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El Centro Histórico de La Habana Vieja solía ser uno de los lugares más concurridos de la ciudad. La zona reunía una gran cantidad de opciones culturales, gastronómicas y comerciales unidos al disfrute de la historia que está en los muros de la parte más antigua de la capital cubana. La crisis actual y la caída del turismo han cambiado drásticamente esa realidad.
Aquellos lugares que antes exhibían constantes aglomeraciones de personas hoy se muestran en una soledad escalofriante y esa es la prueba de que el turismo, uno de los pilares fundamentales de la economía cubana, no pudo nunca superar la crisis que comenzó la pandemia de la COVID-19, la cual hoy es extrema con las sanciones que Estados Unidos impone a la isla desde inicios de año.
Entre enero y mayo, el turismo en Cuba cayó un 58 % con respecto al año anterior. El impacto no está solo en las calles y lugares vacíos, sino en las miles de personas que en La Habana Vieja generaban sus ingresos a partir de ese turismo.
Adelaida Borges es la cartomántica de la Catedral de La Habana. “Yo llevo 37 años trabajando aquí, leyendo las cartas, dando esperanza, fuerza, tengo 84 años ya, quiere decir que he visto muchas etapas de mi querida isla de Cuba, y me voy a morir siendo cubana porque no voy a cambiar de lugar”, se presenta la conocida como Señora Habana.

En estas más de tres décadas laborando en la vieja ciudad, asegura que “esta es la etapa más inferior de todas, hemos tocado centro”. La cartomántica considera que “no podemos comparar otros tiempos con este porque no tienen nada que ver” y que “según vas caminando, te vas dando cuenta de que una ciudad que ha sido tan poblada turísticamente carece de eso, y de eso vivimos muchas personas”.
La ausencia de visitantes extranjeros pone en vilo desde quienes trabajan de manera independiente, hasta quienes lo hacen en el sector estatal o aquellos privados que han hecho sus inversiones en la zona.
El problema real está en las familias que, detrás de estos trabajadores, enfrentan hoy la dura realidad cubana, sumado a un cambio radical de sus niveles adquisitivos.

Lissete Pérez, popular pregonera de La Habana Vieja que ha aparecido en documentales y hasta en un videoclip de Los Van Van junto a Juan Formell, cataloga la situación “de pésima a más mala”.
“No podemos decir ni que tenemos un turismo. Este año nosotros no sabemos prácticamente lo que es un alza turística. El alza debe empezar a partir de octubre, hace una baja en diciembre, empieza en enero y debe terminar en mayo, aquí no ha entrado nada, estamos tocando fondo”, nos dice la figurante y vendedora ambulante de maní que lleva recorriendo y pregonando por estas calles desde el año 2011.
Otros no conocen nada más en la vida que sobrevivir buscándose la vida en estas calles. Ese es el caso de José Orlando García, músico ambulante que canta y toca su guitarra entre turistas desde los 9 años y hoy tiene 69.
A la pregunta de cómo ve la situación, es categórico: “Como nunca en la vida, ni cuando yo era niño”. A la vez se nota que no pretende rendirse ante lo que ha dado sentido y sostén a toda su vida y nos dice que “esto es lo que nos toca, hay que pelear en cualquier distancia, la corta, la mediana o la larga” y luego nos regala una canción.
No hay ventas
La artesanía local es uno de los productos más demandados en cualquier zona turística del mundo. Un área laboral que no solo da empleo, sino que de ello depende muchas la supervivencia y evolución de técnicas de realización artesanal que forman parte de la identidad cultural de la nación y que han sobrevivido de generación en generación.
Ellas forman parte de la identidad cultural del país, pero en la mayoría de las ocasiones sus mayores consumidores son ese público foráneo que encuentra en ellas el recuerdo peculiar que llevarse del lugar que visitan.

La feria de la Asociación Cubana de Artesanos Artistas (ACAA), ubicada en la calle Obispo, solía ser uno de los lugares más concurridos de la zona. Hoy lo más común es encontrarla vacía.
Allí se comercializan los más diversos productos realizados de manera manual. Talla en madera, cerámica, textiles, papel maché, bisutería, talabartería, entre otros, forman parte de esa gama de productos artesanales, los clásicos souvenirs.
“Muchas veces venimos más por principios y por amor a la profesionalidad, para defender la obra, pero es muy difícil lograr una venta. Yo pertenezco a la ACAA desde el año 95 y se necesita mucha experiencia para lograr vender, y tratar de que tus precios no se desprestigien, lograr una venta que a uno le corresponda y el cliente se sienta bien, pero el cliente es lo que falta bastante”, nos dice Manuel Alejandro Fauro Abreu, artesano de la madera.
Fauro explica también que “muchas veces las ventas se producen con personas que viven aquí o personal de embajada, alguno que otro trabajador de aviación”. Para él, de no ser por esos compradores ocasionales, la feria “estuviera a punto de cerrar esto”.
“La feria está con muy poco flujo de clientes, específico nosotros, papel maché. La obra que realizamos la compran los turistas, no los cubanos, y hay mucha escasez de turismo. Se vende al día, si Dios lo proporciona, una vez, lo máximo dos, pero generalmente no se vende”, responde Ivette Cortina, artesana que desde hace 18 años vende aquí su creación.

Otros vendedores como Mario Mesa Rodríguez llevan menos tiempo apostando por la venta en este sitio. En su caso, comercializa sus pequeñas tallas en madera en este establecimiento desde hace tres años.
“Mira cómo está esto vacío, eso nos afecta a nosotros los artesanos. Vas a ver la mesa surtida, seguimos trabajando en la espera de que mejore la situación actual en Cuba. Siempre vendrán tiempos mejores, tiene que mejorar”, nos dice.
Así como los vendedores de la feria de Obispo sufren las consecuencias de la falta de turistas, los que comercializan sus productos en los Almacenes de San José, ubicado en la Avenida del Puerto y mucho más alejado del paso del transeúnte, y los muchos pequeños negocios diseminados por toda La Habana Vieja.
Ni los de afuera, ni los de adentro
Más allá de la caída del turismo internacional, La Habana Vieja era una de las opciones de disfrute preferidas por la familia cubana y más en la etapa de verano, y la ausencia de ese público también se nota.
Locales cerrados y servicios que no se pueden brindar por faltas de insumos o electricidad dejan a la zona mucho más desfavorecida y solo algunos pocos negocios, casi siempre del sector privado, se exhiben llenos, y para muchos el atractivo actual de La Habana Vieja se resume a caminar y contemplar la belleza que aún conservan sus inmuebles patrimoniales.

Así encontramos a un grupo de adolescentes en plena calle Oficios tomándose fotos y videos para sus redes sociales. Para ellas la zona sigue siendo un atractivo.
“Superbién, muchas fotos nos tiramos en lugares bonitos a los que puedes entrar y puedes ver”, nos dice Jade.
Estefany, sin embargo, aunque disfruta del paseo con sus amigos, admite que “como tal sigue siendo muy bonito lo que ya no son las mismas calles de cuando uno era niño, ya Obispo no es lo mismo, pero se pasa un buen rato”.

Algunas madres siguen apostando por probar suerte con sus pequeños, pero también chocan con el cambio abrumador de este espacio. Mairelis, salió con sus hijos y amigos y afirma que lo que encontró “para nada” tiene que ver con lo que era.
“Ahora mismo yo estoy con los muchachos que los traje a pasear para La Habana Vieja y no tengo idea de a dónde los voy a entrar porque la mayoría de las cosas que venden es con divisas o son muy caras y las familias cubanas no tienen accesibilidad para eso”, nos dice mientras el grupo de niños que la acompañan corretean por la calle de Madera.
Para Wendy, la salida con su pequeña se vio totalmente tronchada. “Estábamos ahora mismo en el Acuario y, por tema corriente, ya se fue todo el paseo. Íbamos a entrar a otro museo e igual. Es una pena”, cuenta cuando la abordamos parada en plena calle arreglando la pamela de su hija y evidentemente dudando de qué hacer luego.
El declive de la Habana Vieja como zona esencial de la vida cultural y turística de la ciudad, tanto para extranjeros como para los propios cubanos, es una muestra palpable de los efectos de una crisis estructural que afecta a todas las áreas de la vida en el país, y amenaza con la pérdida a aquellas zonas o sectores que una vez fueron nuestros principales atractivos de cara al mundo.













Lo que describe el artículo es un efecto directo de las sanciones y las campañas mediáticas contra Cuba del régimen de Trump y Marco Rubio. No es resultado de la incapacidad del país para desarrollar el turismo, que demostró con creces que puede hacerlo. En apenas 20 años logró un desarrollo impresionante del sector con casi 5 millones de visitantes alcanzados en el 2019. Se ha creado una crisis desde el exterior, se busca destruir el turismo en Cuba porque genera ingresos en divisas, crea empleos y ayuda a generar encadenamientos productivos. Además, cuando la crisis impuesta desde el exterior no existía, hacia competencia a otros polos turísticos en el área. El régimen de Trump y Marco Rubio nos enseñan la cara más siniestra y oscura del capitalismo. No hay mejor clase política que la guerra que se nos hace desde Washington. El pueblo cubano es mayoritariamente instruido y comprende la maldad y crueldad con que le trata el régimen de Trump y Marco Rubio. El Gobierno de EE.UU cada vez más se entierra en el lodo ante los ojos de los cubanos patriotas o decentes.