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Casi 25 años después de los atentados del 11 de septiembre de 2001, más personas han muerto por enfermedades derivadas de la inhalación de aire contaminado en la Zona Cero que las que fallecieron el propio día del ataque con aviones civiles protagonizado por 19 secuestradores pertenecientes a la red terrorista Al Qaeda, liderada por Osama bin Laden.
Así lo reconoció el alcalde Zohran Mamdani al anunciar la publicación de más de 170 mil documentos que revelan cómo las autoridades ocultaron la toxicidad del aire tras el colapso de las Torres Gemelas.
“Los líderes en quienes confiaban mintieron y les dijeron que era seguro respirar aire tóxico”, denunció Mamdani en una rueda de prensa este miércoles que resumen periódicos como El País y BBC Mundo, así como agencias de prensa internacionales, entre ellas EFE y AFP.
La divulgación del caso explota en vísperas del 25.º aniversario del atentado, que dejó 2977 muertos inmediatos, pero cuya secuela sanitaria ha cobrado más de 9400 vidas adicionales, según programas federales de vigilancia médica.
Transparencia tras décadas de opacidad
Los documentos publicados muestran que se detectó amianto en prácticamente todos los lugares examinados en el Bajo Manhattan y el oeste de Brooklyn. Durante años, cuatro administraciones municipales ocultaron registros que evidenciaban el peligro de los químicos tóxicos, mientras transmitían al público que el aire era “seguro y aceptable”.
La decisión de divulgar los archivos pone fin a un litigio con la ONG 9/11 Health Watch, que demandó a la ciudad para obligar a publicar los registros.
El acuerdo incluye una inversión de 34 millones de dólares en un portal público que permitirá a cualquier ciudadano consultar la información y solicitar fondos de asistencia.
Víctimas invisibles del atentado e implicaciones políticas en el presente
Miles de bomberos, policías, trabajadores de oficina y residentes han enfermado durante estos años. “Cada vez que respiran con dificultad, que toman una pastilla o reciben otra dosis de quimioterapia, recuerdan el 11 de septiembre”, dijo Mamdani.
El polvo tóxico estaba compuesto por asbesto, plomo y vidrio molido, elementos que cubrieron la ciudad tras el derrumbe de las torres. La exposición prolongada provocó cánceres, enfermedades respiratorias y problemas crónicos que han convertido a los supervivientes en víctimas tardías del atentado.
Los documentos podrían implicar a dos exalcaldes de Nueva York: Rudy Giuliani, en el cargo durante los ataques, y Michael Bloomberg, quien gobernó entre 2002 y 2013. Ambos fueron alcaldes republicanos, aunque Bloomberg más tarde se distanció del partido y se declaró independiente.
Por su parte, Benjamin Chevat, director de 9/11 Health Watch, afirmó que “los documentos muestran lo que la ciudad sabía sobre el aire tóxico, cuándo lo supo y cómo actuó para limitar su responsabilidad”.
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Una verdad engavetada
Los archivos estuvieron ocultos en 68 cajas durante más de dos décadas y fueron descubiertos en 2025. Ahora, el Ayuntamiento planea publicar más documentos en los próximos meses, incluidos informes de compañías de seguros y registros ambientales.
La revelación estalla en un ambiente político tironeado por polémicas sobre la fe musulmana en Estados Unidos. Mamdani, primer alcalde musulmán de Nueva York, ha sido criticado por Giuliani, quien incluso pidió que no asistiera a la ceremonia del 25º aniversario. El alcalde, quien acaba de anunciar que sí asistirá a los homenajes, respondió que la jornada debe centrarse en las víctimas y en quienes participaron en las labores de rescate.
La publicación de los documentos podría abrir la puerta a nuevas demandas contra la ciudad y facilitar el acceso de las víctimas a compensaciones federales. Para muchos, la transparencia llega demasiado tarde, pero representa un reconocimiento oficial de que las autoridades minimizaron los riesgos.
“Casi 25 años después, han muerto más personas por enfermedades relacionadas con el 11-S que las que murieron ese mismo día”, reiteró Mamdani, subrayando que la tragedia no terminó con el derrumbe de las torres, ambas construidas a principios de los años 70 y con poco más de 400 metros de altura, sino que se prolongó silenciosamente en los cuerpos de miles de neoyorquinos o población flotante.
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