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La configuración geográfica del planeta y las circunstancias económicas y políticas surgidas de los procesos civilizatorios determinan el creciente papel de los océanos y los mares en la existencia de la humanidad, entre otras cosas por su importancia en el movimiento de personas, principalmente entre Europa, las Américas y África, con acento en los Estados Unidos, una de las pocas potencias con costas y puertos en tres océanos.
El 71 por ciento del planeta (361 millones de km²) está constituido por agua que forma cinco océanos: Atlántico, Pacífico, Índico, Ártico y Antártico y más de 100 mares que, en conjunto, poseen el 95 por ciento del agua del planeta (1350 millones de km³) que es salobre.
El agua dulce, en realidad insípida, es llamada así para diferenciarla de la salobre. Representa menos del 3 % del agua del planeta. Se encuentra en ríos, lagos, humedales, glaciares, superficies heladas, icebergs, corrientes subterráneas y humedales. En su estado natural es ingerida por la fauna silvestre, utilizada en la agricultura y la industria, incluso es apta para el consumo humano, aunque se prefiere el agua potable, tratada en acueductos o instalaciones de filtraje y purificación.
Una excepcionalidad del agua dulce es el “agua fósil”, un agua subterránea que ha permanecido por miles o millones de años atrapada a grandes profundidades bajo tierra. El mayor yacimiento de esta agua es el de Nubia, compartido por Libia, Egipto, Sudán y Chad. Cubre unos 2,5 millones de km² del desierto de Sahara y contiene unos 150 mil km³ de agua. Obviamente, el agua fósil es un recurso no renovable.
Los océanos y mares, apenas explorados, constituyen el hábitat de 230 mil especies conocidas (según algunos cálculos pueden pasar del millón), son la mayor fuente de proteínas del mundo y directamente proporcionan alimentos para más de tres mil quinientos millones de personas.
Un misterio no revelado es cómo surgieron los océanos y de dónde salió tanta agua, la cual, obviamente, estuvo entre los elementos con que se formó el planeta. No obstante, investigaciones acreditadas por la revista Nature estiman que, en cantidades significativas, puede haber llegado a la Tierra mucho después, como resultado del choque contra ella de dos asteroides gigantescos cubiertos de hielo, evento ocurrido aproximadamente 600-700 millones de años después de la formación de la Tierra.
Lo que no se discute y es verdaderamente trascendental es que la existencia del agua fue esencial para el origen de la vida y el desarrollo de la vida inteligente. Sin agua no existiría ninguna forma de vida.
Un hecho significativo es que, por sus vastas dimensiones y su estructura líquida, los océanos y los mares son inconquistables, lo cual no impidió que, desde tiempos ancestrales, se desarrollaran en ellos intensas luchas expresadas en la actividad de piratas y corsarios, fenómeno en el cual, ya sea para perseguirlas o para fomentarla, han tomado parte los Estados.
Además de en alta mar, la piratería y el corso se ejercen alrededor de las costas y estrechos, espacios en los cuales los barcos reducen la velocidad, lo cual aumenta su exposición y vulnerabilidad ante los ataques y abordajes. La consigna de libertad de los mares, un reclamo de antaño, sobrevive y prolifera en el siglo XXI.
Los océanos y mares recuerdan gigantescos embudos que se reducen formando estrechos, canales, bahías y puertos que permiten a los buques la relación con la tierra en cumplimiento de sus funciones en el comercio mundial. Los principales estrechos son Malaca, Ormuz, Bab el-Mandeb, Gibraltar, Bósforo, Dardanelos, Bering, Magallanes, de La Florida, Dover y estrecho de Dinamarca. Los canales más importantes son el de la Mancha, el de Panamá, el de Suez y el de Bashi.
Para algunos observadores, por ser el más grande y profundo, el que contiene la mayor cantidad de agua, las fosas más profundas, alberga la más vasta biodiversidad marina y desempeña un papel crucial en el clima global, los sistemas meteorológicos y el comercio internacional, el océano Pacífico es el más importante del mundo.
Otros creen que, por esos mismos indicadores presentes también en el Atlántico, este es el más importante; sobre todo por su papel en el desarrollo civilizatorio del planeta. Por bañar las costas de Europa y América, porque en sus aguas se desplegó la Aventura Atlántica y fueron escenarios de las hazañas de los grandes exploradores, comenzando por Cristóbal Colón, promotor del encuentro de civilizaciones que dio lugar a la era moderna.
La llegada de los europeos a América, la circunnavegación de África, el descubrimiento del océano Pacífico por el istmo de Panamá y el acceso al mismo a través del estrecho de Magallanes facilitaron el surgimiento del mercado mundial de materias primas, mercancías, biodiversidad y, lamentablemente, de personas. Por el Atlántico, el Caribe y el Golfo de México, durante cuatro siglos se realizó el comercio de esclavos.
Actualmente, los mares vuelven a ser escenarios de guerras y conflictos comerciales, de la piratería y de una especie de corso protegido por ciertos estados. Se discute sobre el Canal de Panamá y asoma la polémica en torno al Estrecho de Magallanes.
Lo peor es que hay guerra en los estrechos de Ormuz y Bab el Mandeb, en el Golfo Pérsico y el Mar Rojo, y amenazas en el Caribe, el Estrecho de la Florida y el Golfo de México, entornos de Cuba frente a los cuales, recientemente, se ha amenazado con fondear un portaaviones. Ojalá los océanos y los mares vuelvan a ser vectores para el comercio y los intercambios globales y zonas de paz. Allá nos vemos.













