La nueva edición del Diccionario de la lengua española (DLE) llegó con varios cubanismos, entre los que se encuentran “cocotaxi”, “agromercado”, “bajichupa” y un saludo que emergió de a poco hasta imponerse en el habla coloquial, como es el caso de “asere”.
El hecho ha trascendido en la presentación por la Real Academia Española (RAE) y la Asociación de Academias de la Lengua Española (ASALE) de la 24.ª edición del DLE, hecho ocurrido ayer viernes.
Ya en mayo pasado se confirmaban los cubanismos seleccionados por un equipo de expertos encargado de realizar “un meticuloso proceso de investigación para seleccionarlos” como formas representativas del español de Cuba. En total se trata de 100 vocablos.
¿Dímelo, Asere?, y el “bajichupa”
Asere, el saludo recurrente que ha ido ganando terreno en las calles de la isla, ahora quedó impreso en la nueva edición.
Sinónimo de amigo, amiga, colega, pana, compadre, cuate, cuata, pata, el DEL suscribe que asere es aquella “persona con quien existe una relación de amistad muy cercana” o apelativo usado en la isla “para dirigirse a una persona en tono de confianza”.
Se trata de “un cubanismo ya clásico”, que “viene de la oralidad”, decía para OnCuba Jorge Fornet, presidente de la Academia Cubana de la Lengua, quien también comentó: “Uno de los cubanismos más sorprendentes, para mí, es bajichupa. También está documentada y entró en la selecta lista de las 100″.
El DLE describe el término “bajichupa” como una “prenda de vestir femenina, generalmente ajustada, que deja los hombros al descubierto, cubre el pecho y puede llegar hasta la cintura”.
Del coco amarillo al puesto de viendas
En el caso de Cocotaxi, el DLE lo define como un triciclo con motor empleado como transporte urbano de pasajeros, con asiento doble detrás del conductor y una carcasa semiesférica que le da nombre y silueta.
“Agromercado”, por su parte, queda registrado como el establecimiento donde se agrupan varios puestos de venta de productos agrícolas, un espacio conocido por los cubanos y difícil de nombrar, hasta ahora, en un diccionario, ya que no es verdulería, venduta ni algo parecido; se le describe como sinónimo de “feria” o “mercado”.
Una edición “nativa digital”
La obra reúne 99 990 artículos y cerca de 209 000 acepciones. Su versión en papel, editada por Espasa, consta de dos volúmenes en tapa dura y 3606 páginas, y está en librerías desde el 21 de octubre. Las novedades ya se consultan en dle.rae.es.
Por primera vez en su historia, el ejemplar de papel se confeccionó a partir de la edición digital y no al revés. La RAE la describe como la primera edición nativa digital.
El director de la Real Academia Española (RAE), Santiago Muñoz Machado, recordó que el diccionario en línea recibe 100 millones de visitas al mes y defendió mantener el papel por la posibilidad de “consultas reposadas”. La edición coincide, además, con los trescientos años del primer volumen del Diccionario de autoridades, publicado en 1726.
De “las Antillas” a Cuba
Las marcas geográficas supranacionales de la edición anterior (América, América Meridional, América Central y Antillas) fueron sustituidas por las de países concretos en esta edición. Una voz ya no será simplemente “antillana”: será de Cuba, Puerto Rico o República Dominicana, según corresponda. El diccionario contiene 20 672 acepciones con alguna marca de países americanos.
En ese mapa aparecen también “corillo” (Puerto Rico), “sonear” (Puerto Rico: cantar improvisando a ritmo de salsa) y “motoconcho” (República Dominicana). Entre las acepciones enmendadas figura “guaguancó”, definido como género musical popular típico de regiones caribeñas, con predominio de la percusión.
El español de hoy
En el DLE entran también voces como “influencer”, “inteligencia artificial generativa”, “ciberseguridad”, “pódcast”, “código QR”, “ecoansiedad” y “turistificación”.
Cien años de la Academia Cubana de la Lengua: “Nadie puede hablar el cubano mejor que nosotros”
Otra novedad de fondo es que las acepciones se ordenan ahora por frecuencia de uso y relación de significado, no por categoría gramatical.
La académica Paz Battaner, directora de la edición, resumió el espíritu de la obra: los diccionarios solo pueden explicar el uso de las palabras “en un momento dado”, y por eso deben evolucionar para seguir siendo útiles.












