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Cuarenta y ocho años antes de que el papa Benedicto XV proclamara a la Caridad del Cobre, advocación cubana de la Virgen María, como patrona de nuestro país (1916), ya los independentistas que luchaban en la manigua contra la colonia española la habían acogido como Virgen Mambisa. A ella se encomendaban antes de cargar, machete en mano, contra un ejército profesional y mucho mejor armado; a ella le confiaban sus penas; y a ella le dedicaban las sangrientas victorias.
Entre 1612 y 1613, apareció la imagen de la Virgen de la Caridad en la Bahía de Nipe flotando sobre una tabla, probablemente restos de algún naufragio, y fue hallada por tres jóvenes esclavos que andaban buscando sal. Su primer santuario se construyó con pencas de guano y tablas de palma, como las viviendas de nuestros campesinos. Una edificación nada suntuosa en consonancia con su condición de virgen de los pobres.
Cada 8 de septiembre la Iglesia Católica celebra otro aniversario del natalicio de la madre de Dios; por eso la fecha se conoce como Día de la Purísima en algunas tierras de Latinoamérica. En Cuba, la Caridad se asocia con la diosa Oshún, del panteón Yoruba, de modo que católicos y practicantes de la Regla de Osha se unen en un solo festejo, lo que evidencia el profundo sincretismo religioso de nuestra población.
Pero más allá de credos y dogmas, la Caridad del Cobre es un fuerte ingrediente en la formación de la identidad de nuestro pueblo. Creyentes, agnósticos y ateos nos reconocemos como hijos suyos. Somos, a fin de cuentas, hermanos. Bien o mal llevados, depende de los posicionamientos políticos de los extremos, pero hermanos al fin, ungidos por el sentido de pertenencia a un ámbito simbólico mayor que nos contiene y nos ampara.

En el espacio Barcelona
Los jóvenes artistas que animan y dan sentido al Espacio Barcelona, en Centro Habana, convocaron ayer a un grupo de colegas mayores —tres premios nacionales de artes visuales, entre ellos— para que se sumaran al tributo que, desde meses atrás, planeaban ofrecer a la también llamada Madre Amantísima. Sería algo más que una muestra colectiva para no dejar pasar una efeméride de gran trascendencia, la ocasión de reunirse en comunión ecuménica con amigos, paseantes ocasionales y gente del barrio: dar fe —esa es la palabra exacta— de que, a pesar de los numerosos desalientos que nos infringen las penurias cotidianas, más allá de que la deteriorada ¿economía? y la torpe y/o cruel política nos empujen a muchos a abandonar el país que amamos, seguimos sintiendo orgullo sano por haber nacido de este lado del mar, tierra feraz de grandes mujeres y hombres que, a lo largo de los siglos que llevamos pugnando por ser, han establecido una marca universal, ya fueran artistas, científicos, escritores, deportistas, pensadores, líderes obreros y pedagogos. Sin chauvinismo ni nacionalismos que enferman el alma. Ni más ni menos que otros pueblos. Simplemente cubanos.


Así es que se abrió la muestra en un ambiente de alegre fraternidad. Las obras que estarán llenando las paredes de la galería por dos meses son muy buenas, diversas, y expresan la manera peculiar que tiene cada artista para acercarse a un tema inagotable asociado al misterio y la esperanza de nuestra virgen coronada.

Los artistas
De los participantes, solo cuatro crearon sus piezas para la ocasión: los maestros Zarza y José Toirac, y los jóvenes Roniel Llerena y Luis Mijares. Zarza quiso recordar las dos peregrinaciones de la Virgen por el país: la de 1951-52, para celebrar los cincuenta años de la independencia de España, y la de 2010-2011, por los cuatro siglos de culto a la venerada imagen, señalada por un periodista mexicano como “la mayor movilización católica que se haya celebrado en 60 años”, contando a partir de 1959.
La obra de Zarza presenta a dos bueyes famélicos tirando una carreta con la imagen. “De hacer una peregrinación de la Virgen hoy, debido a la falta de combustible, habría que acudir a medios rudimentarios de transporte, y la Virgen transitaría entre los repulsivos basureros diseminados por todo el país”, dice Zarza. Y continúa: “Celebremos el Día de la Caridad y roguemos por que nos dé mucha salud en este otro aniversario.”
Dice José Toirac, señalando su pequeña pieza: “Esta obra forma parte de una serie de acuarelas que inicié en el 2016, titulada “Crisis a los 50. Ninguna historia es inocente”. Es una colección que encarna lo local (en cada objeto “cubano” que aparece) y lo universal (la foto de internet que constituye el punto de partida de cada pieza de la serie). Literalmente, lo que cada pieza muestra (su cara pública) es un objeto local. Pero lo que esconde (lo privado que no se ve, pero que también la constituye) es universal por el tema de la foto: el amor, el sexo, el erotismo y hasta la pornografía no tienen fronteras. (…) Finalmente la acuarela y la foto forman parte de la misma obra. La foto generalmente la pongo al dorso y no se muestra al público.” Agrega que quiso sumar su tributo a Tributo porque La Virgen de la Caridad del Cobre es la madre espiritual nuestra, bajo cuyo manto TODOS tenemos cabida.” E insistió en que ese “todos” fuera con mayúsculas.

Por su parte, Roniel Llerena nos comparte las motivaciones que lo animaron a crear su pieza: “La obra habla de los procesos migratorios de los cubanos. Muchos, al partir, se llevaban una estampa de la Virgen de la Caridad e, incluso, hasta le hacen promesas pidiendo por una llegada a salvo al punto de destino. Otros, simplemente la suman a los equipajes como una forma de mantener latente su cultura.” Pero la Virgen no aparece en el cuadro, le digo. Responde: “La ausencia de la Caridad en la obra se refiere a lo que vino después… Muchos regresaron transculturizados, muy materialistas, con una fe vacía, donde lo que importa es lo banal; en algunos casos ni siquiera ya velan por sus familias. Falta la Virgen en sus corazones, como en la obra.”
Luis Dayán, el más joven del grupo, dice que su Virgen de la Caridad, “al abrazar a su hijo, encarna el refugio maternal que sostiene la fragilidad humana y la transforma en esperanza. El gesto del abrazo no es solo físico: es un símbolo de amparo divino, donde el cuerpo se convierte en santuario y el contacto, en puente entre lo terrenal y lo celestial.”
“Esperando el milagro” es el título de la aportación de Roberto González. Nos comparte la lectura que hace de su obra: “En mi caso, no abordo la temática de la Virgen desde un punto de vista religioso, porque no lo soy. Pero la imagen de la Virgen es una de las pocas cosas que unen en un mismo deseo a un intelectual, a un señora de barrio, a un rico, a un pobre, a un militar, a un loco… Es parte de la cultura nacional, trasciende, incluso, la propia religiosidad. Para mí es símbolo de protección y de esperanza, por eso en esta obra sustituyo el botecito con los tres juanes por un sofá de tres plazas, algo maltratado, como símbolo de la espera que no claudica, a pesar del tiempo que pueda demorar el milagro.”

Alicia Leal cree haber logrado plasmar una “imagen de femenina pureza en su perfección de mujer, en su maternidad espiritual. Naturaleza viva. Vínculo que nos rodea con la ternura y la pasión. La Virgen nos muestra el camino hacia lo eterno y lo perdurable del amor. ¡Lo que tanto se necesita en estos tiempos que vivimos!” Llama la atención que en su pieza, con su personal desborde lírico, los juanes sostengan a la virgen sumergida en el mar, con el agua al cuello.
El tema de las vírgenes es recurrente en la ya extensa obra de Moisés Finalé. Según nos contó, la primera apareció en 1989, en una muestra en Francia, y la hizo para recordar “la cultura popular de la que había bebido en Cuba”. “Mis vírgenes abundan; no responden a un canon específico, van surgiendo (…) en medio de las circunstancias, de los lugares que habito. En México pinté la Virgen de Guadalupe, según mi visión del momento. Cuando llegué a Cuba, inspirado por la locura que era entonces la fábrica de arte, hice la Virgen de la Fábrica, para los fabricantes de arte. Esta nueva serie, de la que presento una pieza escultórica en “Tributo”, es también el resultado de esas apariciones, de esa necesidad de la fe, de esa necesidad de rogar, de pedir, de creer. Esta virgen puede vivir en el mar, en la tierra; aparece sostenida por dos escaleras. Mi virgen levita, mi virgen lucha por estar a salvo.”
Con Lázaro Saavedra no pude contactar. Su obra, de gran densidad simbólica, nos muestra a la Virgen con un remo en la mano; el mar es de tormenta, la barca se ha partido, y la zozobra parece inminente. “Con la fuerza del ejemplo” es una pieza de 1993. Como discursa sobre esencias, su actualidad parece que va a prolongarse por mucho tiempo.

“La virgen del barquito” es la obra de Juan Moreira (La Habana, 1938-2022) que Alicea Leal, su viuda, quiso incluir en la ofrenda a Cachita. Se trata de una Venus exuberante que muestra cierto parentesco –muy estilizado– con las venus paleolíticas. Expresa, desde mi punto de vista, la sensualidad desbordada con que se ha fijado en el imaginario colectivo la mujer cubana.
El curador
Jorge de Mello es el curador de Tributo. Por su amplia experiencia en ese oficio, tanto en Cuba como más allá de nuestras fronteras, es conocido y respetado. A su prestigio, profesionalidad y “buena onda” se debe el éxito de esta colectiva. Se vio en la siempre difícil situación de rechazar a algunos aspirantes por razones de espacio. “Muchos fueron los llamados, pero pocos los elegidos”.
Nos cuenta que la idea de producir la exposición Tributo, dedicada a la Virgen de la Caridad, surge a partir de que Roniel Llerena realizara su obra “Absent”, en fecha próxima a la que en cada año los cubanos conmemoran un aniversario más del nacimiento de la Virgen María.

color, 40.5 x 34 cm.
“En los momentos tan graves que está atravesando la patria –comenta–, nos pareció oportuno invocar a la Virgen de la Caridad del Cobre, Cachita, ya que es considerada protectora y madre de todos los cubanos.”
En letras grandes, a la entrada de la sala, aparece en una pared el tributo del poeta cubano Luis Lorente (Cárdenas, 1948). La primera décima de un díptico. Los visitantes, muy numerosos, unánimemente se reconocieron en sus versos. Aquí copio las dos.


Virgen de la Caridad
Acoge, alza, sostén,
bríndate, convida, abraza,
toma un sillón de mi casa,
esta misma tarde, ven.
Cruza el ocaso, el vaivén
del oleaje, los ciclones,
enciende en mí las pasiones,
sé tú la luz de la tarde,
sé el cañaveral que arde,
quédate, no me abandones.
Virgen de la Caridad,
habla y camina conmigo,
suplico, cuando te digo
Virgen de la Caridad,
extiende aquí esa bondad,
contéstame los reclamos,
entra al sitio donde estamos,
siempre sirviendo la mesa,
dinos tú qué luna es esa
que en la noche hoy encontramos.













