Marco Rubio ha vuelto a hablar de Cuba y a confirmar que Washington seguirá intentando forzar un cambio en la isla favorable a sus intereses. Sin embargo, también dejó claro que, a su juicio, ese cambio no será “de la noche a la mañana”.
En una entrevista difundida esta semana, el secretario de Estado afirmó que Cuba estará en una “senda irreversible” hacia un futuro diferente antes de que concluya el actual mandato de Donald Trump, al tiempo que aseguró que la situación de la isla resulta una prioridad para su Gobierno.
“Estoy seguro de que, para cuando termine esta Administración —antes de que concluya este mandato—, Cuba estará en una senda irreversible hacia un futuro muy distinto”, sostuvo Rubio en declaraciones emitidas en The Katie Miller Podcast.
El jefe de la diplomacia estadounidense fue entrevistado junto a su esposa, Jeanette Rubio, en un programa que abordó distintos aspectos de su vida personal y de su labor como secretario de Estado, aunque las referencias a Cuba tuvieron protagonismo entre los asuntos políticos tratados.
En tal sentido, Rubio no ofreció un calendario concreto para el eventual cambio que la Administración Trump persigue en la isla ni explicó cuáles serían sus características, pero sí advirtió que una transformación de la realidad cubana no sería un proceso expedito ni inmediato.
“No puedes tener algo 70 años en el mismo lugar, con raíces crecidas, y pensar que de la noche a la mañana vas a poder arrancarlo todo y plantar algo completamente nuevo”, afirmó. A su juicio, para llegar a ese escenario tendría que producirse una transición.
Una transición como la de Europa del Este
Rubio recurrió a la experiencia de Europa del Este después de la caída del Muro de Berlín para explicar su idea de una transición política en Cuba.
“Vimos que llevó entre tres y cinco años que los países de Europa del Este llegaran a ser lo que conocemos hoy”, señaló, y mencionó particularmente a Polonia como “probablemente el mejor ejemplo”.
El secretario de Estado no afirmó que el país caribeño vaya a experimentar una duración similar, sino que utilizó esa experiencia histórica para ilustrar que la sustitución de un sistema político establecido durante décadas requiere un proceso y no puede hacerse de manera inmediata.
“Creo que Cuba recorrerá ese camino, y avanzará bastante en él”, añadió.
En ese sentido, insistió en que la isla ocupa un lugar prioritario dentro de la política de la actual Administración estadounidense, aunque matizó que “nunca se puede garantizar nada”.
“Pero sin duda es una prioridad para nosotros, porque es interés nacional nuestro”, dijo.
Una Cuba “segura, estable y alineada” con EE.UU.
En la entrevista en The Katie Miller Podcast, Rubio también explicó qué entiende Washington como un resultado favorable para sus intereses en la isla, una aproximación en la que —dijo— pesan menos sus raíces cubanas que su papel gubernamental.
“Me importa Cuba; obviamente, tengo un vínculo personal con el país. Pero no trabajo para Cuba. Trabajo para Estados Unidos”, afirmó el secretario de Estado, hijo de inmigrantes cubanos.
“A nuestro país le interesa contar con una Cuba segura, estable y alineada con Estados Unidos”, añadió. “Es lo mismo que siento respecto a Venezuela”.
Su declaración, alineada con otras afirmaciones previas —suyas y de otros políticos estadounidenses—, inlcuido Trump— confirma uno de los objetivos declarados de Washington con respecto a Cuba, al vincular la trasnformación en la isla con los intereses nacionales de EE.UU.
Además, la comparación con Venezuela —país en el que la Administración Trump forzó un cambio de Gobierno con la captura de Nicolás Maduro, pero manteniendo al resto del liderazgo chavista— da nuevamente pistas de la ruta trazada por el Gobierno republicano, más allá de amenazas militares e insinuaciones al calor del escenario electoral.
Presión sostenida sobre La Habana
Las nuevas declaraciones del secretario de Estado llegan en momentos en que la Administración Trump mantiene una política de fuerte presión sobre el Gobierno cubano y ha endurecido durante los últimos meses las medidas contra la isla, con un cerco petrolero y varias rondas de sanciones.
En declaraciones anteriores, Rubio ha acusado a La Habana de intentar ganar tiempo mediante reformas que, según su criterio, no suponen una transformación real del sistema y de buscar mecanismos en su opinión ilegales para evadir las sanciones estadounidenses.
También, de alinearse con potencias rivales, como Rusia y China, y servirle de base para operaciones de espionaje, así como de estar detrás de los movimientos y protestas “radicales” en los propios EE.UU.
Tales acusaciones, por su parte, son consideradas por La Habana como pretextos para reforzar la presión y justificar nuevas sanciones e, incluso, una posible intervención militar.
En una reciente entrevista con Axios, el secretario de Estado sostuvo que el Gobierno cubano no debería esperar que Washington abandone su estrategia de presión y afirmó que esta se mantendrá durante el resto del mandato de Trump.
El secretario de Estado no ha precisado cómo se produciría la transición en la isla ni qué circunstancias concretas permitirían considerar que Cuba habría entrado en la “senda irreversible” del cambio buscado por EE.UU. Lo más claro por ahora parece ser que las líneas temporales trazadas desde Washington sitúan ese “comienzo” en algún momento antes de 2029.













