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La locución ha acompañado los sueños y desvelos de Pedro Martínez Arcos, presentador del popular espacio televisivo Al Mediodía y de la revista cultural Así, de la emisora Radio Rebelde.
Quien se acerca a la trayectoria de Pedro Martínez Arcos (Sancti Spíritus, 1971) descubre a una persona amable y cercana, que desde temprana edad manifestó su inclinación y talento para esta profesión. La naturalidad y la creatividad son rasgos que lo han hecho ganarse al público, que ha seguido su recorrido y lo ha visto crecer en un oficio del que ha sabido extraer experiencias excepcionales.
Animador también de eventos culturales, ha desarrollado un estilo propio que le permite moverse con soltura entre distintos registros. Con más de dos décadas de entrega a la profesión, continúa afianzando su camino en la radio, la televisión y los escenarios, siempre en busca de nuevos retos como locutor.

¿La locución siempre ocupó un lugar privilegiado en tu vida?
La locución fue mi novia, con la locución me casé y la locución me va a enviudar. Creo que estaba en mis genes. Ha sido mi manera de demostrarme que transito por la normalidad. Llegué siendo adolescente a un curso de locución —un círculo de interés— en la Casa de Cultura de Sancti Spíritus, mi tierra natal. Un profesor de secundaria, al parecer, me vio tan tímido que quiso hacer algo para que socializara. Y funcionó, porque ahí descubrí que ese era realmente mi camino.
¿Es la radio el medio más desafiante para un locutor?
Sí, la radio es un medio desafiante, que te exige y te enseña. Quien transita con facilidad por la radio tiene un buen camino ganado en los demás medios. Hay quien la subestima, y está totalmente equivocado. Exige técnica y arte: dicción, interpretación, naturalidad y fluidez.
En la radio siempre hay que estar “de cuello y corbata” —hablando simbólicamente— a la hora de decir. Ahí radica tu elegancia. En la televisión el maquillaje y el vestuario te complementan; en la radio, en cambio, todo está en el buen decir, en la elegancia al comunicar y en la información precisa. Es, sin dudas, un medio muy exigente.

¿Te sientes más cómodo siguiendo un guion o improvisando?
Eso es relativo, en ocasiones es necesario el guión, solo que hay que ponerle bomba y corazón, pero la improvisación es una de las exigencias de la radio. No podrás improvisar si no te acompaña una buena preparación cultural.
El locutor debe conocer y estar listo para hablar al menos 10 minutos de cualquier tema. No es improvisar por improvisar, es decir frases con contenido, es informar al que te escucha. Me gusta mucho improvisar, y eso me obliga a estar preparado constantemente.
Formas parte desde hace más de una década del equipo de Al mediodía. ¿Qué exige un programa de este tipo?
Hace cerca de 14 años pertenezco al colectivo de Al mediodía. Ha sido un reto para mí. Cuando llegué al programa nunca había estado frente a una cámara de televisión. En mi provincia natal nunca tuve esa oportunidad. Más de una vez me dijeron que no tenía aptitudes para este medio y eso lo traía interiorizado. Cuando llegó el momento tuve que incorporar muchos elementos; creo que aún soy un aprendiz.
Todos los días aprendo de mis colegas y de la información que me va llegando. Al mediodía es un programa diario que te exige estar preparado —volvemos al tema de la preparación cultural— algo que en muchas ocasiones observo que falta.
No te puedes sentar frente a una cámara a hacer caritas, sonrisitas y guiñitos; debes sentarte a distraer, a informar y educar. Siempre es como si fuera mi primer día.

¿Es este el espacio que más te ha acercado al público?
Sin dudas Al mediodía es el espacio que más me acerca al público y en verdad eso lo disfruto. Una sonrisa y una palabra amable de un televidente es un regalo. También he recibido palabras no tan agradables. Las personas a veces tienen la desacertada costumbre de comparar y no se percatan que no todos somos iguales.
La televisión me ha hecho reconocido, pero también la radio me ha dado muchas satisfacciones. He tenido la dicha de trabajar en las emisoras Radio Rebelde y Radio Taino y en grandes transmisiones de los reconocidos programas Haciendo Radio y Así.
Te ves muy seguro frente a las cámaras, ¿lo eres realmente?
Volvemos a mi timidez, porque ese ha sido siempre un reto. Me pongo nervioso, pero hay que dominarlo, eso es lo que te hace artista. Tienes que ser tú, y ahí está la naturalidad; eres un personaje que se interpreta a sí mismo. En eso reside el artista: en la fuerza y la entrega frente a cámara. También intervienen el oficio y tú seguridad y preparación.

¿Cómo logras generar confianza con tus entrevistados?
Para generar ese ambiente de confianza es importante el respeto hacia el entrevistado, ponderarlo siempre y que sepa que él/ella es la figura principal. Además, tiene que percatarse de que tú lo conoces, aunque sea la primera vez que lo tienes delante.
No me permito llegar ante un entrevistado y preguntarle su nombre y qué hace. Eso para mí es una derrota y me molesta mucho. Ya debo saberlo.
Entre amabilidad y una conversación agradable logras todo del invitado.
¿Se terminan alguna vez los retos en un programa diario?
Es como la vida: nunca terminan los retos. En un programa diario siempre aparecen obstáculos, hay metas que cumplir, se exige superación constante.
Es como el poema “Ítaca”, de Constantino Kavafis, una de mis obras favoritas.

¿Es imprescindible tener una buena voz para ser locutor?
Es importante tener una voz radiofónica o agradable, pero no es lo más importante. Imprescindible es saber interpretar, tener buena dicción, fluidez, naturalidad, personalidad y saber entonar.
No haces nada teniendo una bella voz y que suene vacía. Es importante que la voz enamore por lo que dice, que seduzca por la información que da. Siempre es agradable una bella voz, pero si le falta lo demás, no funciona.
¿Qué diferencias existen entre la locución en radio y en televisión?
Se es locutor lo mismo para ambos medios. Solo que cada uno tiene sus códigos y características. La locución en la radio es bien compleja; son tus intenciones, tu información, tus aptitudes las que motivan la imaginación del oyente.
En la televisión la imagen te complementa y te apoya. En la radio está en tu manera de decir, en el respeto al micrófono. El sonido de tu voz y tu discurso en la radio son como la imagen en la pequeña pantalla.

¿Qué te une y qué te distancia de las nuevas generaciones de locutores?
Creo que en estos tiempos hace falta más recorrido. Te gradúas de un curso y ya crees que estás listo para hacer cualquier tipo de espacio. El curso te habilita, es una herramienta legal y el inicio del aprendizaje, pero cuando lo terminas aún no eres locutor. En mi época se caminaba de la mano de otros locutores con experiencia.
Cuando llegué a la radio solo se me permitía dar la hora y yo me preparaba para hacerlo diferente cada vez. Lo recuerdo y me da satisfacción y ganas de reír. Luego se me permitió hacer los boletines de noticias y con el paso del tiempo fui haciendo programas, primero grabados y luego en vivo.
Creo que en estos tiempos se le ha perdido el respeto a la locución y al locutor.

En esta profesión, ¿pesa más el talento o la dedicación?
Ambos. Tus aptitudes están en el talento, en la dedicación y entrega. Puedes tener todas las aptitudes que, si no te entregas, si no haces de la locución un sacerdocio, no triunfas. Es importante superarse a diario, eso le da matices a tu talento.
También has trabajado en la dirección de programas radiales. ¿Cómo ha influido eso en tu labor como locutor?
Cuando me pareció que como locutor ya me sentía seguro, entonces emprendí el camino de la dirección. Es muy importante para un director conocer el resto de las especialidades (el sonido, la locución, la musicalización, la asesoría) porque eres el máximo responsable de la transmisión, del producto que va a salir al aire.
Un programa de radio es una obra coral, hay que respetar y ponderar cada especialidad.
Dirigir me ha hecho respetar aún más la locución y al locutor. Cuando estoy detrás del micrófono me comprometo más con quien me está dirigiendo.
¿Responde la locución a la misma inquietud creativa que la conducción de eventos?
Somos locutores y debemos de estar listos para asumir el resto de las especialidades: la radio y la televisión, pero también el cabaret, un espectáculo en el teatro, un acto político o cultural.
No somos eruditos Todos tenemos fortalezas y debilidades. Pobre del que piense que es bueno en todo. A mi modo de ver, la locución en su más amplio sentido de la palabra responde a la misma actitud creativa.
¿La madurez es resultado del aprendizaje?
Van de la mano. Saber no ocupa espacio y siempre hay algo que aprender. Quien decida dejar de aprender, de superarse, ha fracasado. Todos los días maduramos y nuestro crecimiento depende de nuestras vivencias y saberes.
¿Qué ha sido más determinante en tu carrera: el respaldo de tus colegas o el del público?
Ambos. No podemos subestimar el criterio de ninguno. Un colega te sigue de cerca y te conoce; el público te sigue desde la distancia, pero también te conoce. El criterio de un oyente o de un televidente te ayuda a crecer.
Respeto y pondero a mis colegas y al público.
Has recibido reconocimientos como el Micrófono de la Radio Cubana o la medalla Raúl Gómez García. ¿Qué significan para ti?
Tengo el micrófono de la Radio Cubana, la Medalla Raúl Gómez García, el Sello Conmemorativo por los 25 años de la Asociación Hermanos Saíz (AHS), el Premio Caricato Enrique Almirante y varios Sellos conmemorativos de Radio Rebelde.
Ciertamente es de un orgullo y un valor tremendos, pero sobre todo es compromiso y responsabilidad.
No se puede perder la humildad y la sencillez por los premios. Hay que entregarse cada día más.
¿Has llegado a ser el locutor que soñabas?
No creo. Me falta mucho por aprender y por hacer. Faltan, estoy seguro, obstáculos y metas. Cuando crea que he llegado entonces significa que terminó mi vida profesional, y eso es lo último que quiero.











