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El jefe del Comando Sur de Estados Unidos, general Francis L. Donovan, se reunió este viernes con altos oficiales de las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR) de Cuba en el perímetro de la Base Naval de Guantánamo, territorio ocupado por Washington desde 1903.
El encuentro, confirmado por el propio Comando Sur y por fuentes diplomáticas, y difundido por agencias internacionales de noticias, incluyó al general de cuerpo de ejército Roberto Legrá Sotolongo, primer viceministro de las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR ) y jefe adjunto del Estado Mayor General.
Ambas delegaciones discutieron asuntos de seguridad operativa vinculados a la zona fronteriza de la instalación militar estadounidense.
Seguridad en la base naval
Según un comunicado oficial, “el general Donovan también lideró una evaluación de la seguridad perimetral y discutió protección de la fuerza, seguridad de los militares y sus familias, y preparación operacional con los responsables de la base”.
La Base Naval de Guantánamo constituye un centro estratégico para las operaciones de Estados Unidos en el Caribe y el hemisferio occidental. Su presencia ha sido denunciada por Cuba como una ocupación ilegal y un símbolo de la política de hostigamiento de Washington.
Contexto de tensión creciente y visitas inesperadas
La reunión se produce en un momento de elevada tirantez entre Washington y La Habana. El Departamento de Justicia estadounidense presentó el 20 de mayo cargos de asesinato contra el expresidente Raúl Castro por el derribo en 1996 de dos avionetas de exiliados cubanos en Miami, un hecho que Cuba considera cerrado y manipulado políticamente.
El canciller cubano Bruno Rodríguez advirtió que cualquier acción militar “provocaría un baño de sangre” en el que morirían miles de cubanos y estadounidenses. La Habana ha denunciado además maniobras militares en el Caribe y vuelos de drones espía como parte de una estrategia de presión.
El encuentro en Guantánamo siguió a una visita a La Habana a inicios de mayo del director de la CIA, John Ratcliffe, quien compartió información y enfoques son su contraparte cubana, entre ellos el ministro del Interior, el general de cuerpo de ejército Lázaro Alberto Álvarez Casas.
El presidente Donald Trump ha reiterado que Cuba figura entre sus objetivos de política exterior en su segundo mandato y ha proclamado sin ambages que se enfocará en la isla una vez concluida la guerra con Irán.
El secretario de Estado Marco Rubio, hijo de inmigrantes cubanos y posible aspirante presidencial en 2028, ha calificado a Cuba como un “Estado fallido” a solo 145 kilómetros de Florida.
El 5 de mayo, Rubio y Donovan posaron frente a un mapa de Cuba en una publicación en X del Comando Sur, señalando que las conversaciones se centraron en “los esfuerzos de EE.UU. para contrarrestar amenazas que socavan la seguridad, la estabilidad y la democracia en nuestro hemisferio”.
El cerco petrolero y la economía cubana
Además de las presiones políticas y militares, Cuba enfrenta un cerco energético impuesto por Washington. Trump ha amenazado con aranceles a países que suministran combustible a la isla, lo que ha derivado en apagones prolongados y nuevos golpes a la ya debilitada economía nacional.
“Este bloqueo de combustible nos ha hecho un daño que no se mide”, declaró recientemente Rodríguez, subrayando que la política estadounidense afecta no solo la economía, sino también la cultura económica del país.
En lo que va de año, solo ha entrado un barco de petróleo a Cuba, el ruso Anatoly Kolodkin, con unas 100 mil toneladas de crudo, como ayuda humanitaria y bajo el visto bueno de Washington que de facto mantiene un patrullaje naval y aéreo constante en todo el Caribe.
Un territorio en disputa y reclamado por La Habana
La reunión entre Donovan y Legrá Sotolongo es la primera en décadas entre un jefe del Comando Sur y altos oficiales cubanos en Guantánamo. En el pasado no fueron extraños intercambios entre los mandos del enclave militar estadounidense y sus contrapartes de la isla.
Cuba ha reclamado de manera constante y diplomática la devolución de la Base Naval de Guantánamo, ocupada por Estados Unidos desde 1901 bajo el Tratado de Reciprocidad y el Acuerdo Permanente de 1934, ambos considerados por La Habana como impuestos en condiciones de desigualdad.
El gobierno cubano sostiene que la presencia estadounidense en ese enclave de 117 kilómetros cuadrados constituye una violación de la soberanía nacional y del derecho internacional, y ha reiterado en foros como la Asamblea General de la ONU y el Movimiento de Países No Alineados que la restitución del territorio es condición indispensable para normalizar las relaciones bilaterales.
La Base Naval de Guantánamo es considerada uno de los puntos más minados y fortificados del planeta al estar rodeado por miles de minas antipersonales y antitanques colocadas en la franja limítrofe con el territorio cubano.
Aunque en 1996 Cuba retiró sus minas como gesto de distensión, el Pentágono mantiene todavía un cinturón de seguridad reforzado con sensores, alambradas y dispositivos explosivos, lo que convierte a Guantánamo en un enclave militar de altísimo riesgo y en un símbolo de la ocupación estadounidense denunciada por La Habana.











