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¿Reforma o desposesión?

Sin control democrático de las decisiones económicas, sin control de los recursos estratégicos, sin responsabilidad social concretada en normas e instituciones y sin articulación de los trabajadores, cualquier transición terminará concentrando riqueza y poder en pocas manos.

por
  • Ariel Dacal Díaz
julio 21, 2026
en Sin Permiso
3
Dibujos de banderas cubanas en la fachada de una casa en La Habana. Foto: Otmaro Rodríguez.

Dibujos de banderas cubanas en la fachada de una casa en La Habana. Foto: Otmaro Rodríguez.

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Volver a la historia es, al tiempo que una responsabilidad ética y política, un método imprescindible para diseñar e implementar nuevos derroteros. 

Una proyección estratégica para la transición cubana debería combinar dos preguntas estructurantes: qué se quiere alcanzar y qué se quiere evitar. La combinación de ambas respuestas apuntaría a una mayor lucidez del proceso.

El regreso a la historia como método contribuye a esa pretendida lucidez, siempre que no se limite a la advertencia general, sino que identifique mecanismos concretos que puedan estar replicándose —o no— en el presente cubano.

La transición en el Este europeo y la URSS hacia órdenes sociales regidos por el capital dejó trazas que hoy cobran particular importancia. 

Aquellos procesos ocurrieron sin un cerco exterior equivalente al bloqueo estadounidense que hoy asfixia a Cuba —encareciendo importaciones, bloqueando créditos y condicionando cualquier inserción global—, una variable que distorsiona cualquier analogía directa y que obliga a calibrar las semejanzas.

Visto en perspectiva, aquellos procesos no representaron una “transición a la democracia y el mercado”, sino una irrupción capitalista, más o menos coordinada entre las élites locales y el capital financiero internacional. 

El desmonte de los estados socialistas fue, en lo fundamental, una victoria de clase de la nomenclatura que, al verse incapaz de sostener el modelo productivista y con él la reproducción de sus privilegios, se reconvirtió en una nueva burguesía propietaria.

La diversidad de trayectorias es la primera lección: no hay una única “transición al capitalismo”, sino configuraciones distintas según quién controle el proceso y bajo qué reglas.

El colapso económico no fue un daño colateral. La caída del PIB real —con contracciones acumuladas de hasta el 40 % en Rusia y del 25 % en Polonia entre 1990 y 1994— fue resultado de la “terapia de shock” impulsada por asesores occidentales y el Fondo Monetario Internacional. 

El geógrafo marxista David Harvey acuñó el término “acumulación por desposesión” para describir este período. 

No se buscaba una transición gradual, sino una “destrucción creativa” acelerada para evitar cualquier posibilidad de retorno al socialismo.

La hiperinflación que erosionó los ahorros de trabajadoras y trabajadores fue un impuesto regresivo masivo. Mientras los burócratas y directores de fábrica accedían a créditos blandos para comprar activos a precio de liquidación, los obreros veían cómo sus depósitos se volvían polvo. 

La escalofriante mortalidad de los primeros años —dos millones de muertes en exceso y la caída de la esperanza de vida masculina rusa a 57,5 años en 1994— fue el resultado material de la desposesión.

La mafia y la corrupción que caracterizaron el inicio de la transición no fueron un imprevisto externo al capitalismo, sino su vanguardia armada. 

El sistema ruso de la krysha (protección informal, o extorsión), por ejemplo, era la forma primitiva que adoptó el nuevo capitalismo para garantizar contratos y derechos de propiedad en ausencia de un Estado de derecho sólido. Para 1994, el 80 % de las empresas pagaban “protección”. 

El crimen organizado actuó como un Estado paralelo que cobraba impuestos a cambio de seguridad, sustituyendo al Estado socialista en retirada.

Los oligarcas no eran emprendedores; eran rentistas que se apropiaron de los recursos naturales pagando fracciones de su valor real para luego venderlos en los mercados internacionales. 

Aquella transición reemplazó un monopolio estatal por un monopolio privado igualmente opresivo, pero con la diferencia crucial de que el nuevo poder no tenía ninguna responsabilidad social con la ciudadanía.

Las soluciones aplicadas para frenar aquel caos deben ser leídas con escepticismo, pues no buscaron justicia social, sino restablecer el orden para la acumulación de capital.

La vía de la Unión Europea fue una “jaula de oro”. Si bien se logró reducir la violencia callejera en Polonia, Hungría o los Bálticos, la condicionalidad europea no impuso justicia social, sino una gobernanza neoliberal tecnocrática. 

Las reformas judiciales y las agencias anticorrupción fueron diseñadas para garantizar la seguridad jurídica de los inversores extranjeros, no para proteger a los trabajadores locales. 

La UE exigió la privatización de servicios públicos, la rebaja de impuestos a las empresas y la flexibilización laboral como precio de entrada. La corrupción no se curó, se burocratizó. El saqueo se volvió menos violento, pero más sistémico, incrustado en las propias instituciones del Estado.

La solución rusa, con Putin a la cabeza, no acabó con la corrupción, estatizó la desposesión. 

La mafia perdió el monopolio de la violencia, pero los sobornos y el desvío de fondos pasaron a engrosar las arcas de los altos funcionarios leales al régimen. 

Rusia transformó el capitalismo salvaje en un capitalismo de patentes y monopolios estatales donde la acumulación solo es posible si se tiene acceso al poder político.

Ambos modelos —la vía UE y la rusa— significaron la derrota de cualquier proyecto de autogestión de los trabajadores o de propiedad social de los medios de producción. Pero lo hicieron por caminos distintos, y esa distinción es pertinente para Cuba.

Un elemento central de aquel proceso fue la ausencia de un contrapoder organizado. 

Los partidos comunistas tradicionales fueron desacreditados o prohibidos, y los sindicatos estatistas se desmoronaron sin ser reemplazados por formas de organización horizontal. 

Ese modelo de transición se impuso con un consenso pasivo porque las masas, enfrentadas a la escasez y la violencia, priorizaron la supervivencia inmediata sobre la resistencia política.

Hubo excepciones —las huelgas mineras en Polonia y Ucrania, las protestas de los científicos en Rusia—, pero fueron rápidamente sofocadas o cooptadas. 

El capitalismo no llega con democracia ni libertades intrínsecas; llega con violencia, desposesión y muerte cuando se implanta mediante shock.

Conviene añadir un matiz: donde hubo sindicatos fuertes, negociación tripartita y un Estado con capacidad regulatoria —como en Polonia o la República Checa—, los costos sociales fueron amortiguados en el mediano plazo, aunque la dirección general siguiera siendo la integración subordinada al mercado global.

Un hombre recoge desechos para alimentar cerdos en La Habana. Foto: Otmaro Rodríguez.
Un hombre recoge desechos para alimentar cerdos en La Habana. Foto: Otmaro Rodríguez.

Mirar el pasado para entender el futuro

La historia postsoviética deja una enseñanza clara: los trabajadores que llegan organizados a una transición negocian su lugar en el nuevo sistema; los que llegan desorganizados son meros espectadores del reparto. 

Esa organización previa no es un lujo democrático, sino un amortiguador de costes humanos. Esta lección concreta debería guiar el diseño institucional cubano de aquí en adelante.

Aquellas transiciones carecieron del bloqueo exterior que pesa sobre Cuba, y partieron de un colapso abrupto, no de una apertura gradual y controlada desde el Estado como la actual. 

Sin desestimar la excepcionalidad del actual escenario, recuérdese que Cuba ya atravesó un shock en los años 90 sin desmantelar su institucionalidad, y las reformas de hoy no son una “terapia” impuesta desde el FMI, lo que modifica los mecanismos de posible desposesión.

La cuestión no es si estas lecciones “servirán”, sino si están siendo incorporadas o ignoradas en el diseño del proceso cubano actual. Para responder, hace falta identificar los mecanismos concretos que operan hoy.

Primero, la estructura decisoria mantiene la separación entre trabajadores y directivos, concentrando el poder decisional en estos últimos. 

Si los directivos designados por el Estado son quienes negocian con el capital extranjero y controlan los activos —con la salvedad de que el bloqueo limita las opciones de conversión patrimonial que sí tuvieron los burócratas rusos al vender al exterior—, la pregunta no es ociosa: ¿estamos ante las condiciones institucionales para una captura burocrática de la propiedad? 

Primero de Mayo en La Habana. Foto: Otmaro Rodríguez

En varias experiencias del Este, ese fue el mecanismo preciso: no una privatización abierta, sino una transferencia fáctica del control sobre activos que seguían siendo formalmente estatales.

Segundo, la ausencia de contrapoder. En Cuba no hay sindicatos independientes del aparato estatal ni organizaciones de trabajadores con capacidad real de incidir en las decisiones de inversión, gestión o distribución de beneficios.

Existen cooperativas y formas de gestión no estatal que, pese a su dependencia, podrían ser semillas de ese contrapoder si se les otorga autonomía real, pero por ahora no constituyen un freno efectivo.

Si no se construye un contrapoder organizado —sea mediante sindicatos con autonomía real, sea mediante mecanismos de control obrero sobre la gestión—, el riesgo de que la transición se decida entre élites políticas y capital extranjero, sin participación popular, es elevado.

Tercero, el diseño de la inversión extranjera. China usó al capital extranjero con condiciones claras: socio local obligatorio, transferencia tecnológica, prohibición de entrada en sectores estratégicos. ¿Tiene el proceso cubano salvaguardas equivalentes, o la nueva legislación abre sectores estratégicos sin exigir contrapartidas de transferencia y control? 

El bloqueo estrecha aquí el margen de negociación, elevando el riesgo de que las salvaguardas se relajen por necesidad, no por convicción.

Cuarto, las señales de desigualdad. En las transiciones del Este, el coeficiente de Gini (medida que calcula la desigualdad económica) se duplicó en menos de una década. 

En Cuba no existen cifras oficiales actualizadas, pero la expansión del sector privado, las remesas y el acceso diferenciado a divisas —dinámicas ausentes en el Este de 1990— están generando una estratificación visible que crea nuevos actores económicos y un contrapeso social que el Estado no controla del todo.  

¿Se está midiendo esta desigualdad? ¿Existen mecanismos fiscales e institucionales para contenerla antes de que se consolide como estructura de clase?

La experiencia de Europa del Este y la URSS constituye el mayor experimento de ingeniería social regresiva del siglo XX. La caída del Muro de Berlín no abrió paso a la emancipación humana, sino a la reinstauración de la ley del más fuerte, bajo las nuevas máscaras del mercado global y la tecnocracia burocrática.

Pero hubo diferencias entre países, y esas diferencias son instructivas. Donde existió control democrático, transparencia en el diseño de normas, verificación ciudadana y rendición de cuentas, los resultados fueron menos depredadores. Donde hubo contrapoder sindical y organización social, la desposesión encontró resistencia.

Primero de Mayo en La Habana. Foto: Otmaro Rodríguez

La lección para Cuba no es abstracta: sin control democrático de las decisiones económicas, sin control de los recursos estratégicos, sin responsabilidad social concretada en normas e instituciones y sin articulación de los trabajadores como sujeto colectivo, cualquier transición terminará concentrando riqueza y poder en pocas manos.

El bloqueo no es una excusa para la opacidad; al contrario, su presencia agravante exige más transparencia y control ciudadano, para que la escasez no se gestione como privilegio burocrático. 

Las señales actuales —la estructura decisoria concentrada en directivos designados, la debilidad del contrapoder obrero, la opacidad sobre los términos de la inversión extranjera, la ausencia de medición de la desigualdad— no son alentadoras.

No se trata de rechazar el cambio ni de idealizar el pasado. Se trata de exigir que las lecciones de la historia, tamizadas por las especificidades cubanas, no sean ignoradas por quienes diseñan el futuro.

Etiquetas: desigualdades sociales en CubaEconomía cubanaPortadasocialismo en Cubatrabajadores
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Ariel Dacal Díaz

Historiador y educador popular.

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Comentarios 3

  1. Preocupado Colorado says:
    Hace 1 mes

    A veces coincido con usted, otras no. Dentro del mismo texto y en diferentes textos. Aun así le leo pues presenta argumentos muy interesantes con una gran coherencia y razonamiento lógico.

    En este caso, creo que utilizó un lenguaje muy suave para describir los fenómenos que menciona.

    1-En Cuba, tanto debido a la hostilidad histórica del hoy Imperio Eipsteineano, como a la toma de poder armada, como al indudable carisma y genialidad de Fidel, como al “estilo soviético” y leninista, adoptado luego, nunca los trabajadores han contado con decisión real sobre los medios de producción. Recordemos que vinimos a tener parlamento en 1976, 17 años después del triunfo revolucionario. Que tanto el PCC como las organizaciones de masas (ctc, cdr, fmc, anap) aplicaron el llamado centralismo democrático, con la curiosa adaptación de que NUNCA han rendido cuenta o consultado con los miembros de base, el uso y destino de las cuotas, fondos, recursos adquiridos o recibidos del Estado u organizaciones amigas, el salario o dietas o medios de los cuadros profesionales que las dirigen, y a la vez se han profesionalizado tanto que es virtualmente imposible que un militante de base llegue a la alta dirección. En los años 80 surgieron ONGs o se desarrollaron más organizaciones y asociaciones como la UNEAC, UNAICC, ACTAF, con estatutos más democráticos y menos centralistas, donde al menos existía cierta rendición de cuentas o consulta sobre los medios o fondos en cada nivel y mayor participación de miembros no profesionales, pero podemos observar cómo a partir de 2006-2007 se les va despojando de vías ya aprobadas de autofinanciamiento, no invitando a deliberaciones, eliminando el posible …no contra-poder (el prefijo “contra” no es el idóneo) sino otro punto de vista.
    2 ejemplos: Los ingenieros y arquitectos podían hacer proyectos y planos por el gremio UNAICC desde 1983 hasta 2007. Los artistas podían comercializar sus obras por la UNEAC desde los noventa hasta 2010, luego hubo limitaciones y finalmente en 2021 se eliminó esa posibilidad. Se mantuvo la posibilidad a la ANEC tal vez por su rol en auditorías y a la ACCS tal vez por la necesidad de apoyo comunicacional a las campañas políticas, pero en general a ingenieros, artistas, filatelicos, amantes de la pesca o cualquier otro grupo con intereses comunes, fuera del pcc y la ctc, aun cuando esas asociaciones fueran revolucionarias, se les fue disolviendo en la práctica. Los ciberneticos de la UIC son tal vez la excepcion que confirma la regla. Y entonces hoy se habla de estudios privados de arquitectura, ingeniería, arte, software, asesoría económica, etc. Es curioso.
    Las coincidencias en política no existen.

    Es como las MTT. Cuando usted ha visto algún ejercicio real de las MTT? De la reserva sí, pero las MTT han ido quedando para el simbolismo y en los actos y desfiles se disfrazan de milicianas las mismas oficiales FAR. Darle armas a la milicia popular? Ná.

    Al mismo tiempo, NUNCA los obreros tuvieron ninguna posibilidad de negociar su salario, horario, condiciones de trabajo o destino de la plusvalía. Si el plan no se aprobaba en la Habana, no importaba lo que opinasen. Si se aprobaba, pues tampoco.
    El sindicato estaba para discutir un caso extremo de acoso, maltrato puntual, o para convocar a horas extras sin pago (trabajo voluntario o productivo) o repartir bienes escasos (TV,casa, auto, viaje a la playa) según asistencia política. Lo curioso es que muchos de esos bienes o servicios, no importaba cuanto usted trabajase o ganara de salario, o cuantos hubiese almacenados en sótanos, no estaban accesibles sino por la vía de asignación por méritos políticos evaluados por el PCC y la CTC. Las tiendas de vanguardias eran otro ejemplo. Esto por supuesto alimentaba no sólo la emulación y una coherencia de sistema, sino el oportunismo, la autocensura y la simulación.

    El convenio colectivo de trabajo era sencillamente una copia de las leyes laborales en vigor y lo que la administración y partido dijeran. Incluso, si decía que tenían derecho a almuerzo y el micons decidía quitar los comedores, pues los quitaban y ya. Y les dan un dinero para comida y luego se lo quitaban y ya. O no se lo quitaban o lo volvían a poner. Y el sindicato hacía como los muñecos rusos que se balanceaban o los caballitos de peluche que decían que sí. Disponible? Disponible. Aumento de salario? Aumento. Te quito la villa vacacional? Te la quito. Lo mismo para bien que para mal, decían que sí y sin consultar previamente a sus bases, ni publicar lo que habían dicho en las asambleas de afiliados. Luego “se tomaron en cuenta todos los criterios”.
    Cuáles eran? Cuántos y qué pedían? No importa. Págame la cuota, anda. Que qué hago con ella? Qué te importa? Y el dinero de las MTT? Es secreto!

    Aun así, al verse el destino mayormente social del excedente productivo, y existir perspectivas de movilidad social (sólo en 1985 se constiryeron 100.000 apartamentos, la esperanza de vida aumentó, la talla promedio de las personas…) las personas estaban orgullosas, confiadas y hasta dispuestas a dar la vida porque otros tuviesen la posibilidad de construir algo así, como se vio en Angola. La gran mayoría no fue obligada por estar en el servicio militar o ser militar de carrera.

    Siempre existió una élite con un tratamiento diferenciado o especial, además merecido o necesario en muchos casos. Acaso a Alejo Carpentier ud. lo haría abordar una ruta 144 al mediodía? Las élites no sólo eran políticas sino también culturales, científicas, deportivas…

    El problema viene cuando esa élite tiene hijos, nietos, éstos a su vez tienen varias esposas o novias, primos… y empieza a crecer el presupuesto necesario para extender dicho tratamiento especial, que además no se discute en ningún lado, no imagino qué temas de ética pueden discutir a esos niveles entre tragos de Chivas, lonjas de patanegra o huevos de caguama, mirando la piscina, mientras las masas van sufriendo un deterioro de su hábitat y se normaliza cualquier pérdida de derechos o condiciones de trabajo o vida en nombre de la resistencia ante el imperio.
    Curiosamente en la nación que más ha luchado contra la objetización sexual de la mujer, y teniendo una tía abuela destacada en ese ámbito, también curiosamente las cónyugues de esos retoños parecen todas actrices porno o topmodels. Debe ser casualidad también.
    Nadie manda en el cora$ón.

    Luego esa “nueva clase” creada necesita consolidar y reproducir su modus vivendi, y empieza a capitalizar de verdad y a título privado lo que fue fruto de fondos públicos asignados a su abuelo o padre por su posición o méritos. Aun así la masa es tan patriota que sigue resistiendo ante el imperio y los recortes de todo lo alcanzado mientras están cada día más flacos y los dirigentes más gordos y sus hijos viajan y viajan al extranjero.

    Y empiezan los escándalos de masajistas de pelota que viajan en yate al Mediterráneo y juegan golf, profesores paracaidistas con negocios en España, sexólogas que conocen las delicias de Francia, crustáceos y chupasangrech que hacen… de todo sin que les pase nada. No son ni los únicos ni necesariamente los casos más graves, sino los más mediáticos a interés del imperio que los emplea como medio de desmoralizacion. Ellos lo saben. Y por supuesto no les importa, o se autocontrolarian.
    O sea, ellos están conscientemente ayudando a dinamitar el proyecto revolucionario por su ego, gran ambición personal y traumas no atendidos.

    En ese sentido,son los peores traidores posibles.
    Y quienes no hacen nada, son los más cobardes.
    Hacen Códigos de Ética para los demás. Leyes de transparencia o prensa o información para otros.
    Impuestos o aranceles de aduanas para otros.
    Escaseces, listas, colas y trámites para otros.

    Obviamente tienen todos los rasgos de clase social.
    Y de burguesía. El colmo es que usted puede comentar y criticar al presidente, al gobierno, incluso hasta al PCC o minint, en medios como Cubadebate,siempre que su comentario sea comedido, razonando, puntual, no subversivo.
    Puede hasta escribir que quiere capitalismo.

    Pero si escribe GAE, Sandro, Mariela, Cangrejo, Tony, Alex… no saldrá nunca su opinión en ningún medio oficial. Es algo supra-legal y supra-todo.
    Vaya, es como hablar mal del rey en un reino.
    O de los príncipes y princesas. Para eso no dieron la vida 20000 cubanos ni tiene nada de comunista.
    Haga cualquiera de izquierda o derecha la prueba.
    Escriba cualquier cosa en un medio oficial cubano, aunque no sea muy crítica, con esos nombres.

    Y veremos al pobre Michel del filo o a Israel Rojas o a Silvio o a Aibar o al mulato de la Tizza chocar con alguna piedra en la sombra. No ahora porque sería muy obvio. Más adelante. Y son comunistas todos.
    Son más comunistas y hombres que los que no hacen nada teniendo medios de filmación, armas y leyes, y se dedican a cuidar príncipes o princesas.

    Entonces, las reformas en primer lugar claro que son para ellos, como han sido hasta hoy las demás cosas. Ese no es el punto. El punto es si dejarán suficiente de algo digno para el resto de nosotros.
    El punto es si existirá algún tipo de autocontrol incluso por sentido de supervivencia personal.

    Yo no quiero una Cuba americanizada ni colonizada. Yo rechazo al Imperio Eipsteineano.
    Me considero patriota criollo y de izquierda.
    Estoy a favor de las 176 medidas. Pero ni con 1000 medidas podría resolverse la situación de Cuba , ni tampoco enfrentar al imperio efectivamente, si no se libra de esa lacra, y me refiero no a personas sino a actitudes, porque lo importante no es el nombre del ladrón sino el delito y relajo impune.

    Estamos en una situación muy frágil, donde cualquier día se llevan a un presidente como a Maduro y algún primer ministro nos llama a la calma como Delcy y un oficial de servicios de seguridad nos dice que firmes y a la espera como Cabello, y a los muertos que los lloren los muertos, y ya está. Y el pueblo cubano tiene una cosa que raspa por dentro que no es el venezolano.
    Éste es el pueblo del 13 de Marzo del 57 y de muchas otras cosas. Y morirán los traidores o caerán otros en el intento de hacer justicia. Y no crea el imperio que tengamos que elegir entre unos u otros. Habrá de nuevo Guiteras, Mellas, Villenas, Braus, Camilos, Franks y Echeverrías. Créanme que no exagero. Es pródiga en héroes.

    Y yo no soy ningún plan enemigo para fracturar, otros sí dan vergüenza representando a mi país.
    Tal vez por eso no entrenan casi a las MTT…

    El pueblo cubano está cansado, pero no del bloqueo. Entiende que el imperio es enemigo, pero ahora tiene otro enemigo. De clase, y no son los mipymeros, o al menos el 90% de ellos no lo es.

    El pueblo cubano no quiere que le hablen de que podrá tener su propia gasolinera como deliró Marcos Rubio, o comprar acciones de Etecsa como deliraron otros. Lo que no soporta sin indignarse es la agresión de Marcos rubio o el descaro de los otros. Si no se ha producido un estallido es por no dar pie a los yanquis a intervenir, porque la gente es aún patriota y antiimperialista en general. Pero puede que no sea necesario un estallido ni facilitar una intervención enemiga. Quienes rodean a los descarados tienen como exponerlos públicamente o eliminarlos. El artículo 5 de nuestra Constitución llama a luchar, incluso de forma armada, contra cualquiera que intente destruir nuestra patria, y está por encima del artículo 6 que es el del PCC.
    Estoy seguro de que alguna de esas personas, de seguro patriota, leerá este comentario. Llamo a cumplir con nuestra Constitución, solamente eso.

    Responder
    • jose dario sanchez says:
      Hace 1 mes

      estimado, veo usted se atormenta en la misma disyuntiva que muchos cubanos, entre una mente formada en seremos como el che, pinpun,fuera, abajo caimanera { o la gusanera} ,por un lado y la realidad dl entorno en ruinas y miseria….no sabe que hacer, que pensar, pero si sabe que, de esto hay que salir,son muchos anos y esto nunca ha tenido rumbo….únicamente rumba la miseria…Pero,la realidad,tenemos que escoger….o Marco o Raul…para los cubanos,hoy,no hay ma ‘na !!

      Responder
  2. Livio Delgado says:
    Hace 1 mes

    Todos los cubanos deberían de leer esta clara idea suya de hacia donde creemos muchos, que se esta encaminado esta “negociación” de la burquesia criolla de apellidos de abolengo.

    “Visto en perspectiva, aquellos procesos no representaron una “transición a la democracia y el mercado”, sino una irrupción capitalista, más o menos coordinada entre las élites locales y el capital financiero internacional.

    El desmonte de los estados socialistas fue, en lo fundamental, una victoria de clase de la nomenclatura que, al verse incapaz de sostener el modelo productivista y con él la reproducción de sus privilegios, se reconvirtió en una nueva burguesía propietaria.

    La diversidad de trayectorias es la primera lección: no hay una única “transición al capitalismo”, sino configuraciones distintas según quién controle el proceso y bajo qué reglas.”

    Creo tiene usted mucha razón en levantar la voz de la sospecha, aunque tambien creo que con el deterioro a que se ha llegado a muy pocos les importe mucho el futuro porque el presente ya se les viene siendo insoportable.

    Responder

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