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Antes de los escenarios, las cámaras y los personajes que hoy la reconocen ante el público cubano, Clara García conoció la actuación de la mano de su padre y entre niños, en el universo del clown.
A los 16 años llegó a la Escuela Nacional de Arte (ENA), después al Instituto Superior de Arte (ISA), y emprendió una formación que no solo le dio herramientas para construir personajes, sino que terminó convirtiéndose en una manera de entender la vida.
El público la ha acompañado en personajes como Laura, en Mucho ruido; Amalia, en Calendario; Amanda, en Entrega; y Lía, en Los colores de la vida, además de sus participaciones en Las reglas de Rodo y la película Estrés. En cada uno ha dejado algo de sí, pero también ha descubierto zonas nuevas de su propia historia. Amalia, por ejemplo, la llevó de regreso a la adolescencia que vivió junto a su abuela en Artemisa; Lía le devolvió preguntas sobre los sueños, la maternidad y las decisiones que impone la vida; mientras que otros personajes la han obligado a explorar emociones y experiencias alejadas de su realidad.

Cuando Clara habla de actuación, no lo hace únicamente desde la profesión. Habla de intuición, de fe, de vínculos, de la necesidad de comprender antes que juzgar y de esa búsqueda permanente de una verdad propia para poder ponerse al servicio de otra vida. La actriz entiende el escenario y la pantalla como espacios de transformación, pero también como un espejo, pues mientras construye a sus personajes, se reconstruye a sí misma.
Hoy, desde Bauta, enfrenta las dificultades que supone vivir lejos de los principales espacios de creación y los altos costos del transporte hacia La Habana. Extraña el teatro, desea hacer más cine y lamenta las pocas oportunidades para los actores cubanos. Sin embargo, conserva intacta la voluntad de seguir creando. Su historia, en ese sentido, tiene algo de los personajes que ha interpretado: mujeres que persiguen un sueño, regresan a sus orígenes, se enfrentan a las circunstancias y vuelven a elegir aquello que aman.
¿Egresar de las escuelas de arte de nuestro país es una ventaja cuando se comienza en esta profesión?
Poder graduarme tanto de la Escuela Nacional de Arte (ENA) como del Instituto Superior de Arte (ISA), y contar con todas las herramientas que te brindan los profesores para luego salir y enfrentarte a una obra de teatro, al cine o a la televisión, es una bendición.
Hay muchos actores con talento que no pasaron por una escuela y que, sin embargo, estudian y están muy preparados para actuar.
En mi caso, pienso que es maravilloso poder pasar por una escuela de arte. Los mejores tiempos que tuve fueron cuando estudié en la ENA y después en el ISA. Las escuelas te brindan una cultura general con la que puedes tener más herramientas a la hora de enfrentarte a la creación de un personaje.
¿Te iniciaste muy joven en el mundo de la actuación? ¿Por dónde iban tus sueños a esa edad?
Cuando empecé en la ENA tenía apenas 16 años y mis mayores sueños en ese momento eran aprender mucho de actuación y ser muy buena alumna. Quería ser una gran actriz, estar bastante tiempo en La Habana y enamorarme. Tenía muchos deseos de aprender; por ahí iban mis sueños.
De tu papá heredaste el amor por el trabajo con los niños. ¿Cuál es la cuota de tu mamá?
Con mi papá biológico he trabajado desde niña en el mundo del clown. Es algo que disfruto mucho y que me ha servido tanto para entender mejor lo que es la actuación como para ser una mejor persona.
Mi madre es una gran actriz. En algún momento de su juventud hizo obras de teatro y cantó. Tiene mucho gusto, don y respeto por el arte. No lo ejerció profesionalmente, pero es una mujer de una fe muy alta y con mucho arte por dentro.
Una de tus primeras apariciones en la pequeña pantalla fue en la serie Mucho ruido. ¿Venías buscando la oportunidad de estar en la televisión?
Cuando llegó el casting de Mucho ruido, yo iba para el cuarto año de la ENA, que es cuando se realiza la tesis. En tercer año había tenido la posibilidad y el regalo de trabajar con el director Rafael Cheito en el cuento Final del juego, y me había enamorado de aquella experiencia frente a la cámara.
Cuando llegó el casting de esta serie, tenía muchos deseos de que me escogieran, porque era una producción para la televisión en la que habían seleccionado a muchos estudiantes de la ENA, como Rachel Cruz, Néstor Jiménez y Rubén Araujo.
Fui muy feliz cuando me dieron la noticia de que iba a participar en Mucho ruido. De cierta manera, sí venía buscando la oportunidad de estar en la pequeña pantalla y también tenía el sueño de poder graduarme con Carlos Díaz en Teatro El Público.

¿Cuando empezaste a construir a Laura, qué preguntas le hiciste al personaje?
Para la construcción de Laura, le hice su biografía. A mí me gusta hacer esto para ver de dónde vienen los personajes, conocer su pasado, lograr que se conecten más conmigo y entenderlos mejor. En este caso, me enfoqué mucho en la relación que tenía con cada uno de sus amigos y con sus padres, en su objetivo y en su deseo de ser enfermera. Incluso me leí un libro sobre enfermería y me entrevisté con enfermeras.
Lo demás fue estar conectada con toda la experiencia que estábamos viviendo en el campismo Los Cocos. Eso hacía que estuviéramos muy unidos a la hora de filmar con nuestros personajes. Todo era de verdad porque lo estábamos viviendo de verdad.
El elenco de este dramatizado, liderado por Mariela López, se integró como una familia. ¿Es difícil encontrar esa vibra en la televisión?
Mariela es muy sabia, es un ser de tanto amor, y la vida le ha dado mucha gracia para dirigir y para entender a los jóvenes. Recuerdo Mucho ruido como algo muy especial en mi vida. De hecho, se hizo una familia y todavía conservamos un grupo de WhatsApp al cabo de los años.
He tenido mucha suerte de que, en cada proyecto que he podido hacer en la televisión, he sentido mucho amor entre todos los que trabajamos: tanto el equipo técnico como los actores y los directores. Ha habido armonía y respeto por el trabajo del otro, complicidad y entendimiento. Eso es fundamental para el arte y para el trabajo creativo.
Donde haya violencia o algún tipo de desajuste, las cosas no fluyen bien, y más en el arte que nosotros hacemos, donde está implícita tanta concentración y derroche de emociones.
Rezo mucho a la hora de empezar un proyecto para que lo principal que haya sea armonía, respeto, linda energía, amor y unidad entre todo el mundo.

¿Residir en Artemisa te ha limitado en algunos aspectos a la hora de generar oportunidades en esta profesión?
Viví primero en Artemisa y después en Bauta. A mí me ayudó el hecho de que tenía beca durante los cuatro años de la ENA y los cinco del ISA; por tanto, estaba todo el tiempo en La Habana.
Eso me sirvió de mucho porque tenía las cosas cerca y me caían más oportunidades de trabajo. Estaba haciendo obras de teatro constantemente con Carlos Díaz en Teatro El Público.
Además, desde que soy niña, mis padres se han sacrificado para llevarme a cada actividad que se me presentara, para que yo no sintiera esa distancia que hay entre mi provincia y la capital del país.
En la actualidad sí estoy sintiendo fuertemente lo que significa vivir en Bauta. Tengo mucha fe, me mantengo positiva y sigo creando desde mi lugar, pero me están golpeando los precios del transporte y el hecho de no tener dónde quedarme en La Habana.
Tengo un espíritu abierto, fuerte y positivo para intentarlo hasta el final. Las veces que he dicho que no es porque de verdad no he podido. Extraño actuar en estos momentos y poder estar creando más.
¿Hay similitudes entre Lía, del teleplay Los colores de la vida, y Clara, o están muy alejadas?
Me sentí identificada con ese personaje tan bonito, que hice con tanta pasión. No sé si es por el hecho de que Lía es de la Isla de la Juventud y yo soy de Bauta, Artemisa. Ella tenía un sueño en La Habana, al igual que yo. Cuando este personaje quedó embarazada, tuvo que regresar a su lugar de origen. Después de haber hecho el telefilme, hay muchas cosas que pasaron en mi vida.

Ahora que me pongo a pensar a partir de tu pregunta, veo que hay muchas similitudes. Sobre todo, esa pasión por el arte y, a la vez, llevar la vida de mamá y querer lo mejor para nuestros hijos. También estar abiertas a lo que la vida a veces te pone delante: tener que decidir y elegir lo que es mejor para ti y para tu familia.


¿Eres de dejarte llevar por el instinto?
Sí, respeto mucho mis impulsos, mi instinto, mi intuición, los presentimientos que tengo y las señales que me da mi alma. Hay momentos en los que soy muy impulsiva: me lanzo y después es que pienso.
Últimamente, no sé si es por la vida que vamos llevando o porque también los años van pasando y uno va adquiriendo un poco de madurez, pienso más las cosas antes de decirlas y actuar.
Si estoy en un grupo de personas y me siento en total confianza y armonía, soy muy impulsiva y me dejo llevar por el instinto.
¿La actuación te ha ayudado a conocerte mejor?
Sin duda alguna. La actuación me ha ayudado a conocerme mejor y a estar más cerca de saber qué es lo que realmente quiero o cuál es mi verdad. La actuación es la mejor manera en que puede vivir un artista; es un espejo en el que mirarte a ti misma. Si tú te conoces bien, vas a poder poner tu alma al servicio de otras almas. De eso se trata la actuación.
El camino de conocerse a uno mismo es bien profundo y largo, y tienes que estar conectado contigo para saberte y sentirte. Que lleguen personajes que te hagan preguntas, que te reconstruyan y te hagan encontrarte es una bendición. La actuación es un abrazo a ti mismo y a tu alma.

Si yo te digo Amanda, ¿qué me dices?
Si tú me dices Amanda, yo te digo Entrega, Nancy González y Yudexi de la Torre. Fue una etapa muy linda. Fue muy fácil interpretar a Amanda. Me encantó interpretarla y conectar con Nancy González, Yudexi de la Torre, Alberto Corona y Ariana Núñez. Entrega fue una telenovela especial.
¿Qué parte de ti tuviste que explorar al interpretar a Amalia en la serie Calendario?
Todo mi ser estuvo de lleno en Amalia, a tal punto que creo que viví esa vida a la par que estaba viviendo la mía. Sentía el inicio de mi adolescencia, sobre todo cuando estaba en noveno grado.
En esa etapa estuve viviendo con mi abuela, solita, en Artemisa, y dábamos repaso a compañeros míos que no estaban tan avanzados. Ellos iban y hacíamos las tareas juntos. Mi abuela y yo éramos como maestras a la vez.
Yo era jefa y me sentía muy conectada con la escuela. Todo eso, de cierta manera, estaba a flor de piel en mí cuando estaba filmando Calendario durante las tres temporadas. Pensaba mucho en esa etapa de mi vida, en mi estancia con mi abuela y en lo que compartíamos juntas. Las abuelas están tan llenas de ternura y amor, y eso estuvo presente, al igual que el recuerdo de aquellos compañeros que necesitaron mi ayuda.


¿Qué recuerdo te dolería que desapareciera de tu cabeza?
Quiero recordar para siempre cuando vi a mi hijito Marcel, cuando la doctora me lo enseñó por primera vez. Quiero recordar también para siempre el abrazo que nos dimos el actor Ignacio Hernández y yo cuando terminamos la primera temporada de la serie Las reglas de Rodo. Esos dos recuerdos quiero que permanezcan en mí para siempre.
¿Qué desafíos implicó la película Estrés?
Me gustaría hablar mucho de la película. No he tenido la posibilidad de compartir todo lo que sentí. Lo más desafiante que experimenté fue la escena tan íntima con Héctor Noas. Hasta ahora no había tenido, ni en televisión ni en cine, una escena así, y me sentí muy nerviosa, pero también protegida por este actor.
Trabajar con Héctor Noas es algo que siempre le he agradecido a Dios. Estamos trabajando juntos desde que el director Carlos Díaz hizo la obra Gotas de agua sobre piedras calientes. Hemos coincidido en varios proyectos y siempre es verdadero e intenso trabajar con él y estar a su lado. Eso me hizo sentir segura y protegida en Estrés, al igual que ser dirigida por Marilyn Solaya.

A mí la película me fascinó. Lloré mucho. Creo que es un golpe al pecho y es muy necesaria en estos tiempos que estamos viviendo. Disfruté hacerla. Interpreté a una mujer diferente a lo que yo soy, con una vida y un mundo diferentes al que yo llevo. Me encantó no juzgarla y entenderla.
Las escenas fueron cortas, pero aprendí mucho. Traté de poner lo mejor de mí por mi trabajo, por el de mis compañeros y porque la película saliera bien, pero sobre todo por dejar bien ese personaje.

¿Si pudieras hacer sólo cine, sacrificarías los otros medios?
Hace tiempo hice mucho teatro con Carlos Díaz y, gracias a Dios, ya llevo haciendo bastante televisión con Magda González y con otros directores. Desearía mucho empezar a aprender a hacer cine. He tenido pocas y, a la vez, bendecidas oportunidades, pero siempre me quedo con muchos deseos.
Ojalá que no se cumpla eso de tener que sacrificar los demás medios por el cine. Extraño hacer teatro, pero si en algún momento de mi vida toca tener una etapa larga de hacer cine, viviría la experiencia con amor. Todos los medios del arte tienen el mismo fin y se conectan: son diferentes y, a la vez, están unidos por el mismo propósito, que es mostrar una obra por el bien de la sociedad y de las almas.
Ojalá que todos los actores cubanos pudiéramos hacer más cine, televisión y teatro. Ojalá en algún momento las salas de teatro vuelvan a estar abarrotadas de público y los actores tengamos mucho trabajo, y todo se vuelva más fácil para quienes creamos.
¿En el arte está todo lo que te gusta?
Sin duda alguna. Incluso si la vida el día de mañana me pone a hacer otras cosas, sé que, sin querer, lo voy a disfrazar con arte, porque eso está aquí dentro. Es algo que uno no puede ocultar.
En el arte encuentro todo lo que necesito, y qué bueno que exista, y que el ser humano tenga el arte para expresarse o para encontrar desahogos, aliento y abrazos.











