La ciudad de Miami alcanzó este martes el récord de la mayor temperatura en su historia, con 100 grados Fahrenheit (37,8 °C), en medio de la ola de calor que azota al sur de Estados Unidos, reporta un despacho de la agencia española EFE.
El Servicio Meteorológico Nacional (NWS) confirmó que es la segunda vez que la ciudad llega a esa cifra desde 1895, empatando el registro histórico de 1942.
La sensación térmica escaló incluso hasta los 108 grados Fahrenheit (42,2 °C).
El fenómeno ocurre en un contexto marcado por la política climática de la Administración Trump, que ha desmantelado regulaciones ambientales y debilitado la capacidad institucional para enfrentar los efectos del cambio climático.
Ola de calor sin precedentes
La temperatura promedio en Miami para esta fecha suele rondar los 91 grados Fahrenheit (32,8 °C), según la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica (NOAA).
Sin embargo, la ciudad se convirtió en epicentro de una masa de aire sofocante que afecta a Florida y a varios estados fronterizos con México, donde se han registrado temperaturas de hasta 115 °F (46 °C), refiere el despacho noticioso.
El NWS advirtió que las máximas y mínimas récord serán comunes en el sureste del país, mientras Estados Unidos experimenta un verano con temperaturas por encima del promedio. El pasado julio fue el mes más caluroso en la historia del país desde que hay registros, con una media cercana a los 25 °C.
Impacto nacional: calor, incendios y efectos en el mar
Las altas temperaturas han favorecido la propagación de incendios forestales, que ya han consumido casi tres millones de hectáreas en lo que va de año, la cifra más alta en la última década.
El fin de semana del 4 de julio, otra ola de calor dejó una treintena de fallecidos, confirmando la vulnerabilidad del país ante fenómenos extremos.
Además, las elevadas temperaturas en el mar tienen un alto impacto ecológico, en particular en la biodiversidad de los arrecifes y otros ecosistemas marinos.
Expertos señalan que el récord en Miami es un síntoma de un patrón más amplio: el aumento de olas de calor, sequías e incendios en Estados Unidos, fenómenos que se intensifican por el debilitamiento de las políticas de mitigación y adaptación climática.
Trump, negacionista, pone la agenda climática bajo asedio
Desde su regreso a la Casa Blanca en enero de 2025, Donald Trump ha subordinado la política climática a su objetivo de dominancia energética. Bajo la premisa de que el “extremismo climático” agrava la inflación y la carga regulatoria, su gobierno ha iniciado un proceso sistemático de desregulación y desfinanciación.
Entre sus primeras acciones se encuentra la revocación de 78 órdenes ejecutivas de la Administración Biden, muchas relacionadas con el cambio climático.
Además, se han eliminado restricciones a los combustibles fósiles, limitado el despliegue de las fuentes renovables y frenado la justicia ambiental.
Según el “Climate Backtracker” de la Universidad de Columbia, se han contabilizado 113 medidas que reducen legislación ambiental y climática.
Retirada del Acuerdo de París
En el plano internacional, Trump ordenó la salida de EE.UU. del Acuerdo de París por segunda vez, junto con el abandono de tratados firmados bajo la UNFCCC y la suspensión de compromisos financieros.
La Casa Blanca revocó el compromiso de transferir 4 mil millones de dólares al Fondo Verde para el Clima, lo que agrava la brecha de financiación entre países desarrollados y en desarrollo.
La ausencia de EE.UU. en las negociaciones otorga mayor protagonismo a actores como China y la Unión Europea, que han reafirmado sus agendas climáticas y su disposición a cooperar internacionalmente.
A nivel federal, la proclamación de la “emergencia energética nacional” ha acelerado proyectos de combustibles fósiles y eliminado evaluaciones de impacto ambiental. También se suprimió el cálculo del “coste social del carbono”, debilitando una herramienta clave para fundamentar regulaciones más estrictas.
La Administración Trump ha limitado la capacidad de los estados para establecer políticas climáticas, calificándolas de “ideológicas”. Iniciativas subnacionales como America Is All In y The US Climate Alliance continúan activas, pero enfrentan un entorno más hostil y con menor margen de acción.
La ciencia pierde fuerza en la toma de decisiones climáticas internacionales
Ciencia y sociedad civil en retroceso
La Agencia de Protección Ambiental (EPA) redefinió su misión para centrarse en la reducción de costes energéticos, con recortes del 65 % en su presupuesto. Se han cerrado oficinas de justicia ambiental y se ha obstaculizado la elaboración del Informe Nacional sobre el Clima.
Numerosas agencias federales han eliminado referencias al cambio climático de sus plataformas digitales, debilitando la capacidad del país para mitigar y adaptarse. La comunidad científica y la sociedad civil enfrentan presiones crecientes y un entorno judicial adverso.
Para la mayoría de los observadores, el récord de temperatura en Miami no puede desligarse del contexto político, toda vez que la desregulación climática y el impulso a los combustibles fósiles han reducido la capacidad de Estados Unidos para enfrentar fenómenos extremos.
Mientras la ciudad floridana iguala su récord histórico de calor, la política federal refuerza un modelo energético que intensifica los riesgos de escenarios radicales.













