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Delvys Fernández no llegó a la actuación siguiendo un sueño trazado desde la infancia. Su camino hacia esta profesión fue, más bien, el resultado de una búsqueda marcada por la curiosidad, el deseo de explorar otros mundos y la necesidad de no sentirse atrapado en una sola forma de hacer las cosas. Antes de descubrir que la actuación sería su camino, imaginó otros destinos, entre ellos la espeleología y el circo. Con los años comprendió que había encontrado, precisamente en el oficio de actor, la posibilidad de ser muchos sin dejar de ser él mismo.
Crear personajes es, para Delvys, una de las mayores recompensas de su profesión. Cada uno le permite ponerse en la piel de alguien diferente, explorar otras personalidades, transitar por conflictos ajenos y descubrir, también, nuevas zonas de sí mismo. Quizás por eso no concibe la actuación como una carrera hacia el éxito, sino como un ejercicio permanente de búsqueda, entrega y disfrute.
Su trayectoria en el teatro y, especialmente, en la televisión le ha permitido acercarse a públicos diversos. En la pequeña pantalla ha dejado su huella en telenovelas como Bajo el mismo sol, Más allá del límite, Vuelve a mirar, El derecho de soñar y Regreso al corazón, además de las series Lucha contra bandidos (LCB) y Promesas. Sin embargo, el actor reconoce en el teatro la magia de compartir con el espectador, en tiempo real, cada palabra, cada silencio y cada emoción.

Con una carrera que continúa sumando desafíos, el actor villaclareño mantiene intacta su disposición a probar nuevos caminos. Ha incursionado en la conducción, se ha acercado al humor y continúa esperando la oportunidad de entrar de lleno en el cine, una asignatura pendiente que, aunque desea, no le quita el sueño. Su prioridad sigue siendo vivir los personajes, sentirlos, disfrutarlos y sufrirlos hasta conseguir que parezcan seres de carne y hueso.
En Mujeres de café, su próximo encuentro con la audiencia, vuelve a ponerse en la piel de un villano, Fernando, un personaje que además le permitió reconectar con sus raíces familiares en el Escambray y con los recuerdos de un pasado ligado a los cafetales. Una nueva historia, otro desafío y una nueva oportunidad para demostrar esa capacidad que lo ha distinguido durante años: hacer de cada personaje un mundo propio.
¿Qué te da la interpretación que no encuentras en otro ámbito?
Amo crear personajes; es una de las cosas que siempre me ha gustado. Nunca soñé la actuación como una profesión. Desde pequeño fui un niño al que le gustaba todo lo que había a su alrededor. Siempre me apasionaron las profesiones diferentes. Soy de esas personas que no podría estar encerrado haciendo lo mismo todos los días, porque siento que me aprisiona.
Después de querer incursionar en ámbitos como la espeleología y el circo, descubrí con los años que había escogido la carrera perfecta, que era la actuación. A través de ella he podido interpretar muchos personajes, y esa es una de las cosas que más me apasionan. Le debo a esta profesión la posibilidad de vestirme de alguien diferente.

La mayoría de los actores destacan el teatro por encima de la televisión y el cine. ¿Por qué les resulta más atractivo?
Creo que el teatro tiene la magia de tener al público junto a ti. La televisión y el cine son espacios donde vas a crear una obra, un personaje, vas a estudiarlo, pero ves el resultado después, con el tiempo.
En el teatro, el actor vive junto al público cada texto, cada palabra. Está esa sensación, ese rompimiento de la “cuarta pared”, donde, increíblemente, el actor está escuchando el silencio del espectador. Es un silencio, pero realmente esa energía se siente.
Destacamos este medio por esa comunicación y ese vínculo que se crea con el público, que es realmente algo mágico. Puedes pensar que estás haciendo un trabajo maravilloso y sentir que la gente no lo está recibiendo así. Cuando haces teatro, lo vas viviendo junto con el proceso creativo.
No es que en el cine y la televisión esto no se logre. Cuando el trabajo se transmite en la pequeña pantalla o se proyecta en la pantalla grande, uno empieza a recibir, con el tiempo, ese cariño del público, o no.

Te acercaste a la pequeña pantalla en el Canal Educativo a través de la conducción. ¿Si te llamaran para presentar un espacio en la televisión, lo pensarías?
Como joven, al fin, fui atrevido a la hora de dedicarme a la conducción en el Canal Educativo. Hice algo que no había estudiado y me atreví a hacerlo. Hoy lo pensaría muchísimo, porque con los años entiendes que es una profesión difícil y que comunicar es difícil. Hay que lograr ese vínculo con el entrevistado, con el televidente y, digamos, con el destino final al que está dirigido ese programa.
Es una profesión que admiro. En Cuba tenemos grandes locutores, presentadores y animadores, a los cuales respeto mucho y les doy mi apoyo incondicional. Es una profesión que requiere estilo, trabajo y estudio.
Reconozco que haber trabajado en el Canal Educativo con Eduardo de la Torre fue, para mí, una escuela y una experiencia hermosa. A pesar de que teníamos textos complicados, siempre nos exigió que improvisáramos y que sintiéramos que no era un texto lineal lo que estábamos diciendo, sino que le diéramos vida a todo ese mundo mágico que es la conducción.
No sé si me atrevería a volver a incursionar en la conducción en la actualidad. Dependería del director que me llamara.

¿Sin la televisión tu carrera se habría desarrollado de forma más lenta?
La televisión es un medio masivo que tiene mucho más alcance, tanto como el cine. Hay que reconocer que el espacio de la telenovela tiene una magia que entra todas las noches a los hogares de Cuba, incluso más allá. Los medios audiovisuales te permiten llegar a más personas a corto plazo.
Pudiera decir que mi carrera, en sentido general, la he hecho en la televisión, dado que, después de que comencé en la pequeña pantalla, no he podido dedicarle todo el tiempo que se merece al teatro.
Te ha tocado defender a varios personajes negativos. ¿Interpretar a villanos es más atractivo que encarnar personajes positivos?
Con los ojos cerrados me atrevo a decir que sí. Creo que, para todo actor, interpretar un personaje negativo siempre va a ser mucho más interesante, porque tiene ese mundo que llenar y esa personalidad que crear. A pesar de que el escritor tenga concebida una idea y ya esté creada la trama por donde va a transitar el personaje, con sus conflictos y sus interacciones con el público, los villanos nos permiten esa creación de personaje que a muchos —como a mí— nos gusta: tratar de buscarles esa parte humana.
No hay “blancos y negros” solamente en el mundo, sino también tonalidades grises, que son esa mezcla del bien y el mal.
Es lo que intento impregnarle a cada personaje negativo que interpreto. Amo hacerlo, lo disfruto mucho y trato de que se vuelvan atractivos para el público. Incluso intento lograr que, en algunos momentos, la gente tenga esa sensación de odio y de cariño.
Es una mezcla interesante, y agradezco a la vida que me haya dado esta oportunidad de enfrentarme a este tipo de personajes. Si pudiera escoger, intentaría seguir haciéndolo para poder construir ese mundo interior tan grande e interesante.

¿Se llega a aprender de los personajes? ¿Sus aciertos o sus errores pueden ser útiles en tu vida personal?
La profesión de actor me ha dado la oportunidad de conocer y vivir diferentes personalidades. Siempre se aprende de cada personaje que interpretas, ya sea negativo o positivo; siempre llega a uno, pero lo más interesante es cuando los interpretas y luego vas por la vida conociendo a personas que, de alguna manera, han conocido el tipo de personaje que interpretas.
Hace poco viví una experiencia interesante. Cuando la gente se siente identificada con tu personaje, te lo hace saber cuando te ve en la calle. Te comentan que vivieron situaciones parecidas y te cuentan sus anécdotas y experiencias de vida. Es motivador aprender, no solo como actor, sino también poder ayudar, de alguna manera, a las personas a abrir los ojos, a conocer, experimentar y saber que no hay por qué soportar que alguien agreda tu espacio personal.
En sentido general, no solo aprendo de este tipo de interpretaciones; también le permite a la gente reaccionar ante alguna situación en la que se han encontrado inertes y sin la capacidad de tomar decisiones. Para eso también sirve este tipo de creación.
¿Tener grandes aspiraciones en esta profesión te puede abrir puertas o te puede generar frustración cuando no se alcanzan los objetivos?
Mi vida se basa en un sencillo “creerlo y desearlo”. Es como yo me he enfocado. Tener grandes aspiraciones es lo que nos hace crecer. Aprendí desde pequeño que uno tiene que creer y desear lo más grande y apostar siempre por llegar a materializar su aspiración. La idea siempre va a ser luchar por una meta bien alta.
Si el camino no te permite llegar allí, no es porque no te lo propusiste, sino porque la vida no te dio la posibilidad. Eso no es una derrota; al contrario, es un avance humano. En la profesión debemos tener en cuenta siempre esto y nunca sentirnos menos porque no alcanzamos la meta que buscábamos.
Por eso siempre les recomiendo a todos los actores jóvenes que se tracen metas altas, que sueñen con lo que consideren perfecto. No lo alcanzaste, la vida no te dio esa oportunidad, pero si te trazaste una meta pequeña, te acomodaste, te diste por satisfecho y no aspiraste a más, ahí sí va a ser un problema.
Por eso considero que no existen objetivos no alcanzados: tienes toda la vida para luchar por ellos.
Próximamente te veremos en la telenovela Mujeres de café. ¿Qué te atrajo de esta producción para sumarte al proyecto?
Desde que me hablaron de Mujeres de café y me contaron dónde se desarrollaba la historia, la acepté con los ojos cerrados. Esta producción me permitió volver a conectar con ese pasado mío en el campo, entre caballos y matas de café. Mi familia por parte de padre es del Escambray; eran cafetaleros.
Me aproximé a los cuentos de mi papá, de esas anécdotas de la gente viviendo en el mundo de los cafetales y de ese pasado mío que llevo en la sangre y en cada parte de mi ser.
Interpretar a un villano dentro de esos cafetales también fue interesante. A pesar de ser un personaje negativo, no tiene nada que ver con el Mariano de Regreso al corazón. Fernando tiene otros colores e intenté mostrarle al público otro tipo de villano.

¿Hay que afrontar cualquier proceso creativo sin la expectativa del éxito?
Cuando asumes un personaje, lo que tienes que hacer es vivirlo y experimentarlo. Puede que no tenga la aceptación del público que tú esperas o, al revés, puede que lo acepten más de lo que tú esperas. Yo no voy a una producción esperando tener éxito; no es mi objetivo. Mi objetivo es vivir el personaje, crearlo, humanizarlo, hacer que la gente dude si lo quiere o lo odia, que sientan que es un ser vivo que ha pasado por cosas de la vida y por eso actúa de esa manera.
Todos los actores deberíamos enfocarnos en eso y no pensar en el éxito. El éxito es efímero; puede llegar o no. Está en dependencia de la interpretación y de la capacidad que tenga cada cual para aceptar esas cosas. No le aconsejo a ningún joven ni a ninguna persona que se acerque a la televisión o a los medios audiovisuales pensando en el éxito.
Solo que se acerquen y que vivan, sientan, disfruten y sufran en carne propia cada personaje. Si lo haces así, generalmente el éxito está asegurado, pero que no piensen en eso, porque si lo haces pensando en el éxito, tal vez puedas desenfocarte a la hora de crear.
Háblame de tu incursión en la segunda temporada de la serie Happycondriacos. ¿Ves el humor como una oportunidad?
Happycondriacos es esa cosa mágica que tiene Elena Palacios y todo el equipo lindísimo a su alrededor. Admiro a los actores que incursionan en el humor y yo disfruté mucho esa experiencia; me dio la oportunidad de jugar y de refrescar el tipo de personajes que interpreto.
Apoyé este proyecto porque realmente soy atrevido. No me veo incursionando en el humor. Mucha gente que me conoce cree que sí podría hacerlo, pero realmente le tengo temor por lo importante y grande que es y por los grandes exponentes que tenemos en nuestro país de ese humor tan nuestro, caribeño e interesante.
Muchas veces me han estimulado a coger ese camino. Lo respeto mucho. A pesar de que la gente se divierte, es una profesión extremadamente seria, dado el compromiso que tienes constantemente con el espectador.
Después de varios años en esta profesión, ¿estás en el momento en el que te llegan personajes pensados para ti?
Es inevitable que en algún punto creen personajes pensados en uno. Siempre estoy atento a esas cosas. Me gusta interpretar y agradezco a todos los directores con los que he trabajado que me llaman y me dicen que tienen un personaje que soy yo y que quieren que lo haga porque van a mí con los ojos cerrados, como se dice en buen cubano. Eso no puedo negar que lo disfruto mucho.
En sentido general, creo que llega un momento en que a todos nos sucede: que alguien piense en un personaje y, de alguna manera, nos visualice.
¿Se hizo larga la espera para hacer cine?
No he tenido buena suerte en el séptimo arte. No he tenido, tal vez, la oportunidad de tocar esa arista tan linda e interesante donde los actores viven cada personaje que interpretan.
El cine cubano tiene excelentes actores, directores y un equipo en general que se enfoca en crear esa magia de producir y de vivir la historia que se quiere contar.
Sigo a la espera de que alguien me abra la puerta al cine, pero tampoco me quita el sueño. Sigo viviendo mi vida, soñando que tal vez algún día me toque esa oportunidad. Sigo hacia adelante, que es lo que debemos hacer todos.
¿Te crea presión saber que cada vez más gente está pendiente de tu carrera?
A mí no me crea presión porque trabajo para el público y adoro crear personajes para ellos. Adoro cuando estos logran llegar a la gente. No soy de esas personas que están pendientes de cada comentario, situación o interpretación individual de los personajes. Es como en el teatro, que te presentas frente a un público y tú no sabes a quién le gustó más y a quién menos. Es normal e interesante que se cree la polémica.
Me centro en hacer los personajes, crearlos y vivirlos. Mientras tenga conciencia y los directores me lo permitan, seguiré haciéndolo, pero, sobre todo, para mi propio disfrute. De eso va la magia de actuar.
¿Tienes en cuenta el criterio del público para seguir creciendo? ¿Confías en su apoyo incondicional?
La actuación trae consigo daños colaterales, por decirlo de alguna manera, que son la popularidad y la aceptación del público. Es esa cosa mágica que se crea cuando la gente siente que tiene una conexión contigo como actor y con tus personajes.
Si mañana hiciera personajes que no tuvieran la aceptación de la audiencia o no entendieran lo que quise decir, no me frustraría ni sería un conflicto para mí. Todo lo contrario, la próxima vez intentaré hacerlo diferente.
¿Qué cosas te gustaría hacer pensando en el futuro?
En el futuro me gustaría tener cerca a mi hija. Es algo que no dejo de decir y no dejo de soñar con ello. Me gustaría vivir momentos con ella que la vida no nos ha dado la oportunidad de compartir.
En cuanto a la profesión, me gustaría hacer cine, trabajar con directores que crean en lo que quieren hacer y que estén comprometidos con lo que quieren contar.













