorprendió. “Conocí al Dúo Karma a través de este trabajo, y me sorprendió gratamente el alto nivel de su música”, cuenta. “Tiene todo: la poesía para niños, pero desde un lugar elevado; la autenticidad de los estilos; el altísimo nivel de ejecución de las voces y los instrumentos que ellos tocan; y sobre todo, la luz que irradian.”
Sobre su método de trabajo, explica que la tarea de orquestar no partió de cero: “En realidad, tal como están pensadas, esas canciones ya contienen toda la información idiomática. Lo que hice fue acceder a esos géneros musicales y a sus prácticas comunes, mirar a la fuente para saber por dónde ir. Mi experiencia tocando en grupos que hacen estas músicas fue una gran ayuda.” La elección estilística fue puntual: “Me incliné hacia la sonoridad de la charanga —esa salsa con violín y flauta—, y hacer ese puente resultó más fácil. La orquesta puede ofrecer sonoridades más envolventes: la cuerda abraza a la armonía, los vientos acentúan las melodías, y así.”

Motta aclara además que la selección del repertorio no fue decisión suya: “Eso dependió completamente del dúo. Yo solo recibí la lista de temas. Para la obertura instrumental busqué canciones que pudieran mostrar distintos aspectos interesantes de la orquesta: los vientos, las cuerdas, la percusión. La prioridad siempre es mantener la esencia de la canción. Creo que un arreglo no debe avasallarla, salvo que la idea sea reinventarla; la historia siempre tiene que estar en primer plano.”
Y al tratarse de música pensada principalmente para infancias, agrega: “Quise mantener cierta simpleza, sin subestimar al oyente. No hace falta volcar todo el conocimiento propio en cada trabajo, sino pintar de la manera que la canción y el contexto lo piden.”

El dúo
Pocas propuestas musicales han logrado construir un mundo propio con la coherencia, la sensibilidad y la imaginación del Dúo Karma. Creado en 1999 por los músicos cubanos Xóchitl Galán y Fito Hernández, el proyecto ha tejido un universo creativo donde la música convive con la literatura y el lenguaje audiovisual, siempre con una identidad profundamente arraigada en la cultura cubana. Formados en los conservatorios Alejandro García Caturla y Félix Varela de La Habana, ambos han desarrollado una obra que reúne seis discos, siete libros, más de quince videoclips y colaboraciones con destacados artistas de Iberoamérica.
Su recorrido por escenarios de América Latina y España, junto con reconocimientos como los premios Gardel, Cubadisco y Lucas, entre otros, da cuenta de una trayectoria de excelencia que también incluye En Guarandinga por toda Cuba con la trovadora Rita del Prado, álbum distinguido en 2010 con el Gran Premio Cubadisco. A lo largo de más de veinticinco años han compartido escenario con figuras como Silvio Rodríguez, Marta Gómez, Víctor Víctor, Liliana Herrero, Luis Pescetti y Canticuénticos, consolidándose como una de las propuestas más originales y sólidas de la escena musical iberoamericana para toda la familia.


Sobre este nuevo hito en su carrera cuentan que todo empezó en abril, cuando Silberstein los contactó con la propuesta. “Tenía la idea de armar conciertos con la orquesta a partir de nuestro repertorio, pensados para las vacaciones de invierno”, recuerdan. “La emoción que nos dio fue enorme, no podíamos creerlo: sentíamos que era un sueño increíble. Aun así, en ese momento no dimensionamos lo que iba a significar realmente estar metidos en ese entramado que fue armar los arreglos, escucharlos, acostumbrarnos a cantar con la orquesta.”
Todo, cuenta Xóchitl, ocurrió bastante rápido pese a tener muchos capítulos. “Entre que se pusieron de acuerdo todas las partes, hicimos un par de reuniones virtuales para empezar a tramar todo, entre otras cosas, elegir quién haría los arreglos. Ellos nos sugirieron a Pablo Motta y nos pareció una idea buenísima; la verdad que coincidir y trabajar tanto con Ezequiel como con Pablo fue una maravilla.”

Los arreglos, precisa, “se hicieron en aproximadamente un mes, en mayo. Fito estuvo en varias reuniones en casa de Pablo mientras trabajaba, para ajustar bien las cuestiones de los géneros y las rítmicas, partiendo un poco de los arreglos que ya existían en nuestros discos. A partir de ahí, Pablo creó y multiplicó ese universo de las canciones, algo muy interesante porque suceden muchas cosas nuevas con los arreglos orquestales respecto de la canción original; es un descubrimiento maravilloso.”
El proceso de orquestación, explica Fito, admite miles de variantes posibles, pero algo en el trabajo de Motta les resultó particularmente certero. “En esa multiplicidad de posibilidades que ofrece orquestar una canción, con todos los instrumentos y todos esos planos sonoros, pueden salir miles de variantes. Sin embargo, creemos que Pablo encontró esa orquestación que ya vive dentro de la canción. Lo hablamos con él después de los conciertos, le preguntamos cómo hizo para ir tan directo al punto neurálgico, porque ahí a nosotros se nos desborda una emoción que tiene mucho que ver con el origen de la canción: de dónde nacen, de qué imágenes, qué sensación nos llevó a componerlas.”
Muchas de las canciones elegidas, agregan, “pueden pensarse como solamente lúdicas, y hay mucho de lúdico en nuestra obra, pero también hay otra profundidad, algo que quizás no se ve tanto y que con la orquesta sí aparece”.
Esa expansión de la canción, dice Xóchitl, fue “maravillosa”. “Lo primero que se me ocurre al pensar en la orquesta es como una expansión galáctica: como estar flotando en un universo lleno de astros, de puntos, donde cada uno es un plano sonoro que nos va llevando a vivir distintas emociones. Es hermoso vivir la música en esa expansión, y vivir canciones que nacieron en la intimidad —hasta podemos pensarlo sentados en un sofá, una guitarra, dos voces— y que después se convierten en ese universo enorme.” El gran artífice de eso, sostiene, fue Pablo, “y Ezequiel, que comanda la orquesta con una precisión increíble; para lograr la musicalidad que se vivió en los conciertos hace falta un capitán de nave como él, que estuvo magistral”.




La recepción del director también quedó grabada en su memoria. “Fue hermoso lo que hizo Ezequiel, y a nosotros nos recibió con una generosidad increíble, nos dio el espacio, nos sentíamos como en casa. Eso no es simple, porque estamos acostumbrados a cantar en formato dúo, y aunque ya habíamos hecho música y arreglos con otros músicos para nuestros discos, el trabajo con la orquesta es una experiencia única en nuestra carrera. Quedamos muy entusiasmados con esta oportunidad y con ganas de seguir desandando estos caminos de la orquestación, de los arreglos, de la canción expandida de esta forma.”
Sobre el carácter lúdico de su obra, coinciden en que la orquesta puede llevarlo a otra escala. “La orquesta puede apoyar eso y hacerlo crecer de una manera increíble”, confiesa Fito. “Me pasa —agrega Xóchitl— con un tema como ‘Del camino lo que vi’, uno de los más conocidos, que a dúo ya trabajamos bastante desde lo lúdico sonoro. Con la orquesta, en cambio, se vuelve una nave espacial que hace todos los sonidos y apoya eso de una manera hermosa y a la vez simpática; creo que ahí lo lúdico se eleva muchísimo. Y sonoramente, en general, tuvimos sorpresas muy gratas durante todo el proceso.”
Hay una anécdota que atesoran especialmente y que tiene que ver con la obertura del concierto. “En ‘Dubertura Karma’ conviven varios temas del dúo reversionados como una obra instrumental —’Fotos de viaje’, ‘La Empanzada’, ‘Anís, vainilla, hinojo y castañas’, ‘Arriba y abajo’, ‘Troquele troque’—, temas de distintos géneros y rítmicas. Cuando llega el momento de ‘Fotos de viaje’ en esa obertura, a nosotros se nos desborda la emoción de una manera muy particular, porque esa canción, aunque es lúdica, tiene un origen muy ligado a cuando llegamos a la Argentina: pertenece a Vámonos de viaje, nuestro primer disco hecho acá, en pleno viaje, y habla de hacer fotos para contarle a la gente de la propia tierra lo que uno está viviendo, esa emoción compartida.” La canción, explican, tiene un fondo agridulce: “Aunque la propuesta es alegre, tiene un punto muy nostálgico, el de quien emigra: por un lado, la felicidad de todo lo que va conociendo y, por otro, esa ‘saudade’ de no tener cerca a quien quieres contarle eso, familia o amigos del otro lado.” Lo que hizo Pablo con esa canción, dicen, los tomó por sorpresa: “No sé bien qué magia hizo, pero elevó muchísimo ese punto de inspiración con las líneas y secuencias instrumentales que armó. La primera vez que la escuchamos con los instrumentos, en el ensayo, a los dos se nos escaparon lágrimas en varios momentos; fue un momento muy particular.”
Algo similar ocurrió con “Transparente”, una canción dedicada a la fase de los bebés y a los padres primerizos. “Nos exigió no solo ensayos técnicos, sino también ‘ensayos emocionales'”, cuentan. “Ahí se nos conectó algo muy fuerte con nuestra propia historia de maternidad: es una canción que hicimos muchos años antes de que naciera nuestra hija, pero por alguna razón la evocó de una manera muy fuerte, como si la hubiéramos escrito con una máquina del tiempo.” En el arreglo, agregan, “Pablo logra un lirismo que tiene mucho que ver con el mismo color y la misma emoción con que nació la canción; es una de esas abstracciones hermosas y valiosas que tiene el lenguaje musical”.

La orquesta
La orquesta que los recibió no es una desconocida en este tipo de colaboraciones. Fundada en 1931 por el compositor Juan de Dios Filiberto, la Orquesta Nacional de Música Argentina es el organismo artístico del Estado Nacional dedicado a la difusión, preservación y desarrollo de la música argentina y latinoamericana, tanto de raíz popular como académica. Ese doble interés es justamente lo que hizo posible un concierto como este: su misión es promover el patrimonio musical argentino, impulsar nuevas creaciones y acercar la música nacional a públicos de todo el país, algo que sostiene con giras nacionales e internacionales y presentaciones regulares en los principales escenarios del país. El Dúo Karma, con su repertorio popular y familiar, encajó ahí sin fricciones.
Ya en la puesta, sobre el escenario, la sensación fue de una felicidad poco habitual. “No recuerdo la última vez que sentí tanta felicidad y tanto agradecimiento por esta profesión”, dice Xóchitl. Lo dicen bien las sonrisas: cuando reviso las fotos y los videos, en todos estamos radiantes, lo disfrutamos de principio a fin.” La imagen que eligen para describir esa experiencia es, otra vez, espacial: “Es como si la Filiberto fuera una nave intergaláctica, Ezequiel el comandante de esa nave y nosotros simples tripulantes disfrutando de ser parte de esa maquinaria que viaja con una precisión y un sostén muy potentes.”

El mayor desafío, reconocen, fue de otro orden: “Acostumbrarnos a la dirección de Ezequiel, a la sonoridad de la orquesta, a que la emoción de esa puesta no nos desbordara, y también a modificar un poco esa libertad que tenemos cuando estamos a dúo para llevarla a la orquesta sin perder la calidez de lo más coloquial que tenemos con el público, los juegos con la audiencia.” Y aseguran que lo lograron: “Pudimos hacer casi todos los juegos con esa misma soltura, respetando a la vez los arreglos y los tiempos que proponía el director, siempre muy bien pensados.”
La sensación que les queda, concluyen, “es muy bella, y también la necesidad de seguir ahondando en ese territorio, de seguir pensando y repensando la canción con todos esos matices que viven ocultos ahí y que, con la posibilidad orquestal, empiezan a salir a la luz”.
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Programa del concierto:
Duobertura Karma
Firmamento
Qué linda es
Camaleón
Danza
De biajacas y Majaguas
Transparente
Polimita y Chivo
El equipaje
Abre la ventana
Del camino lo que vi
La luna
Mambo congrí
Bises
La ñáñara
Abre la ventana













