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Por Claudia Dupeirón
Los sacos de carbón y las hornillas artesanales están regresando en masa a las cocinas de Cuba de la mano de la acuciante crisis energética, azuzada en los últimos meses por el bloqueo petrolero de EE.UU. a la isla.
“Desde que empezó el déficit con el gas licuado y con los apagones, hemos tenido que buscar otra alternativa. Cuando no tenemos corriente, para preparar los alimentos, vengo, prendo mi carbón —que me cuesta un poco de trabajo— pero resuelve”, cuenta a EFE la habanera Miriela Durand mientras se dispone a cocinar en su garaje.

Los cubanos han empleado diversas estrategias, como almacenar el carbón para cocinar en hornillas rústicas y utilizar otras que se encienden con diésel, queroseno o incluso alcohol para preparar los alimentos cuando los apagones se prolongan durante horas y sin ningún tipo de horario.
Miriela tiene ambas opciones y considera como “de emergencia” la del diésel, un combustible que, para encontrarlo, dice, “también presenta dificultades”; pero le permite priorizar la elaboración de los alimentos de manera más rápida en “casos de apuro”.
Las huellas del uso del carbón son visibles. Las manos y la ropa se tiñen de negro con el hollín, y el humo llena todo el espacio donde se cocina; sin embargo, el carbón no es ya una opción, sino la solución mientras persista la escasez en Cuba.
Los cubanos sufren actualmente más horas al día sin corriente que con fluido eléctrico, puesto que los apagones alcanzan actualmente las 16 horas continuas en La Habana, mientras que en otros territorios los cortes superan los dos días consecutivos.
En este contexto, se han multiplicado también las ventas de carbón vegetal y braseros hechos con materiales reciclados.
Tanto en comunidades de venta en redes sociales como en puntos físicos, se comercializa carbón vegetal y el costo de un saco de unos 15 kilogramos puede oscilar entre los 1 500 a 2 mil pesos (entre 12 y 16 dólares según la tasa oficial, pero entre 3 y 4 en el mercado informal).
Además, las hornillas, de diferentes tamaños, formas y para diversos usos del carbón vegetal, se comercializan desde los 3000 a los 8000 pesos (entre 25 y 66 al cambio oficial y entre 6 y 16, en el mercado informal).

“Solución estatal”
El uso del carbón no queda solo en el terreno doméstico. El presidente cubano, Miguel Díaz-Canel, hizo referencia a esta opción para mantener el funcionamiento de entidades dedicadas a la elaboración de alimentos, como las panaderías pertenecientes al Estado.
Díaz-Canel, que ha puesto esta reconversión como ejemplo de “resistencia creativa”, señaló recientemente que se había logrado el cambio de fuente de energía en casi todas las panaderías estatales donde era viable. “Ya hay más de 715 que se han convertido a leña o a carbón”, puntualizó.
La grave crisis energética en Cuba se explica por las frecuentes averías de sus obsoletas centrales termoeléctricas y la falta de divisas del Estado para importar combustibles, que llevaban provocando prolongados apagones diarios desde mediados de 2024.
La situación se agravó aún más desde el pasado enero por el asedio petrolero de EE.UU., que ha forzado la detención de los motores de generación eléctrica cubanos, que precisan diésel y fueloil de importación.
La suspensión de las importaciones de petróleo ha provocado un desabastecimiento de combustibles y ha generado una parálisis casi total de la economía, además de impactar servicios básicos de salud, transportes y otros.
Cuba necesita unos 100 mil barriles de petróleo diarios, de los cuales solo 40 mil los consigue con pozos propios. El resto debería importarlo.


Alivio temporal
La isla recibió el pasado marzo el petrolero ruso Anatoli Kolodkin con aproximadamente 730 mil barriles, equivalentes a 100 mil toneladas de crudo, el primer cargamento de este tipo en llegar en los últimos tres meses.
Tras el arribo de ese buque, Moscú anunció el envío de otro tanquero y datos recientes indican que podría ser el petrolero ruso Universal, que actualmente navega por el Atlántico Norte rumbo al Caribe a unos 15 días de Cuba, según avanzó EFE.
Estos envíos, cargados de mensaje político, tan solo pueden aliviar temporalmente la crítica situación de desabastecimiento de combustibles de Cuba.









