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Brasil se ha convertido en el nuevo destino masivo de la emigración cubana luego del portazo en la frontera estadounidense con México decretado por Donald Trump.
Según un reportaje publicado por el diario español El País, las autoridades brasileñas tramitan actualmente más de 90 mil solicitudes de asilo de cubanos, un fenómeno que ha desplazado al éxodo venezolano y que refleja tanto la crisis interna de la isla como el endurecimiento de las políticas migratorias en Washington.
El salto al sur
El desembarco de cubanos en territorio brasileño se disparó a partir de 2025, en paralelo al deterioro de las condiciones de vida en Cuba y al cierre de rutas tradicionales hacia Estados Unidos. Lo que comenzó como un goteo de llegadas por la Amazonia se transformó en un flujo creciente que ha colocado a los cubanos a la cabeza de las peticiones de asilo en Brasil. Solo en los primeros siete meses de 2026 se registraron 35 mil nuevas solicitudes.
La ruta más habitual inicia con un vuelo La Habana-Georgetown, en Guyana, seguido de un trayecto terrestre por la selva amazónica hasta el río Tacutu, que cruzan en barco para llegar a Boa Vista, donde reciben orientación de la ONU y del Servicio Jesuita para Migrantes y Refugiados (SJMR).
El número de inmigrantes cubanos que solicitó refugio en Brasil en 2025 superó por primera vez al de venezolanos, según el estudio “Refugio en Números 2026” divulgado este lunes por la organización no gubernamental Observatorio de Migraciones Internacionales (OBMigra).
De las 75 599 solicitudes de refugio recibidas por el Gobierno brasileño el año pasado, 41 919 fueron presentadas por cubanos, lo que representa el 55,4 % del total, de acuerdo con el estudio que OBMigra elaboró en asociación con el Ministerio de Justicia.
Un sistema de asilo más lento
A diferencia de venezolanos, sirios o afganos, los cubanos no cuentan con un carril exprés de refugio en Brasil. Sus casos se analizan uno por uno, lo que prolonga los trámites durante años. Sin embargo, la documentación inicial les permite trabajar desde el primer día, acceder a la sanidad, la educación y abrir cuentas bancarias.
Es el caso de Damián, entrevistado por OnCuba, quien llegó por la vía terrestre junto a su esposa:
“Salimos de Cuba en un momento muy difícil para nosotros. Entramos por tierra y solicitamos refugio. Al principio, todo era incertidumbre. Un país nuevo, otro idioma, pocos recursos y la necesidad de entender rápidamente cómo funcionaban los documentos, el trabajo, la salud y la vida cotidiana”, cuenta Damián, a quien el protocolo de la solicitud de refugio le permitió obtener con facilidad la documentación para hacer efectiva su residencia en el país, incluso para trabajar legalmente y acceder al sistema público de salud.
Pero no todo fue fácil. La integración a la sociedad brasileña ha sido para ambos uno de los procesos más difíciles desde que iniciaron la travesía.
“El idioma fue una de las primeras barreras. Aunque el portugués se parece al español, entender a las personas y expresarse bien requiere mucho estudio. También ha sido difícil incorporarnos al mercado laboral en nuestras profesiones. Mi esposa y yo tenemos formación universitaria, pero la revalidación de los títulos extranjeros es lenta y burocrática. Todavía no lo hemos conseguido. Durante este tiempo hemos trabajado dando clases de español, trabajando en proyectos independientes y en supermercados”, relata.
El gobierno brasileño no ofrece un programa de interiorización —traslado desde las zonas fronterizas al interior del país— para los cubanos, como sí ocurre con los venezolanos. Por ello, deben gestionar por su cuenta los traslados a otros estados, aunque muchos llegan con empleos apalabrados gracias a familiares ya instalados.
Perfiles cambiantes de los migrantes
El SJMR estima que los cubanos representan ahora el 85 % de los atendidos en Boa Vista. El perfil es diverso: comerciantes, profesionales, contables, funcionarios de empresas estatales, trabajadores sanitarios y familias completas. La llegada de mujeres con niños y personas mayores refleja un proceso de reunificación familiar en marcha.
Ejemplo de ello es Yumara Bolaños, de 47 años, quien viajó a Brasil para buscar tratamiento médico para su hija con insuficiencia renal crónica. Instalados en Florianópolis, en el estado de Santa Catarina, la familia ha encontrado empleo y acceso a medicamentos, aunque enfrentan la barrera del idioma y el contraste cultural.
Otro caso similar es el de Gerardo, camagüeyano de 74 años y educador físico, que se mudó a la ciudad de Niterói, en Río de Janeiro, a finales de 2025 para instalarse allí junto a su hijo menor, residente en Brasil desde hace algunos años y que hoy constituye un apoyo esencial para ayudarlo a superar la barrera idiomática.
“Como mi hijo lleva años aquí, las dudas de comunicación son solucionadas. Todo esto hace que, aunque solo llevamos siete meses, la adaptación haya sido menos traumática”, relata.
Tanto Gerardo como su esposa, paciente crónica, vieron en Brasil una posibilidad no solo de reunirse con una parte de su familia, sino también de aliviar la tensión de vivir en un contexto de escasez y recursos limitados como el que enfrentaban en Cuba.
“Mi hijo ha hecho su vida aquí y, viendo la situación de desamparo institucional que hay en Cuba para con las personas mayores —entre tantos otros sectores de la sociedad—, decidió hacer las gestiones para traernos”, cuenta Gerardo, quien ejerció como rehabilitador físico hasta el año 2010.
“La situación de mi esposa fue determinante para venir. Ella lleva ya más de 19 años padeciendo las secuelas, además de los tratamientos de quimioterapia y radiaciones, con problemas cardíacos, de tiroides y neurológicos. Estos últimos se deben a hernias discales y aplastamientos vertebrales. Son cosas extremas, sobre todo si analizas la edad. Dejamos en la isla a dos hijos más y cuatro nietos: dos de 18 años, uno de 15 y otro de 11″, narra con cierta angustia Gaspar, quien hoy apoya a su hijo en el cuidado de su nieto pequeño.

Curitiba, la “nueva Miami”
El destino preferido de los cubanos es el sur de Brasil, especialmente ciudades como Curitiba y Florianópolis, conocidas por su calidad de vida y sistemas de salud y transporte. “Muchos llegan con un empleo apalabrado por un pariente”, explica Luis Hoyos, del SJMR. La comunidad cubana ha bautizado a Curitiba como “la nueva Miami”, en alusión al histórico enclave de la diáspora en Estados Unidos.
El fenómeno migratorio cubano hacia Brasil responde a una combinación de factores que trascienden las fronteras de la isla. En primer lugar, la crisis interna en Cuba ha empujado a miles de ciudadanos a buscar alternativas en el exterior.
A ello se suma la política de Donald Trump, cuyo cierre de la frontera con México y el endurecimiento de las deportaciones convirtieron a Estados Unidos en una opción cada vez más inaccesible para los cubanos.
Otro elemento clave fue la decisión de Nicaragua, que desde febrero de 2026 exige visado a los cubanos, cerrando una de las rutas más utilizadas hacia territorio estadounidense. En contraste, Guyana mantiene la entrada libre para los ciudadanos de la isla, lo que facilita el tránsito hacia Brasil a través de la frontera amazónica.
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Un cambio de paradigma migratorio
Tras una década marcada por el éxodo venezolano en la frontera amazónica, los cubanos han tomado el relevo como principal grupo migrante en Brasil. El país sudamericano, con la mayor economía de América Latina y un sistema de salud pública robusto, se ha convertido en una alternativa viable para quienes ya no ven a Estados Unidos como opción.
En los días que corren, Brasil emerge como tierra prometida para miles de cubanos que buscan estabilidad, empleo y servicios básicos en la primera economía del subcontinente y décima global, cuya matriz cultural, pese a la barrera del idioma y el fuerte componente indígena, comparte raíces fundacionales semejantes con Cuba: colonización ibérica y esclavitud africana, que derivaron en mestizajes en las músicas, las culinarias y los sincretismos religiosos, además del carácter expansivo y socializador de ambos pueblos.













