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Con el número 25 en la espalda, un dorsal raro para el linaje de una familia beisbolera que ha llevado a planos estelares el 32, Víctor Mesa Jr. se ha convertido en uno de los nombres propios de la armada cubana en Grandes Ligas en 2026.
Quizás la evidencia más contundente llegó el pasado miércoles en el corazón de Nueva York, donde enterró a los mismísimos Yankees con un jonrón decisivo.
Pero el camino hasta ese swing ganador ha sido un tanto espinoso para el menor de los hijos de Víctor Mesa, quien justamente comenzó este año quedándose en el aire luego de que los Miami Marlins lo designaran para asignación el 3 de febrero. Ese movimiento generó incertidumbre y el lógico temor de no volver a contar con otra oportunidad.
Sin embargo, para el chico de 25 años fue un renacer.

La oportunidad de Tampa Bay
“Siempre he creído en Dios, en el trabajo duro, en ser una buena persona, ser un buen compañero y creer en mis habilidades. Las cosas no estaban saliendo bien, pero es parte del proceso, es la vida”, comentó hace unos días el patrullero antillano, quien ahora brilla con el uniforme de Tampa Bay.
Los Rays, precisamente, entraron en escena en febrero pasado. Lo rescataron de esas arenas movedizas y pusieron en sus manos la oportunidad de mostrar lo que valía, aunque tampoco por la vía fácil. Comenzó el año en Ligas Menores y sorteó casi un mes de lesión desde mediados de abril, hasta que finalmente recibió el llamado para el Big Show en mayo.
Razones no le faltaban ya a Tampa para apostar por la promoción. En 112 comparecencias al plato entre Triple-A (Durham) y Clase-A (Charleston), Víctor Jr. consiguió un OPS de .992, con una racha de 20 duelos consecutivos bateando de hit.
Velocidad, poder ocasional y defensa de élite dejaban atrás cualquier duda que se pudo generar tras la decisión de los Marlins de prescindir de sus servicios.
“Ni siquiera hizo el equipo en el Opening Day, pero los Rays sabían que lo tenían para la segunda mitad y han terminado protegiendo a Junior Caminero, un pelotero de 40 jonrones. Mira las cosas que está haciendo, defensivamente muy bien, la manera en que corre las bases… Este chico es una estrella”, apuntó sobre su coterráneo el comentarista Yonder Alonso, otrora figura antillana en MLB.
“Sabíamos que era un jugador muy atlético, de esos que lo tienen todo: potencia al bate, gran velocidad, excelente defensa y un brazo potente. Habíamos oído que mantenerse sano y disponible para jugar le costaba un poco, y nosotros mismos vivimos algo de eso… Pero una vez que logró mantenerse sano, supimos desde hace bastante tiempo que es un jugador con un talento extraordinario”, señaló, por su parte, Kevin Cash, mánager de los Rays.
La explosión
Un total de ocho peloteros utilizaron los Marlins en los jardines durante la temporada de 2026. De todos ellos, solo uno (Griffin Conine, .846) tuvo un OPS más alto que el de Víctor Mesa Jr. (.825) con los Rays y ninguno logró superarlo en slugging (.498).
Este último detalle habla de una explosión de poder nunca antes vista en el patrullero cubano, quien ha conseguido los mejores números de su carrera en jonrones.
Si sumamos su accionar en casi la mitad de la temporada de MLB (79 partidos) más una muestra de 26 encuentros en las Menores, el más joven de los Mesa acumula 19 vuelacercas en 2026. Eso, sin contar su bambinazo de la Serie Divisional contra los Yankees, que lo pondría con 20, superando su marca de 18 establecida en 2023, cuando solo se desempeñó en el nivel Doble-A con la sucursal de los Marlins (Pensacola).
“Siento que todo el trabajo que he estado haciendo en la jaula de bateo, en el gimnasio, en las sesiones de entrenamiento con mis coaches desde la temporada muerta hasta ahora, todo está saliendo. Voy al plato con un plan para pegarle a la pelota duro y, gracias a Dios, las bolas están saliendo. Hay que seguir trabajando”, sentenció el jardinero la pasada semana tras eliminar a los Yankees.
Ese ha sido el punto cumbre de una temporada muy consistente, con una línea ofensiva (Average/Promedio de embasado/Slugging/OPS) de .260/.327/.498/.825, la cual lo ubica en un grupo exclusivo de otros siete debutantes cubanos. Solo Esteban Montalvo (1923), Tony Oliva (1964), Yoenis Céspedes (2012), Yasiel Puig (2013), José Abreu (2014), Aledmys Díaz (2016) y Yordan Álvarez (2019) consiguieron números similares —o superiores— en sus temporadas de estreno en Grandes Ligas.
Según palabras del propio Víctor Jr., esto es fruto del trabajo físico individual y colectivo, pero también del soporte emocional y la confianza que le ha dado el staff de Tampa Bay, con quienes va a muerte.
“Nunca pensé que iba a jugar para los Rays, pero todo sucede por una razón. Ahora queremos más”, sentenció el caribeño luego de eliminar a los Yankees, pensando ya en un salto a la Serie Mundial que sería histórico.
Viviendo el sueño de todos
Víctor Víctor Mesa, el hermano mayor de Víctor Jr., tuvo una muy prematura irrupción en el béisbol cubano hace más de una década. Con los Cocodrilos de Matanzas, siendo todavía un adolescente, su padre lo hizo debutar hasta convertirlo en un jugador de todos los días en un equipo con muchos nombres de peso.
Excelso en la defensa del jardín central con un cañón en su brazo y un rayo en el corrido de las bases, Víctor Víctor reunía las condiciones para triunfar; de hecho, hasta logró hacer la selección nacional para la cuarta edición del Clásico Mundial en 2017. No obstante, siempre se le señaló que, por su temprana edad, le faltaba pulir herramientas de coordinación y poder en el rectángulo ofensivo.
Desde que el mayor de los hermanos Mesa comenzó su recorrido por el circuito nacional, ya se hablaba en los pasillos del béisbol cubano sobre el menor, quien para muchos especialistas y entendidos en la materia tenía más opciones de apuntar alto. Zurdo, explosivo, veloz, con poder, todos elogiaban su paquete de herramientas y, sobre todo, su carácter extremadamente competitivo, un calco del gran Víctor Mesa, la “Explosión Naranja”.
Y en honor a la verdad, con el tiempo Víctor Jr. ha terminado pareciéndose más a su padre que su hermano, y no por una cuestión de calidad o habilidad, sino justamente por personalidad.
“Mi padre me ha dado muchos consejos, siempre diciéndome que me tome mi tiempo en cada acción o que corra fuerte. Estoy agradecido de tener el padre que tengo”, reveló el actual jardinero de Tampa sobre la influencia del mítico 32 de la pelota cubana.
Y la mano —o los consejos de Víctor Mesa— se notan. El hoy jugador de los Rays tiene el mismo temperamento desenfadado y desafiante de su padre, reboza confianza en el más mínimo movimiento y da siempre la impresión de estar en control de la situación, ya sea en el diamante, delante de los micrófonos o en el cara a cara con los fanáticos.
A Víctor Jr. no le pesa la presión, disfruta estar bajo los focos, incluso en un escenario tan hostil como el béisbol profesional de Estados Unidos, donde se defiende hablando inglés cual nativo.
A pesar de estos detalles, la familia Mesa funciona como un bastión, sin celos y sin preferencias. Los dos hermanos emprendieron la aventura profesional tras salir de Cuba y ambos firmaron con los Marlins, caminaron de la mano, apoyándose en las sombras y el éxito. Víctor Jr. actualmente tiene mucho también de Víctor Víctor y de su padre.
“Cuando nos fuimos de Cuba, sabíamos que queríamos vivir momentos como este. Quiero agradecerle a mi hermano, porque él es una gran parte de por qué estoy aquí. Lamentablemente, no pudo llegar a MLB, pero digo que el plan de Dios es para todos, y siento que estoy viviendo por él, por mi papá, por toda mi familia y por todas las personas que están alrededor y que me ayudaron a llegar hasta aquí”, señaló el heredero de Víctor Mesa.













