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Una nueva avería en la infraestructura eléctrica provocó este sábado una desconexión parcial del Sistema Eléctrico Nacional (SEN) en la región oriental de Cuba, profundizando una crisis energética que condiciona desde hace años la vida cotidiana y la actividad económica del país.
El incidente ocurrió a las 12:46 del mediodía, cuando un disparo en la línea de transmisión de 220 kilovoltios que enlaza Nuevitas con Las Tunas provocó la salida parcial de la red en esa zona del territorio nacional.
La información fue confirmada por la Unión Eléctrica (UNE), que precisó en sus canales oficiales que las afectaciones se concentraron en el este de la isla, donde residen alrededor de 3,4 millones de personas.
Aunque la empresa no detalló el alcance exacto de la interrupción ni el número de provincias involucradas, el suceso se suma a una larga secuencia de fallos técnicos que han puesto en evidencia la fragilidad del sistema energético cubano.
La incidencia ocurrió en una jornada especialmente compleja. Horas antes, la UNE había pronosticado afectaciones que podrían alcanzar hasta el 60 % del país durante el horario de máxima demanda, entre la tarde y la noche, debido a la insuficiente capacidad de generación disponible.
La UNE prevé afectación de 1680 MW durante el pico eléctrico de este sábado
Un sistema bajo presión constante
La nueva avería llega en un escenario de fuertes déficits de generación y frecuentes interrupciones del servicio. Según los partes operativos de la UNE, seis de las dieciséis unidades termoeléctricas del país permanecían fuera de servicio este sábado debido a roturas o trabajos de mantenimiento.
Las limitaciones de generación obligan a aplicar extensos programas de apagones planificados que, en numerosas localidades, pueden prolongarse durante más de quince o incluso veinte horas diarias.
Las interrupciones eléctricas repercuten además en otros servicios básicos, como el abastecimiento de agua, las telecomunicaciones y el funcionamiento de centros productivos y comerciales.
Durante los últimos dos años, Cuba ha experimentado trece desconexiones generales o parciales de gran magnitud. Solo en lo que va de 2026 se han registrado ocho colapsos de la red nacional, una situación inédita en décadas recientes y que ha convertido la estabilidad eléctrica en uno de los principales desafíos para la economía y la población.
Deterioro tecnológico y bloqueo petrolero de Washington
Especialistas y autoridades coinciden en que la crisis energética responde a una combinación de factores estructurales y coyunturales. Por una parte, buena parte del parque termoeléctrico cubano supera varias décadas de explotación y opera con elevados niveles de desgaste tecnológico.
Las averías imprevistas, las limitaciones para acceder a piezas de repuesto y los prolongados ciclos de mantenimiento reducen de manera sistemática la capacidad de generación.
A esa realidad se suma la compleja situación del abastecimiento de combustible. Desde comienzos de año, las autoridades cubanas han denunciado la existencia de un bloqueo petrolero impulsado por Estados Unidos, que ha dificultado considerablemente la llegada de crudo y derivados necesarios para alimentar centrales eléctricas, motores de generación distribuida y grupos electrógenos de respaldo.
La escasez de combustible no solo limita la producción eléctrica habitual, sino que también disminuye la capacidad de respuesta del sistema ante emergencias. La imposibilidad de incorporar rápidamente generación de apoyo aumenta la vulnerabilidad de la red y retrasa los procesos de recuperación cuando se producen averías de gran escala.
Impacto económico y social
La crisis energética se ha convertido en uno de los principales factores que afectan el desempeño económico del país. La reducción de la actividad industrial, las dificultades en sectores productivos estratégicos y el impacto sobre los servicios estatales han contribuido al deterioro de los indicadores económicos.
Estimaciones recientes apuntan a una contracción de la economía superior al 10 % durante el presente año, después de varios ejercicios consecutivos de decrecimiento. Las interrupciones eléctricas también repercuten directamente en los hogares, donde la conservación de alimentos, el acceso al agua potable y las comunicaciones dependen cada vez más de un servicio eléctrico estable.
En numerosas comunidades, los apagones prolongados han modificado rutinas laborales y familiares, obligando a reorganizar horarios y actividades en función de la disponibilidad de electricidad.
La apuesta por las energías renovables
Ante el deterioro de la infraestructura tradicional, el Gobierno cubano impulsa un programa de expansión de las energías renovables, con énfasis en la construcción de parques fotovoltaicos. El proyecto, que cuenta con cooperación tecnológica y financiera de China, busca reducir la dependencia de los combustibles fósiles importados y aumentar la resiliencia del sistema eléctrico.
De acuerdo con datos oficiales, las fuentes renovables aportan actualmente alrededor del 21 % de la matriz energética nacional. Aunque el crecimiento del sector solar representa una de las principales apuestas estratégicas para los próximos años, especialistas consideran que sus beneficios plenos dependerán del desarrollo paralelo de sistemas de almacenamiento, modernización de redes y recuperación de la generación convencional.
Mientras esos proyectos avanzan, la red eléctrica cubana continúa enfrentando un escenario de alta fragilidad operacional. La desconexión parcial registrada este sábado constituye un nuevo recordatorio de las tensiones que atraviesa el SEN y de la magnitud de los retos que enfrenta el país para garantizar un suministro eléctrico estable y sostenible.











