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El secretario de Justicia en funciones, Todd Blanche, declaró el domingo que el hombre armado que irrumpió en la cena de la Asociación de Corresponsales de la Casa Blanca viajó desde California con la aparente intención de atacar al presidente Donald Trump y a miembros de su gobierno, indicó un despacho de la agencia Associated Press (AP).
“Parece que de hecho se propuso atacar a personas que trabajan en el gobierno, probablemente incluido el presidente”, afirmó Blanche en entrevistas televisivas, al reconstruir los pasos del sospechoso, identificado como Cole Tomas Allen, de 31 años, de Torrance, California.
Trump pide unidad y revive su proyecto del salón de baile
El presidente Donald Trump fue evacuado de manera apresurada del salón de baile del Washington Hilton la noche del sábado, mientras los invitados se cubrían bajo las mesas en medio de la confusión.
En un mensaje posterior, Trump calificó el hecho como el tercer atentado contra su vida y sugirió que su estilo político lo había convertido en blanco. “Es un shock siempre que pasa algo así. Me pasó a mí, un poco, y eso nunca cambia”, dijo el mandatario, quien llamó a la unidad y a la sanación en un mundo cada vez más violento.
Además de sus declaraciones conciliatorias, Trump aprovechó el incidente para insistir en su vieja propuesta de construir un salón de baile dentro de la Casa Blanca, refirió un despacho publicado en el periódico español El País.
El mandatario sostuvo que el ataque demostraba la necesidad de contar con un espacio de alta seguridad en la residencia presidencial. “Lo que pasó anoche es exactamente la razón por la que nuestros grandes militares, el Servicio Secreto y las fuerzas del orden han estado exigiendo que se construya un salón de baile grande y seguro en los terrenos de la Casa Blanca”, escribió en su red Truth Social.
El proyecto, valorado en 400 millones de dólares, permanece suspendido por orden judicial desde 2025.

Una tradición de violencia
A lo largo de su carrera política, Donald Trump ha enfrentado varios intentos de atentado que han marcado su trayectoria. El episodio en la cena de corresponsales se convirtió en el tercer ataque directo contra su vida, después del intento fallido en un mitin en Pensilvania en 2024 y otro incidente registrado en 2025.
En la historia de Estados Unidos, varios líderes políticos, religiosos y sociales prominentes han sido asesinados, reflejo de una tradición de violencia política que ha marcado al país.
Entre los casos más recordados figuran los presidentes Abraham Lincoln (1865), James Garfield (1881), William McKinley (1901) y John F. Kennedy (1963), todos víctimas de atentados mortales.
También fueron asesinados figuras emblemáticas del movimiento por los derechos civiles como Martin Luther King Jr. en 1968 y el senador Robert F. Kennedy ese mismo año, además de activistas como Malcolm X en 1965.
Estos episodios, que se suman a otros intentos frustrados contra mandatarios como Ronald Reagan en 1981, han dejado una huella profunda en la memoria democrática estadounidense y alimentan el debate sobre la persistencia de la violencia política en el país.
El caso de Trump refuerza la percepción de que la figura presidencial sigue siendo un blanco recurrente en un clima de polarización creciente atizada justamente por el inquilino de la Casa Blanca con una política violenta contra los inmigrantes, la prensa y sus adversarios políticos, más allá de su agresiva agenda internacional.
Perfil del atacante: un docente ejemplar convertido en sospechoso
Cole Tomas Allen, el hombre detenido tras el ataque, sorprendió a muchos por su trayectoria previa. Graduado en ingeniería mecánica por el Instituto de Tecnología de California en Pasadena en 2017 y con una maestría en ciencias de la computación por la Universidad Estatal de California, Domínguez Hills, Allen se desempeñaba como maestro de escuela en Torrance, California.
En su comunidad era considerado un docente ejemplar, dedicado a la enseñanza y con reputación de tutor con alto nivel educativo. Participó en fraternidades estudiantiles cristianas y en actividades recreativas universitarias, como grupos que organizaban competencias con pistolas Nerf. Su perfil en redes sociales mostraba a un joven graduado con toga y birrete, símbolo de una carrera académica prometedora.
Sin embargo, las autoridades encontraron en sus dispositivos escritos y publicaciones que revelaban un giro radical en sus motivaciones, con referencias a un odio hacia los cristianos y mensajes de resentimiento político. Esa dualidad —un maestro respetado y un atacante armado— se convirtió en uno de los aspectos más desconcertantes del caso.
Allen había dejado escrito un manifiesto “muy crítico con Trump”, según The New York Post, que mandó a su familia antes de abrir fuego.
En el texto, siempre según el Post, Allen escribió: “Poner la otra mejilla es algo que se hace cuando es uno mismo quien sufre la opresión”.
A continuación, el supuesto manifiesto enumera ejemplos recientes de las consecuencias de las decisiones de la Administración Trump. “Yo no soy la persona violada en un centro de detención. No soy el pescador ejecutado sin juicio previo. No soy el escolar que muere en una explosión, ni el niño que muere de hambre, ni la adolescente abusada por los numerosos criminales que integran esta administración. Poner la otra mejilla cuando es otro quien sufre la opresión no es un comportamiento cristiano; es complicidad en los crímenes del opresor”, publica el medio estadounidense citado por El País.

Reacciones internacionales de solidaridad
El intento de atentado generó una ola de condenas y mensajes de apoyo desde distintos gobiernos.
Israel, por su parte, expresó “tolerancia cero ante la violencia política” y felicitó a las fuerzas de seguridad estadounidenses por su rápida actuación.
La presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, transmitió su apoyo a Trump y subrayó que “la violencia política no tiene cabida en nuestras democracias”.
Por su parte, el primer ministro británico, Keir Starmer, manifestó su alivio de que Trump y la primera dama se encontraran a salvo, en tanto el presidente francés, Emmanuel Macron, consideró “inaceptable” el ataque y envió su respaldo al mandatario estadounidense. La primera ministra italiana, Giorgia Meloni, advirtió que “ningún odio político puede encontrar espacio en nuestras democracias”.
Desde América Latina, el presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, expresó su solidaridad y calificó la violencia política como una afrenta a los valores democráticos, mientras que los mandatarios de Argentina y México se sumaron a la condena. Javier Milei lo calificó como un “nuevo intento de asesinato” contra Trump, mientras Claudia Sheinbaum recalcó que “la violencia no debe ser nunca el camino”.
Teorías de conspiración y una eventual pista israelí
El incidente no solo provocó reacciones oficiales, sino también un torrente de teorías en redes sociales. Algunos usuarios sugirieron que el ataque estaba vinculado a conspiraciones contra la libertad de prensa, dado que ocurrió durante la cena anual de corresponsales. Otros lo interpretaron como parte de un clima de violencia política creciente en Estados Unidos, recordando intentos previos contra Trump en 2024.
El propio presidente alimentó el debate al afirmar que el atacante actuó movido por un “odio profundo hacia los cristianos”, basándose en un manifiesto encontrado por las autoridades. Esa declaración abrió un nuevo frente de discusión sobre la motivación religiosa del sospechoso y el impacto de la polarización ideológica en la seguridad política.
En paralelo, algunos comentaristas especularon sobre una eventual “pista israelí”, al señalar que el ataque coincidió con mensajes de apoyo inmediatos desde Tel Aviv y con la presencia de altos funcionarios estadounidenses vinculados a la política de Oriente Medio en el evento.
Aunque no existen pruebas que respalden esa hipótesis, la idea circuló en foros digitales como parte de un entramado de teorías conspirativas que buscan explicar el atentado más allá de la acción individual de Cole Allen.
Algunos analistas han sostenido que la decisión de Donald Trump de lanzar el ataque contra Irán, pese a mostrarse inicialmente renuente, estuvo influida por presiones externas, entre ellas un chantaje israelí, según la cual sectores de Tel Aviv habrían condicionado su apoyo político y militar a Washington o publicar evidencias horripilantes para la reputación del presidente —caso Epstein mediante— a cambio de una acción directa contra Teherán.
Mientras tanto, el Servicio Secreto y el FBI continúan investigando los dispositivos electrónicos y escritos del sospechoso, con la expectativa de presentar múltiples cargos en su contra.
El evento, cancelado tras el tiroteo, será reprogramado en fecha posterior, mientras la Casa Blanca insiste en que “esta violencia política debe terminar”.











