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Obligado por las circunstancias, el Gobierno de Cuba avanza en la reorganización del comercio minorista y mayorista con nuevas reglas para ampliar la participación del sector privado y modificar la gestión de mercados en manos del Estado.
Dos de las fórmulas son los Mercados de Barrio, destinados a la venta de productos básicos a la población; y los Mercados de Abasto, concebidos como espacios para las operaciones mayoristas.
Las disposiciones forman parte del paquete de 176 medidas de transformación económica anunciado por las autoridades y fueron publicadas esta semana en la Gaceta Oficial.
Entre ellas figuran la Resolución 16/2026 del Ministerio de Comercio Interior, que establece las normas para el funcionamiento de los Mercados de Barrio; y la Resolución 13/2026, que regula el nuevo Mercado de Abasto, señaló el periódico Granma.
Las medidas llegan en un escenario de fuerte contracción de la actividad comercial, marcado por el desabastecimiento y las dificultades para garantizar la llegada de productos a la población.
La propia normativa reconoce problemas como la “contracción en el arribo de productos”, el déficit de combustibles y las dificultades que afectan la distribución y la satisfacción de los consumidores.
Mercados de Barrio: tiendas estatales bajo gestión privada en Cuba
La Resolución establece los Mercados de Barrio como una modalidad de gestión de establecimientos seleccionados de la red estatal.
Las tiendas podrán ser administradas mediante licitación por mipymes, cooperativas no agropecuarias, trabajadores por cuenta propia, empresas e incluso modalidades de inversión extranjera.
El mecanismo contempla que los operadores asuman la gestión y comercialización de los establecimientos mediante contratos con las empresas estatales propietarias.
A cambio, la normativa establece incentivos para quienes se hagan cargo de los locales.
Entre ellos se encuentra la exoneración del pago del arrendamiento durante los primeros dos años, con posibilidad de extender el beneficio si el operador realiza inversiones en el establecimiento.
Las inversiones efectuadas también podrán descontarse de las utilidades que correspondan a la empresa estatal propietaria.
La norma establece además que los trabajadores que ya laboraban en los establecimientos tendrán prioridad para ser contratados por el nuevo operador.
Mercado del Barrio: alianza estatal y privada para revitalizar el comercio en tiempos de cambios
Un mercado minorista para artículos de primera necesidad
Los Mercados de Barrio estarán destinados principalmente a productos de primera necesidad.
La lista incluye alimentos como arroz, azúcar, aceite, pollo, huevos, leche en polvo, pastas, granos, café y productos cárnicos, además de artículos de higiene y aseo como jabón, detergente, papel sanitario, desodorante y crema dental.
Asimismo, la regulación permite incorporar otros artículos considerados de primera necesidad, aunque estos no necesariamente se beneficiarán de las ventajas fiscales previstas para el programa.
Precisamente, el Ministerio de Finanzas y Precios estableció incentivos tributarios para estos establecimientos.
La Resolución 161/2026 contempla una bonificación del 5 % en el Impuesto sobre las Ventas para las operaciones minoristas vinculadas al Mercado de Barrio y exonera de ese impuesto a los actores no estatales que comercialicen al por mayor productos destinados a estos establecimientos.
La normativa también contempla modalidades de comercio electrónico y ventas en moneda extranjera cuando el pago se realice desde el exterior, una posibilidad que amplía las vías de captación de divisas dentro de la nueva estructura comercial.
Mercado de Abasto: un nuevo espacio para el comercio mayorista
En paralelo, el Gobierno creó el Mercado de Abasto, regulado por la Resolución 13/2026, como una fórmula para reorganizar las operaciones mayoristas.
La normativa define estos establecimientos como espacios en los que vendedores y compradores mantienen relaciones comerciales mediante múltiples transacciones bajo el principio de oferta y demanda.
En ellos podrán participar empresas estatales y privadas, productores nacionales y locales, importadores, comercializadores y actores con inversión extranjera.
El objetivo es concentrar en estos espacios operaciones de compra y venta al por mayor, de manera que tanto personas naturales como negocios puedan adquirir mercancías en diferentes formatos.
El nuevo modelo incorpora además un sistema de membresía para los compradores habituales, que podrá ofrecer descuentos y otros beneficios, en una fórmula similar a la utilizada en grandes mercados mayoristas internacionales.
Mercados en pesos cubanos y en divisas
Al igual que los Mercados de Barrio, los centros de abasto podrán operar tanto en moneda nacional como en divisas.
Esta posibilidad adquiere especial relevancia en un contexto en el que el acceso a productos importados y la disponibilidad de moneda extranjera se han convertido en elementos centrales del comercio cubano.
Las nuevas regulaciones representan otro paso en la transformación del modelo comercial de la isla: el Estado mantiene la propiedad de parte de la infraestructura, pero abre su gestión y determinadas operaciones a empresas privadas, cooperativas, trabajadores por cuenta propia e inversores extranjeros.
El resultado dependerá de la disponibilidad real de mercancías, de las posibilidades de importación y del acceso de la población a productos cuyos precios siguen condicionados por la inflación, la escasez y la pérdida del poder adquisitivo, un escenario agravado por el endurecimiento de las sanciones de EEUU.












