ES / EN
- agosto 20, 2026 -
No Result
Ver todos los resultados
OnCubaNews
  • Cuba
  • Cuba-EE.UU.
  • Economía
  • Cultura
  • Cartelera
  • Deportes
  • Opinión
  • Podcasts
  • Videos
  • Especiales
  • Cuba
  • Cuba-EE.UU.
  • Economía
  • Cultura
  • Cartelera
  • Deportes
  • Opinión
  • Podcasts
  • Videos
  • Especiales
OnCubaNews
ES / EN
Inicio Opinión Columnas

Fogonazos

por
  • Jesús Adonis Martínez
    Jesús Adonis Martínez,
  • adonis
    adonis
mayo 5, 2015
en Columnas, En mitad del túnel
5

Estás convencido de que el tiempo jamás alcanza y por eso lees frente al televisor (que desgrana panfletos camuflados de noticias) o en el vórtice mismo de ese desagüe obstruido que es la terminal de ómnibus nacionales o cuando al fin la guagua te devuelve a La Habana desde algún limbo provincial.

De ese modo reparas en los puentes que se tienden en tiempo real desde la literatura hasta el mundo (sea lo que sean la literatura y el mundo). Fogonazos. Túneles de luz que se abren y se cierran en un mismo gesto. Lees la palabra “cosmos” o “isla” o “frío” o “bochorno” o “soledad” o “masa” o “crimen” o “héroe” o “paz” o “terror”, incluso la palabra “desoxirribonucleico”, y en ese mismo instante el locutor dice a través del aparato y por debajo y entre las valvas de su bigote la palabra “cosmos” o “isla” o “frío” o “bochorno” o “soledad” o “masa” o “crimen” o “héroe” o “paz” o “terror” e, incluso, “desoxirribonucleico”. Es cosa de locos. Te entran ganas de jugar algún número y hacerte millonario.

Hasta puede ocurrir que el ventrílocuo televisivo (¿quién, a fin de cuentas, nos habla, oculto, todo el tiempo?) diga “arrancaba la corteza de los abedules lejanos mientras la savia aún corría por ellos…”, justo en el momento infinitesimal en que lees esa misma frase de Knut Hamsun.

***

Yo he estado muchas tardes amarrado a la lista de espera rumbo a Pinar del Río. La terminal de ómnibus es un manicomio donde se aceleran los choques entre las moléculas que somos. Una orgía antilibidinal frenetizada por el calor y la humedad tropicales; una suerte de cultivo bacteriano que alguien (¿quién, demonios?) observa a través de un microscopio. Nuestros movimientos azarosos: aquel que compra rositas de maíz, una niña que duerme sobre un maletín, el tipo que busca latas en la basura, el hombre joven y rengo que te barre los pies y va dejando una galaxia de peloticas de papel, el viejo que busca y no encuentra el último de la cola, el estudiante que escupe un chicle, la señora que tiene el número 246 y el compañero que tiene el 327 por la Autopista y el 180 por la Carretera Central, la expendedora que se va a fumar o que charla por teléfono mientras la fila crece y se bifurca como los senderos de Borges…

Todo pura literatura ocurriendo afuera, en la terminal, mientras yo leo El sobrino de Wittgenstein, de Thomas Bernhard, y alucino con tenderme en una cama del sanatorio Am Steinhof, en la Wilhelminberg, al oeste de Viena, a mirar las aves posadas en una rama que asoma por mi ventana.

“Como el noventa por ciento de los hombres en el fondo quiero estar siempre donde no estoy, allá de donde acabo de huir”, leo, y alzo la vista un segundo. La sentencia estadística resume la delicada cuestión de la inutilidad del viaje. No puedes escapar de ti mismo. De cualquier forma yo estoy en espera de una guagua. Mi viaje, por ahora, es corto. Presumo que el descubrimiento de esa frase justifica al menos este momento en que no veo, no escucho a esa colonia de gérmenes humanos que se agita a mi alrededor. Así que continúo, leyendo, esperando. ¿Qué pensarán al respecto mis amigos y todos esos desconocidos que se han marchado de Cuba más o menos para siempre? Nadie puede escapar de sí mismo. ¿O sí?

Uno sospecha que los libros se completan fuera: de sus páginas y de tu conciencia hacia afuera. O cómo se explica que mientras Bernhard dice: “Qué sería mi mundo, pienso una y otra vez, si solo dependiera de los diarios alemanes, que en conjunto son diarios de porquería, por no hablar de los austriacos, que no son siquiera periódicos, sino solo inútil papel de retrete que se tira a diario en millones de ejemplares”; cómo explicar, decía, que mientras el camarada del orate Paul Wittgenstein despacha toda su frustración lectora sobre, por ejemplo, el Frankfurter Allgemeine o el Süddetsche Zeitung, casi tropiece conmigo –que estoy sentado en el suelo de la terminal de ómnibus- un viejo al que se le viene cayendo de las manos media tonelada de papel gaceta y que vocea tembloroso: Granma…, Rebelde… Bohemia…, Pa´lante…

-Niño, ¿quiere un Pa´lante?

***

Es la mañana de un día en que por fin leo un poema que se llama “Los hombres gordos”. Digo “por fin” ajustándome a la creencia, bastante extendida, de que lo que ocurre esta mañana (leer estos versos en particular de Rafael Courtoisie), lo que ocurrió ayer (no recuerdo), lo que está por ocurrir (no sé), estaba escrito desde siempre en alguna parte. Y que vivir entonces es enterarse paso a paso de lo que dice el pergamino. Es ir leyendo hasta la muerte. Leer en la guagua mientras voy de regreso a La Habana es leer dos veces, una lectura dentro de otra, como si leyéramos ante un espejo. Una caja china, una matriushka. Como cuando filman una película dentro de una película; como cuando soñaba Calderón de la Barca.

Sostiene Courtoisie que “El hombre gordo se esconde dentro de sí mismo, ha erigido su muralla corporal por medio de pulpa y piel abundantes, (…) se defiende de las pruebas de la suerte mediante el ardid de envolverse por completo, de envolverse a sí mismo en una opulenta apariencia corporal”.

Justo entonces suena el móvil y me habla, precisamente, el Gordo. El Gordo me dice bróder, misión cumplida, y me dice en medio minuto 17 frases de felicidad, porque la jeva aquella ahora es su jeva… Yo voy imaginando al Gordo –que es mi hermano- radiante, ligero, aerostático, invencible…

Luego Courtoisie –que es muy buen poeta- sigue con la estupidez de que “los gordos carecen de alas, los gordos no pueden volar, jamás serán aves o arcángeles, jamás podrán elevarse del piso”.

***

Tuvo que morirse Eduardo Galeano para que yo viera de nuevo al Flaco en La Habana. A la espera del futuro, esta clasifica como la última vez que lo vi en la ciudad, porque en realidad el Flaco está desde hace tiempo en Miami. Y le va redondamente bien o redondamente mal, pero en todo caso su vida va rodando hacia adelante mientras le giran alrededor una muchacha y un balón de fútbol que él patearía horriblemente, cierto, pero que él jamás deja de patear en su imaginación. Porque el otro gran amor del Flaco es la literatura. Leerse jugar maravillosamente en un libro que aún no escribe.

Así que tuvo que morirse Galeano para que yo lo sorprendiera un par de veces entre la multitud que siguió por La Habana al escritor hace unos tres años. Galeano murió en la mañana, y a la noche veo en TV una entrevista de la última vez que estuvo en Cuba, en 2012, cuando éramos más en este pedazo de mundo y yo también perseguía –aunque con esa desgana mía infatigable- al escritor montevideano para ver su rostro de fantasma, de Casper anciano, su inquietante cara de Joker antiimperialista; para ver sobre todo -puro fetichismo, y plagio performático- la mano con que escribió toda la maldad y la bondad de que es capaz el ser humano. Tan inesperadamente bien escritas. La mano de un alumno de Onetti, la mano que estrechó la mano indestructible de Onetti; la mano con que escribía Galeano.

Y en eso andaba el Flaco una vez más la otra noche.

Mientras Galeano habla en TV, yo lo descubro entre la gente que escucha a Galeano, que ahora está hablando en el Centro Onelio; mientras él toma notas mentales y mira de frente a Galeano –que ya está muerto en la noche del porvenir– yo corro en cámara lenta por La Habana, que ha oscurecido, y sé que llego tarde, como siempre, apenas a tiempo para abrazar al Flaco y sacarle un par de fotos a unas amigas que se cuelgan a un Galeano en retirada. Vestido de celeste, como la selección uruguaya; cargado de hombros, como si le pesara demasiado la camiseta.

Ahora me doy cuenta de que esa vez también me alcanzó el tiempo para rogarle a Galeano, como tantos, que pusiera su nombre junto al mío al frente de un ejemplar de Las venas abiertas de América Latina: “para Adonis. Eduardo”.

Después vuelvo a ver al Flaco, a la salida de Casa de las Américas, mientras Galeano sigue hablando en el aparato, y me recuerdo a mí mismo sumergido en esa muchedumbre de lectores y esnobistas todoterreno a la caza de un libro para regalarle a una mujer atravesada en mis párpados y en mi garganta: “Y luego está el espejo de nosotros. Uno en el que yo me miro a solas y nos veo juntos…. Toda una historia por contar”, le dije entonces a ella. Y esa ridícula confesión es lo que leo una y otra vez, en mi mente, frente a un Galeano televisivo y feliz de que el Flaco lo ande persiguiendo por La Habana antes de irse, más o menos para siempre, a Miami.

Noticia anterior

La maldición de los directores de béisbol

Siguiente noticia

Oh, Baltimore

adonis

adonis

adonis

adonis

Artículos Relacionados

Foto: Otmaro Rodríguez
Contrapesos

¿Hará suyo el pueblo un programa de reformas que desconozca o no trate adecuadamente sus realidades?

por Dr.C Juan Triana Cordoví
agosto 19, 2026
2

...

"En el mercado" (2024). Acrílico, lienzo. 132 x 92 cm. Foto: Cortesía del entrevistado.
De otro costal

Sinecio Cuétara: “Siempre he convivido con el artista que habita en mí”

por Alex Fleites
agosto 14, 2026
0

...

Ilustración: OC.
Sin Permiso

¿Hacia dónde vamos en Cuba? Tres posibles escenarios

por Ariel Dacal Díaz
agosto 12, 2026
1

...

Foto: EFE/ Ernesto Mastrascusa.
Allá nos vemos

Cuba no es un peligro, Cuba está en peligro

por Jorge Gómez Barata
agosto 12, 2026
2

...

Ilustración: Imagen generada con IA.
Dato y relato

El precio del aceite es el primer síntoma de un problema más grande

por Daniel Torralbas
agosto 11, 2026
4

...

Ver Más
Siguiente noticia

Oh, Baltimore

Foto: Claudio Pelaez Sordo

Un país pasado de peso

Comentarios 5

  1. JJ says:
    Hace 11 años

    Espectacular…

    Responder
  2. Dayana says:
    Hace 11 años

    He tenido tantos fogonazos con este texto: con ese flaco, con el gordo, con la literatura y la vida que cobran las palabras en la realidad, con esta terminal no tan frecuente en mi vida y una del centro que sufrí hace bien poco; y contigo, el pequeño.

    Responder
  3. Casimiro says:
    Hace 11 años

    Muy bien, Adonis… empecé a leer de prisa, como siempre, por pura curiosidad para pasar enseguida a otra cosa. Pero el texto me agarró y lo disfruté mucho hasta el final. Y también, mira que cosa, me recordó a mi mismo cuando tenía tal vez tu edad y escribía y leía como tú.

    Responder
  4. Adianez says:
    Hace 11 años

    Nunca dejes de escribir así Adonis. Uno empieza en la primera línea y no te abandona hasta el final, y siempre se queda una con ganas de más, de seguir leyéndote.

    Responder
  5. Guarina says:
    Hace 11 años

    Detrás de este texto hay un escritor. Felicidades

    Responder

Deja una respuesta Cancelar la respuesta

La conversación en este espacio está moderada según las pautas de discusión de OnCuba News. Por favor, lea la Política de Comentarios antes de unirse a la discusión.

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Suscríbete

Lo mejor de OnCuba, cada semana. ¡Únete a nuestra comunidad!

Más Leído

  • Presidente de JOLYNI S.U.R.L, Jorge Félix Peraza Noriega, caminando junto a paneles fotovoltaicos en La Habana. Foto:  Ernesto Mastrascusa/EFE.

    Una empresa privada cubana busca producir pastas alimenticias con energía solar, y ayuda del PNUD

    58 compartido
    Comparte 23 Tweet 15
  • Volver sobre las urgencias y el horizonte estratégico para las reformas económicas en Cuba

    53 compartido
    Comparte 21 Tweet 13
  • ¿Hará suyo el pueblo un programa de reformas que desconozca o no trate adecuadamente sus realidades?

    21 compartido
    Comparte 8 Tweet 5
  • Nueva “solinera” en La Habana para carga de vehículos eléctricos y uso comunitario

    21 compartido
    Comparte 8 Tweet 5
  • Exportaciones de México a Cuba se desploman en 97,1% en un año

    19 compartido
    Comparte 8 Tweet 5
  • Avería de fibra óptica interrumpe operaciones del servicio Nauta en Cuba

    17 compartido
    Comparte 7 Tweet 4

Más comentado

  • Foto: Otmaro Rodríguez

    ¿Hará suyo el pueblo un programa de reformas que desconozca o no trate adecuadamente sus realidades?

    21 compartido
    Comparte 8 Tweet 5
  • La Habana del centenario

    17 compartido
    Comparte 7 Tweet 4
  • Gaza: la crisis humanitaria a 300 días del alto al fuego

    2 compartido
    Comparte 1 Tweet 1
  • Dominicana da siete días a nueve diplomáticos cubanos para que abandonen el país 

    114 compartido
    Comparte 46 Tweet 29
  • El próximo líder de Cuba no hay que buscarlo en Washington

    117 compartido
    Comparte 47 Tweet 29

Cannabidiol

  • Sobre nosotros
  • Trabajar con OnCuba
  • Política de privacidad
  • Términos de uso
  • Política de Comentarios
  • Contáctenos
  • Anunciarse en OnCuba

OnCuba y el logotipo de OnCuba son marcas registradas de Fuego Enterprises, Inc, sus subsidiarias o divisiones.
© Copyright OnCuba Fuego Enterprises, Inc Todos los derechos reservados.

No Result
Ver todos los resultados
  • Cuba
  • Cuba-EE.UU.
  • Economía
  • Cultura
  • Cartelera
  • Deportes
  • Opinión
  • Podcasts
  • Videos
  • Especiales
Síguenos en nuestras redes sociales:

OnCuba y el logotipo de OnCuba son marcas registradas de Fuego Enterprises, Inc, sus subsidiarias o divisiones.
© Copyright OnCuba Fuego Enterprises, Inc Todos los derechos reservados.

Gestionar consentimiento
Para ofrecer las mejores experiencias, utilizamos tecnologías como las cookies para almacenar y/o acceder a la información del dispositivo. El consentimiento de estas tecnologías nos permitirá procesar datos como el comportamiento de navegación o las identificaciones únicas en este sitio. No consentir o retirar el consentimiento, puede afectar negativamente a ciertas características y funciones.
Funcional Siempre activo
El almacenamiento o acceso técnico es estrictamente necesario para el propósito legítimo de permitir el uso de un servicio específico explícitamente solicitado por el abonado o usuario, o con el único propósito de llevar a cabo la transmisión de una comunicación a través de una red de comunicaciones electrónicas.
Preferences
The technical storage or access is necessary for the legitimate purpose of storing preferences that are not requested by the subscriber or user.
Estadísticas
El almacenamiento o acceso técnico que es utilizado exclusivamente con fines estadísticos. The technical storage or access that is used exclusively for anonymous statistical purposes. Without a subpoena, voluntary compliance on the part of your Internet Service Provider, or additional records from a third party, information stored or retrieved for this purpose alone cannot usually be used to identify you.
Marketing
El almacenamiento o acceso técnico es necesario para crear perfiles de usuario para enviar publicidad, o para rastrear al usuario en una web o en varias web con fines de marketing similares.
  • Administrar opciones
  • Gestionar los servicios
  • Gestionar {vendor_count} proveedores
  • Leer más sobre estos propósitos
Ver preferencias
  • {title}
  • {title}
  • {title}
No Result
Ver todos los resultados
  • Cuba
  • Cuba-EE.UU.
  • Economía
  • Cultura
  • Cartelera
  • Deportes
  • Opinión
  • Podcasts
  • Videos
  • Especiales
Síguenos en nuestras redes sociales:

OnCuba y el logotipo de OnCuba son marcas registradas de Fuego Enterprises, Inc, sus subsidiarias o divisiones.
© Copyright OnCuba Fuego Enterprises, Inc Todos los derechos reservados.