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La última vez que no hubo un triplista cubano en el podio de los Campeonatos Europeos de atletismo todavía Donald Trump no había llegado a la Casa Blanca, Fidel Castro vivía, nadie sabía de qué iba Tik Tok, la inteligencia artificial no era omnipresente en nuestro día a día y la humanidad ni siquiera imaginaba que pasaría años en vilo detrás de las mascarillas por una pandemia global.
Para ser precisos, hay que remontarse a julio de 2016. Durante aquel verano, en el Olympisch Stadion de Ámsterdam, el alemán Max Heß (con marca de 17.20 metros), el polaco Karol Hoffmann (17.16) y el británico Julian Reid (16.76) se quedaron con las medallas en una discreta competencia de triple, la segunda con menos saltadores por encima de los 17 metros en el presente siglo.
Curiosamente, esa fue la última final del triple ganada por un atleta europeo en las lides continentales del deporte rey, pues a partir de 2018 comenzó una dinastía extranjera que todavía no se ha logrado derrocar. En este reinado de forasteros, Cuba ha tenido un rol protagónico, con seis medallas y tres títulos consecutivos al pecho de distintas generaciones de saltadores.
Sin embargo, el primer extranjero que conquistó el trono del triple masculino en los Europeos de atletismo fue el africano Nelson Évora, nacido en Costa de Marfil y representante de Cabo Verde hasta 2002, cuando adoptó la nacionalidad portuguesa. Vistiendo los colores del país luso tocó la gloria al convertirse en el cuarto deportista de la nación con un oro olímpico (Beijing 2008), además de ganar seis preseas mundiales, incluida la corona de 2007.
Évora, uno de los principales rivales de los triplistas cubanos, superó en el Europeo de 2018 al santiaguero Alexis Copello, quien llevaba poco más de un año defendiendo la bandera de Azerbaiyán en certámenes internacionales, aunque ya desde 2014 concursaba lejos del amparo del movimiento deportivo cubano.
De hecho, los Juegos Olímpicos de Londres 2012 fueron la última gran parada competitiva de Copello con el uniforme de las cuatro letras y quedó octavo en la final, pese a saltar con molestias que pudieron costarle su carrera, según relató el propio atleta en una entrevista a Play Off Magazine.
En la capital británica, un médico inglés le diagnosticó una vértebra fracturada y se asombró de que hubiera podido saltar en esas condiciones. Este tipo de lesiones son complicadas, pues pude quedarme, incluso, sin caminar. Me molesté con la Federación de Cuba y, cuando aterricé en La Habana, pedí la baja. No entendí que hicieran análisis todas las semanas y no saliera nada. Puse en riesgo mi carrera deportiva. Decepcionante”, recordó Copello.
Tras este episodio, tomó otro rumbo. España, la tierra de su esposa, fue su primer destino, y allí estableció su base de operaciones bajo la égida del entrenador Iván Pedroso. Con él pasó años compitiendo en los más diversos mítines internacionales, entre ellos el Europeo de 2018 en Berlín, donde quedó en plata con marca de 16.93.
“Inicié las sesiones con Iván y su grupo en Guadalajara, España. Tengo mucho que agradecerle. Relanzó mi carrera deportiva en cada detalle. Cuidó de mí como a un hijo, y no por ser cubano, esto lo hace con todos sus atletas. Sin Iván Pedroso no hubiese podido llegar adonde estoy hoy, así de simple”, dijo Copello en 2023.
Su plata en Berlín 2018 como escolta de Nelson Évora dio inicio a una racha de cuatro podios consecutivos de triplistas cubanos en lides continentales europeas, una seguidilla muy difícil de superar en cualquier otra modalidad, incluso ahora que el deporte está totalmente globalizado, con permanentes nacionalizaciones al más alto nivel.
Tridente de oro
Solo cuatro triplistas activos han superado la barrera de los 18 metros. De ellos, tres están unidos por el mismo hilo conductor: nacieron y se formaron en Cuba, compitieron por la isla, pero ya no visten el uniforme de las cuatro letras.
Pedro Pablo Pichardo (Portugal), Andy Díaz (Italia) y Jordan Díaz (España) son actualmente el rostro del triple a nivel mundial por marcas y palmarés. De los diez mejores registros de todos los tiempos en la especialidad, cinco han sido estampados por estos saltadores, quienes además han reinado en las dos últimas ediciones olímpicas (Tokio 2020 y París 2024), en cinco ediciones consecutivas de la Liga de Diamante (2021-2025) y en dos de los últimos tres Campeonatos Mundiales.
Por si fuera poco, su dominio se ha extendido a los europeos de atletismo. En 2022 fue Pichardo quien dominó sin grandes contratiempos, mientras en 2024 y 2026 Jordan y Andy, respectivamente, han dado continuidad al éxito cubano a golpe de grandes marcas.
Hace dos años, por ejemplo, Jordan y Pichardo regalaron un cara a cara memorable en Roma, donde por primera y única vez en la historia del triple, dos saltadores nacidos en un mismo país superaron los 18 metros en el mismo concurso.
Jordan, pletórico, llegó hasta los 18.18 metros, la tercera mejor marca de todos los tiempos, además de lograr otros dos estirones por encima de 17.80 (17.82 y 17.96) y uno de 17.56. Pichardo, muy competitivo, respondió con un 18.04 y cuatro saltos más allá de 17.50, incluido uno de 17.92.
Esta fue la antesala del espectacular duelo olímpico de París 2024, donde se les unió Andy Díaz para completar un podio eminentemente cubano, aunque ninguna de las tres preseas fue al medallero de la isla.
Precisamente, Andy ha sido el último en reclamar el trono europeo del triple. El pasado sábado, en Birmingham, dejó en shock al mundo del atletismo tras quedar a solo 14 centímetros del récord mundial con un tremendo salto de 18.15, el cuarto más largo en la historia de la disciplina, solo superado por el 18.29 del británico Jonathan Edwards en 1995, el 18.21 del estadounidense Christian Taylor en 2015 y el mencionado 18.18 de Jordan hace dos años en Roma.
“Sinceramente, vine con la idea de hacer récord del mundo en la pista de Birmingham. “Sabemos que el recordista mundial Jonathan Edwards es de aquí de Inglaterra y quería dejarle un buen regalo”, afirmó Andy, medio en broma, medio en serio, durante una entrevista con Deporcuba justo después de ganar el Europeo.
Cuba y el talento perdido
El triunfo de Andy Díaz y el impacto de su marca representan un nuevo recordatorio del poderío de los triplistas antillanos, que siguen dando la nota donde quiera que aparecen. Para la nación caribeña esto es motivo de orgullo, sobre todo en el sector de los aficionados. En cambio, para el aparato institucional debería ser más un llamado a la reflexión: ¿por qué tres exponentes del más alto calibre, formados en el sistema deportivo nacional, terminaron vistiendo los colores de otros países?
Esta es una pregunta que debería estar sobre la mesa de discusiones en todos los niveles institucionales cubanos, pues hablamos de un fenómeno cada vez más extendido por diversas disciplinas que pierden constantemente a sus mayores talentos. En lo personal, considero que no hay una única causa determinante, sino una conjunción de factores que han provocado el éxodo.
En primer lugar, no se puede negar la incidencia de la ola migratoria que ha golpeado a la isla en los últimos años por la agravada crisis socioeconómica. Tampoco deben caer en saco roto las consecuencias del creciente proceso de nacionalizaciones en el deporte, del que se benefician mayormente los países más poderosos.
Pero, igualmente, el movimiento deportivo cubano debe mirarse hacia adentro y valorar cuánto han incidido las medidas internas de sus organismos, dígase Federaciones o Comisiones Nacionales, en las decisiones de los atletas emigrados.
¿Seguiría Pedro Pablo Pichardo en Cuba si se hubiera mantenido a Jorge Pichardo, su padre, como su entrenador? Obviamente, no hay manera de dar una respuesta concluyente en este punto, pero fue un tema decisivo en su salida de la isla y después se ha confirmado que el reclamo del atleta no era descabellado, pues su padre lo ha llevado a ganar títulos olímpicos, mundiales y de la Liga de Diamante representando a Portugal.
Teddy Tamgho: “El triple salto cubano es el mejor de todos los tiempos”
Por último, es negligente obviar la motivación o los deseos de superación profesional de estos atletas. Quienes no se sienten valorados, como el caso de Alexis Copello hace más de una década, son muy propensos a tomar otro camino. Igualmente, quienes entiendan que no pueden seguir creciendo con los métodos antillanos, también consideran la opción de salir a probar suerte en otros sitios.
Justo eso ha sucedido con Jordan Díaz y Andy Díaz, que salieron de la nación caribeña siendo promesas y han evolucionado hasta convertirse en atletas de clase élite gracias, en gran medida, al trabajo de dos leyendas de los saltos como Iván Pedroso y Fabrizio Donato, quienes han sido sus respectivos entrenadores en los años más recientes.
Ya todos estos casos no son reversibles, pues ninguno de ellos volverá a vestir los colores de Cuba, aunque sigan representando a los cubanos. No obstante, sus ejemplos sí deben servir de referencia para internamente anotar todo lo que ha estado mal, todo lo que se ha podido evitar, y así tratar de no repetirlo en el futuro.













