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Lejos de la bahía, el centro histórico, la Rampa y otros lugares icónicos de La Habana, está la Lisa. Este municipio, ubicado en la parte oeste de la capital cubana, no es ciertamente el que más viene a la mente cuando se piensa en las zonas más representativas de la ciudad, pero no por ello es menos habanero.
Con una identidad formada entre antiguos caminos y poblados que crecieron alrededor del río Quibú, esta localidad se expandió desde un antiguo asentamiento a inicios del siglo XIX hasta integrarse, en 1976, a la actual división político-administrativa. Así, desde su condición de periferia, construyó su propia dinámica, al tiempo que estrechó su conexión con el resto de la urbe.


La avenida 51 funciona como uno de los ejes más reconocibles de La Lisa. Por ella se entra desde Marianao y se atraviesa buena parte de su vida cotidiana: comercios, paradas, casas, instituciones, gente que viene y va. El Puente de La Lisa, también llamado de Arango, se levanta sobre el Quibú desde hace más de un siglo y sigue marcando, más que una frontera exacta, una puerta simbólica hacia el municipio.
En ese recorrido aparecen varios de sus puntos de referencia. Está la Fuente, punto de paso y encuentro, cercana al Hospital Ortopédico Frank País, a su vez una de las instituciones más reputadas de la localidad. Está también el Paseo de La Lisa, asociado a los trayectos diarios y la vida de barrio, y el museo del municipio, que preserva una parte de la memoria local.


La Lisa es más que un territorio residencial. Además del Frank País, allí se encuentran asimismo el Instituto de Medicina Tropical Pedro Kourí y el Instituto Finlay, dos centros que insertan al municipio en el mapa científico y sanitario nacional. Esa convivencia resume parte de su carácter: una Habana de periferia que, al mismo tiempo, exhibe servicios y sitios de referencia en el país.
A ello une otros espacios y lugares menos conocidos, pero de relevancia para quienes viven en la zona, y también de valor sentimental para los que, una vez fuera del municipio, incluso, del país, se empeñan en mantenerlo vivo en su memoria y añoranza.


Como el resto de la capital y de toda Cuba, La Lisa no escapa a los efectos de la crisis. El deterioro de espacios urbanos, las enormes dificultades del transporte, la precariedad de los servicios, las carencias y la presión cotidiana sobre las instituciones y negocios forman parte de una imagen que se repite también allí.
Aun así, el municipio conserva sus propios ritmos y símbolos, su propia rutina e identidad. Y, a la vez, aunque menos visible, sigue siendo parte ineludible del entramado citadino de La Habana. Así nos los muestra hoy a través de sus imágenes el fotorreportero Otmaro Rodríguez.





















