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La canadiense Sherritt International Corporation anunció la disolución inmediata de sus empresas conjuntas en Cuba, poniendo fin a más de tres décadas de cooperación minera y energética en la isla.
La decisión, comunicada el 15 de mayo, responde a la ampliación de sanciones de Estados Unidos contra La Habana y marca un giro histórico en la relación económica entre Canadá y Cuba, indicó el sitio web del U.S.-Cuba Trade and Economic Council, Inc., una organización con sede en Nueva York que se dedica a recopilar, analizar y difundir información sobre las relaciones económicas y comerciales entre Estados Unidos y Cuba.
Sherritt pausará sus operaciones en Cuba por el asedio petrolero de EEUU
El fin de una alianza estratégica
Sherritt mantenía desde los años noventa una asociación 50/50 con la estatal cubana General Nickel Company (GNC) en el proyecto Moa JV, dedicado a la extracción y refinación de níquel y cobalto.
La empresa conjunta operaba minas en la provincia de Holguín y una refinería en Saskatchewan, Canadá, considerada estratégica por ser la única de cobalto significativa en América del Norte.
La compañía canadiense explicó que la Orden Ejecutiva emitida por Washington el 1 de mayo de 2026 constituye un “cambio adverso material” que impide continuar las operaciones. “Se requiere la disolución como resultado de un cambio inmediato bajo el Acuerdo de Accionistas de Moa y no hay tiempo adecuado para el arbitraje”, señaló Sherritt en su comunicado.
Impacto de las sanciones estadounidenses
El endurecimiento de las sanciones de la Administración Trump contra Cuba ha tenido efectos inmediatos en las empresas extranjeras vinculadas a la isla.
En el caso de Sherritt, la presión se tradujo en la renuncia de su firma auditora Deloitte LLP y en dificultades para acceder a servicios bancarios internacionales.
La corporación reconoció que la separación de Cuba busca “eliminar los intereses cubanos de Sherritt” y facilitar su capacidad de operar en otros mercados.
La disolución implica que Sherritt se quedará con la refinería canadiense, mientras que GNC asumirá el control total de las operaciones mineras en Cuba.
Dado que el valor de la mina supera al de la refinería, se prevé un pago compensatorio de GNC a Sherritt, además de los 277 millones de dólares que la empresa cubana ya adeuda a su socio canadiense.
Renuncia a proyectos energéticos
La retirada no se limita al sector minero. Sherritt también anunció la disolución de su participación en Energas S.A., empresa conjunta dedicada a procesar gas natural y generar electricidad para la red cubana. Asimismo, renunciará a sus contratos de exploración petrolera y de servicios de perforación. La compañía anticipa que no recibirá compensación por estos intereses, pero considera que la medida es necesaria para cumplir con las nuevas disposiciones estadounidenses.
El proceso de disolución, contemplado en los acuerdos de asociación, podría tardar meses o incluso años. Para acelerar los plazos, Sherritt solicitó a la Corte de Alberta del Banco del Rey autorización para implementar una salida más rápida. La audiencia está prevista para el 19 de mayo.
Un golpe a la cooperación bilateral
La salida de Sherritt representa un golpe económico y simbólico para Cuba, que durante décadas contó con la empresa canadiense como uno de sus principales socios en la explotación de recursos estratégicos.
El níquel y el cobalto son considerados metales críticos para la transición energética global, y la alianza con la canadiense había permitido a la isla mantener presencia en mercados internacionales pese al embargo estadounidense.
La decisión refleja cómo las sanciones de Washington no solo afectan a entidades cubanas, sino también a compañías extranjeras que operan en la isla. Para Sherritt, la medida busca preservar su viabilidad empresarial en un contexto de creciente presión política. Para Cuba, supone la pérdida de un aliado clave en sectores vitales de su economía.
Perspectivas inciertas
Aunque Sherritt confía en que la disolución le permitirá enfocarse en sus operaciones en Canadá y otros mercados, la compañía advirtió que “no hay certeza de que se alcancen los resultados previstos”. Los riesgos incluyen la recuperación de deudas pendientes y la resolución de disputas sobre el valor de los activos.
La corporación aseguró que continuará informando a sus accionistas sobre los avances del proceso y reiteró su compromiso con la refinación nacional de minerales críticos. Sin embargo, la partida de Cuba marca el fin de una era de cooperación que había sobrevivido a múltiples tensiones políticas y económicas.
En los años noventa, Sherritt International se convirtió en uno de los actores más visibles en la defensa de sus operaciones en Cuba frente a las leyes extraterritoriales estadounidenses, como la Ley Torricelli (1992) y la Ley Helms-Burton (1996).
La compañía canadiense no solo rechazó públicamente la aplicación de estas normativas, que buscaban sancionar a empresas extranjeras con vínculos comerciales en la isla, sino que también impulsó la creación de legislaciones “antídoto” en Canadá, diseñadas para proteger a sus corporaciones de las consecuencias legales de Washington.
Estas medidas permitieron a Sherritt mantener su presencia en el sector minero cubano durante décadas, consolidando una alianza estratégica con la estatal General Nickel Company y convirtiéndose en símbolo de resistencia empresarial frente a la política de embargo de Estados Unidos.
Toda esa trayectoria parece encontrar ahora su final.












