|
Getting your Trinity Audio player ready...
|
Lleva cinco años visitando La Habana y estoy segura de que casi nadie sabe que se llama Natalia Spadero. La ilustradora argentina ha participado en todas las ediciones presenciales del Festival Internacional de Artes para las Infancias Corazón Feliz, el más grande dedicado a la niñez en Cuba, y esa asiduidad la ha convertido en una parte esencial del evento y también le ha creado un público en la isla que ya espera por sus propuestas.
Pero aquí, como en muchos otros lugares, solo la llaman Estrellita Caracol, el nombre artístico que adoptó desde que diera el paso definitivo como ilustradora y dejara su trabajo como diseñadora gráfica, profesión que estudió, y se dedicara al arte, especialmente al collage, que fue su pasión desde niña.
Su obra en cada una de las ediciones de Corazón Feliz va quedando como un legado palpable del evento. En su primera visita creó un mural en vivo en el Teatro Nacional, cuya realización acompañó la presentación de Enid Rosales.
Los años siguientes ha llegado con sus papeles, tijeras y gomas de pegar al Museo Nacional de Bellas Artes para construir cada año un mural dedicado a una temática diferente, pero cuya creación tiene un carácter interactivo y a su arte se suma la creatividad de los muchos niños que llegan, se tiran en el suelo y junto a ella dan vida a las figuras que conformarán el mural.
Entre las creaciones hechas en La Habana, Estrellita asumió hace dos años el reto enorme de conformar lo que tal vez sea el collage de rostros humanos más grande del mundo con 2700 dibujos hechos por niños de Cuba, Argentina, México, España, Senegal, Francia, Uruguay y Ecuador.

Además, ha trabajado sobre temáticas generales como el agua, y se ha adentrado en la obra de autores y personajes cubanos como Teresita Fernández y Pelusín del Mundo.
Estrellita Caracol en Cuba ha sido un descubrimiento que nos ha brindado Corazón Feliz, pero su nombre es uno de los más importantes de Argentina cuando se habla de ilustración para las infancias.
Entre 2007 y 2019 fue colaboradora de la revista La Valijita de Billiken, una de las publicaciones infantiles más prestigiosas de Argentina y Latinoamérica. De ahí despegó su imparable carrera, que incluye decenas de libros publicados para editoriales como Gerbera Ediciones, Atlántida, Edelvives, MacMillan, Puerto de Palos, Estrada, Treintayseis, Dalúa, y Kalimat Publishing de los Emiratos Árabes.
Además, el grupo argentino Canticuénticos, importante formación musical para las infancias, la eligió como ilustradora en la labor de convertir sus canciones en libros álbum.
A la par Estrellita desarrolla una constante labor educativa impartiendo talleres, ofreciendo workshops, conferencias y arte en eventos de cualquier lugar donde como ella dice el Caracol ahora significa andar con la profesión a cuestas.
¿Por qué el nombre de Estrellita Caracol?
En realidad, casi que lo decidió la gente. Cuando apareció internet y me armé mi primer mail personal jugando, le puse el nombre Estrellita porque cuando era niña me encantaban las estrellas, la astronomía, siempre fue algo que me gustó mucho; y en ese momento me había podido comprar mi casa muy joven, que para mí había sido un logro muy grande, y entonces me puse Caracol jugando también porque venía con casa.
Entonces, cuando le escribía a otras personas con ese mail y llegaba a algún lado, me decían: “Vos sos Estrellita Caracol“. Y luego, cuando empecé a trabajar con infancias, era mucho más lindo llegar y ser Estrellita Caracol que ser Natalia, así que cuando empecé a publicar como ilustradora, al principio publicaba a veces como Natalia, a veces como Estrellita, y una editora finalmente me dijo que tenía que decidir y publicar todo con el mismo nombre porque si no la gente se va a confundir, y ahí me decidí por adoptar definitivamente Estrellita Caracol.
¿Ahora mismo cuánto sientes que te define ese nombre?
Lo siento igual de propio que mi nombre real, para mí es exactamente lo mismo, respondo a Estrellita como a Natalia con la misma naturalidad. De hecho, hay muchos amigos y amigas que me llaman así, la mayoría de la gente que conozco a través de mi trabajo me dice Estrellita. De hecho, mucha gente piensa que me llamo Estrella y ni siquiera saben que mi nombre real es Natalia, y me identifica, lo siento muy propio, me gusta que me llamen así.

¿Cómo fue el camino de definir que la ilustración y el collage eran lo que tú querías desarrollar en tu carrera?
En realidad, es algo que siempre estuvo desde niña. Dibujar siempre fue como mi lugar seguro, el lugar al que acudía cuando quería estar tranquila, cuando quería disfrutar. No tengo ni siquiera el registro de cuándo empezó, y no solo el dibujo, sino también el collage.
¿Viste cuando sos niña que le querés hacer un regalo a alguien y le haces una manualidad? Bueno, yo cuando le quería hacer un regalo, por ejemplo, a mi mamá, juntaba fotos o palabras en revistas que me representaran lo que a ella le gustaba y le hacía un collage, así, muy naturalmente desde muy pequeña; es algo que vino conmigo. Yo pienso que en definitiva eso que te gusta cuando sos niño es lo que te termina gustando también de grande.
Cuando crecí, no sé si sucede en todos lados, pero en Argentina está mucho esto de que si no vengo de una familia de artistas… Y cuando pensaba en ser artista, está esto de que la gente te dice que no es un trabajo, que de qué vas a trabajar y entonces cuando tuve que elegir qué estudiar, no me animé a estudiar arte porque pensaba que no iba a poder vivir de eso y me decidí por estudiar diseño gráfico, que pensé que me iba a poder dar más posibilidades económicas.

Entré a la universidad a estudiar diseño gráfico, que fue una carrera que me encantó y que me dio muchas herramientas, y luego de muchos años de trabajar como diseñadora, me seguía ahí picando esa cosa de que yo quería dar mi voz para cosas que yo quisiera decir. Me angustié mucho por no poder desarrollar esa parte mía que quería dibujar y que quería hacer arte, no me lo imaginé directamente como ilustradora, sino que sí sabía que quería darle mi voz a cosas que yo quisiera decir.
En un trabajo, un jefe una vez me vio haciendo collage y me dijo: “Pero vos tenés que ser ilustradora”, y yo digo que fue como un amor a primera escucha porque escuché eso y dije: “Soy eso, es lo que tengo que hacer”.
A partir de ahí arrancó todo un proceso de entender cómo podía hacer para desarrollar esa profesión, que fue muy poco a poco, por supuesto, hasta que me animé a renunciar a mi trabajo y a dedicarme al arte definitivamente.
Hará unos 15 años que me dedico exclusivamente a ser artista y a ser ilustradora y cuando empecé a desarrollar esa profesión, todo fue muy rápido; todas las puertas se me abrieron, como si hubiera algo que mágicamente hiciera que funcionara.
¿Por qué específicamente el trabajo de ilustradora para las infancias?
Se fue dando naturalmente. Cuando empecé a trabajar como ilustradora, la primera propuesta fue en una revista infantil que no era muy popular en Argentina solamente, sino también en Latinoamérica, y a partir de esa revista aparecieron también los primeros libros y, al mismo tiempo, empecé también a dar talleres, por una cuestión de que me encantaba compartir eso. Hubo una conexión con las infancias que se dio naturalmente, pienso que tenía que ser así por algún motivo.

El público infantil es uno de los más exigentes. ¿Cómo describirías la experiencia de trabajar para ellos?
Es que yo me lo tomo con mucha responsabilidad. Contrario a lo que dicen o piensan muchas personas, trabajar con infancias es más fácil. Yo pienso que se requiere mucha responsabilidad. Son muy exigentes, son muy sinceros las niñas y los niños. Si hay algo que no les gusta, enseguida te lo van a decir y también si lo disfrutan; es un disfrute muy sincero, así que a mí me encanta.
Pienso que es superinteresante también todo lo que proponen. Lo que surge desde la perspectiva de ellos me parece enriquecedor para con mi trabajo.
¿Eres una niña que no quiere crecer o una adulta jugando a ser niña todavía?
Las dos cosas. Me parece que el juego es algo absolutamente habilitador, los adultos y las adultas tenemos que aprender a jugar, es que a partir del juego. Aprendemos a relacionarnos con las personas, aprendemos casi todo; el juego es mágico y me parece que las infancias en eso nos enseñan un montón.
En los talleres, cuando se propone algo, los chicos y las chicas enseguida agarran los papeles, no se ponen a pensar si esto me va a salir bien o mal, ellos lo hacen y pienso que tenemos que aprender de eso.
A mí me gusta jugar, sigo disfrutando lo mismo que disfrutaba cuando era niña, que es dibujar, hacer arte, recortar con amigos, con amigas, con chicos y chicas; lo sigo disfrutando y me encanta poder seguir haciéndolo y que sea mi trabajo.

En esa propia responsabilidad y más allá del arte, ¿qué herramientas y conocimientos has necesitado incorporar para que el mensaje llegue de manera efectiva al público infantil?
No subestimo su poder de entendimiento; ellos y ellas viven en este mismo mundo complejo que vivimos nosotros y lidian con los mismos problemas, están insertos en la misma sociedad, con lo cual yo no pienso que haya temas que podamos tratar y temas que no. Mis libros abordan temas que quizás son complejos, como el abuso o la dictadura, y para mí es perfectamente posible tratarlos con infancias.
Siempre teniendo en cuenta que tenemos que primero recibir un montón de información, por supuesto que si tengo que hacer un libro, primero leo de ese tema, me informo un montón, y también escuchando cuál es su pensamiento, lo que ellos piensan, lo que ellos y ellas tienen para decir, me parece que hay que escucharlos y también darles voz. Eso es lo que intento en mis talleres: darles la posibilidad de que ellos y ellas digan lo que piensan, que sepan que el arte es un lugar en donde pueden expresarse cuando no tienes las palabras.

Dentro de esa idea de que todos los temas se pueden abordar, ¿cuáles son tus temas favoritos?
Van cambiando, pero uno de mis temas favoritos o que siempre está presente en mi obra es la creación colectiva. Entender que si sumamos y hacemos un poco cada uno, podemos lograr cosas más grandes. Soy fanática de la creación colectiva, y de hecho prefiero hacer algo en equipo que hacerlo sola, me parece que siempre en el intercambio hay algo mágico.
¿Cómo llegaste a Cuba?
Llegué a Cuba por una invitación al Encuentro de Artes para las Infancias Corazón Feliz. Me contactó Rochy el primer año que se hizo ese festival de manera presencial y me encantó esa invitación porque siempre había querido conocer Cuba, pero desde adentro, conectándome con la gente, así que, ¿qué mejor que venir a trabajar?

¿Por qué has vuelto cuatro veces más?
El primer año que vine, yo creo que hubo una conexión hermosa y a partir de ese año siempre me invitaron a volver y yo quise volver. Me sentí parte del Festival, quizás porque me hicieron sentir parte, pero también porque yo quiero estar, reservo esa fecha para estar acá, me siento parte de la familia Corazón Feliz, de la familia de Cuba.
Cuando llegué me dijeron: “Acá tenés tu familia cubana” y no son solo palabras, es verdad, es real. Luego siempre estamos en contacto en el resto del año; se termina un Festival y ya estamos pensando qué vamos a hacer al siguiente, y me encanta ese reencuentro no solo con los artistas y las artistas, sino también con las infancias, que ya las veo crecer y cuando vengo, me conocen, ya saben de qué se trata el collage y quieren venir a trabajar conmigo, y eso me parece hermoso.

¿Cuál ha sido el reto más grande que te ha puesto el trabajo en Corazón Feliz?
El collage gigante fue realmente un reto porque era un trabajo enorme. En la semana del Festival, para lograr armar un mural tan grande con 2700 retratos, necesité mucha ayuda, pero bueno, acá la ayuda siempre aparece y la gente estaba dispuesta a participar y eso también me parece algo muy maravilloso. Por eso se pudo hacer acá, porque siempre hay personas que vienen y se suman a tu sueño como si fuera propio.
Otros años los retos fueron diferentes, como por ejemplo este año. Había menos disponibilidad de materiales, menos disponibilidad de recursos, así que el mural fue un poco más pequeño. Igual fue enorme porque mide como 8 metros por 3, pero el reto quizás tenía que ver con que había menos tiempo y menos recursos.
¿Qué te ha aportado adentrarte en la cultura para las infancias en Cuba, sus autores, sus personajes?
Me fui adentrando de a poco. Cuando llegué, enseguida conocí la obra de Teresita (Fernández). Ya había escuchado algo porque es una obra conocida en Latinoamérica. Creo que tenemos también autores y autoras en común. Por ejemplo, acá las infancias conocen a María Elena Walsh. Así me va sucediendo año a año, que voy conociendo la obra de las cantautoras y cantautores de acá, también la obra literaria de Martí, que no la conocía tanto.
También me gustan los puntos en común. Cuando traigo acá libros de mi país y los conocen, como pasó, por ejemplo, con un libro mío que se llama La vuelta al mundo, que es un libro con un texto de Javier Villafañe, que acá lo conocen. Así que me gustan esas cosas que van surgiendo en común.

Este año, justamente, te fuiste más allá y has donado más de 200 libros a la plataforma Corazón Feliz, ¿por qué esa iniciativa?
Porque me siento muy agradecida con Cuba y con la familia Corazón Feliz, y me siento parte, entonces cada año que vengo me dan ganas de hacerles un regalo. Este año, cuando surgió la posibilidad nuevamente de venir, se me ocurrió esto de pedirles a mis colegas autores y autoras de Argentina si me podían dar sus libros para armar una biblioteca acá. También porque acá el género con el que yo trabajo mayormente, que es el libro-álbum y el libro-ilustrado, que tienen ediciones con ilustraciones, con color, acá no son tan vistas o las niñas y niños no tienen tanto acceso a este tipo de libros. Y pienso que los libros también son un lugar seguro, un lugar que te salva.
A mí los libros me han acompañado toda mi vida y, de hecho, me han dado la vida que yo quería; entonces, ¿qué mejor regalo que traer? No les podía traer luz, pero podía traer libros que se le parecen bastante.
Se lo conté a Rochy y siempre nos pasa eso, que cuando yo tengo una idea, se la cuento y ella ya estaba pensando en lo mismo, y es real porque ella me mandó la foto con su biblioteca soñada, y entonces le dije que se encargara de la estructura, que yo me encargaba de juntar los libros.
Así que me puse como en esa patriada de pedir los libros y todos mis colegas estuvieron de acuerdo y estuvieron predispuestos y con ganas. Vine con 270 libros para iniciar una biblioteca en la sede Corazón Feliz. Que además es un lugar en donde todo el año van niñas y niños a disfrutar de talleres gratuitos. Así que, qué mejor que también tengan una biblioteca con libros para ellos y para ellas.

¿Cuándo estrellita Caracol llega a Argentina y cuenta lo que vive y ve en Cuba, qué reacción encuentra en la gente que a lo mejor tiene también sus opiniones sobre Cuba?
Son diversas las reacciones, sobre todo porque siempre solemos tener una idea errada de cómo es otro lugar hasta que vamos y lo vivimos. Yo tenía una idea muy romántica de lo que era Cuba y la sigo teniendo de otra manera porque amo Cuba, pero por supuesto que no es lo mismo si nunca viniste. Entonces se genera mucha curiosidad.
Argentina es un país que tiene mucho sentimiento de amor hacia Cuba, supongo que porque compartimos al Che, compartimos un montón de personajes queridos, y entonces hay mucha gente que le gustaría venir y que a través mío quizás siente que puede vivir un poquito de la realidad de Cuba. De conocer Cuba desde adentro, conectándose con la gente, y no solo lo más hermoso que puede ser para el turismo, conocer una playa y listo.
Siempre uno cuenta desde su lugar, desde su experiencia, y a mí me gusta conocer los lugares a través de las personas, y las personas acá son maravillosas, así que siempre tengo un buen sentimiento.
Siempre termino contando de las personas, de cómo son acá, de la fuerza que tienen, del desarrollo cultural que hay. Sin perder de vista, por supuesto, todas las cosas duras que también suceden.

¿Cómo crees que se ven a las infancias en Cuba?
Creo que se tratan con mucho respeto. Me sorprende muchísimo siempre la manera que tienen las niñas y niños de Cuba de hablar; tienen una facilidad de expresión espectacular. Son un país que le da mucha importancia a la educación y a las infancias, y eso creo que se sigue notando; que hayan armado un festival para infancias habla de eso.
¿Cómo le describirías a alguien que no conoce Corazón Feliz?
Para mí, Corazón Feliz es una familia. Es una semana maravillosa donde sucede un oasis también para las infancias.
Corazón Feliz es una semana en donde todos y todas estamos al servicio de las infancias, ayudándonos. Me parece que ahí desaparecen los egos como artistas y todos funcionamos en eso, en darle a las infancias lo mejor que tenemos como equipo. Es una familia que está a disposición de las infancias para darles todo lo mejor que tienen. No es que sea menos porque es para las infancias, sino que es más.
¿Hasta cuándo estarás regresando?
Ojalá que siempre. Yo quiero volver. Siempre quiero volver. Ahora no me imagino no estar en un Corazón Feliz, y si un año no puedo venir, van a tener mi presencia de alguna manera, porque yo me siento parte de esa familia de Corazón Feliz. Así que lo que pueda hacer, esté acá o no esté acá, lo voy a seguir haciendo para Corazón Feliz, y también para las niñas y las niños de Cuba.












