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El arte de Yadiel Veunes Alonso requiere de conocimiento de su objeto de representación, dominio de las veleidades de la luz, control de su herramienta, esa que, antes que en el aparato, comienza en el ojo, de agilidad y de… paciencia. El instante a atrapar puede surgir de improviso (muy pocas veces) o demandar larguísimas horas bajo el sol y la lluvia hasta que la imagen “se dé” (lo usual). Puede ir detrás de la captura que ha imaginado, pero el resultado es casi siempre sorprendente.
Es ingeniero informático, pero por la vía de la fotografía ha recibido sus mayores satisfacciones: en dos ocasiones —2024, 2025— obtuvo el Gran Premio en el concurso Naturaleza Digital, que auspicia el complejo turístico Topes de Collantes, además de otros reconocimientos nacionales e internacionales de relevancia.

Cuando le pregunté a Yadiel quién era, esto me dijo: “Un guajiro endémico, nacido en Güira de Macurijes (1984), Pedro Betancourt, Matanzas, donde aún resido. Además, soy un fotógrafo de naturaleza especializado en la documentación de aves de Cuba, con una profunda pasión por la conservación y la narración visual. Muchas de mis fotografías llevan a mis abuelos dentro, pues fueron tomadas en los mismos parajes donde ellos me criaron.”
Seguí inquiriendo. Quise saber qué busca con su trabajo: “Ir más allá del registro fotográfico, utilizando la imagen como una herramienta para generar conciencia sobre la biodiversidad y la importancia de proteger los ecosistemas”.

Y abundó: “Creo que la mejor fotografía de naturaleza no es la que muestra un animal, sino la que consigue que alguien se preocupe por él.”
Disfruten de sus fotos, que rezuman alegría vital, orgullo sano y un amor infinito por la flora y la fauna de su tierra.

¿Cómo te encontraste con lo que sería para ti un arte y un oficio?
Nunca imaginé que la fotografía pudiera cambiar el rumbo de mi vida y convertirse en mi zona segura, donde paso tiempo conmigo y disfruto de lo lindo de las aves de Cuba y de la naturaleza del archipiélago en general.
Todo comenzó gracias a mi amigo Chino Zapata, observador de aves y apasionado de la naturaleza, quien un día decidió regalarme una cámara. En aquel momento no sabía que ese gesto marcaría el inicio de un camino que transformaría mi forma de ver el mundo.
Recuerdo perfectamente la primera imagen que tomé. Frente a mí apareció una pequeña cartacuba (Todus multicolor), una de las aves más coloridas de nuestro país. Cuando presioné el obturador y vi aquella diminuta joya suspendida frente al bosque, con el fondo suavemente desenfocado por el teleobjetivo, sentí algo difícil de explicar. La fotografía estaba lejos de ser perfecta desde el punto de vista técnico, pero para mí tenía un valor inmenso: había logrado detener un instante irrepetible.


Ese momento despertó una curiosidad que nunca desaparecería.
Desde entonces, comprendí que no quería limitarme a hacer fotografías; quería entender la naturaleza. Comencé a estudiar el comportamiento de las aves, sus cantos, sus horarios, sus movimientos y la forma en que la luz transformaba cada escena. Descubrí que una buena fotografía nace mucho antes de levantar la cámara. Empieza observando, escuchando y aprendiendo a respetar el ritmo del bosque.
Con el paso del tiempo entendí que la paciencia es el verdadero equipo del fotógrafo de naturaleza. Horas de espera bajo el sol o la lluvia, caminatas interminables y muchas oportunidades perdidas forman parte del proceso. Sin embargo, cuando finalmente ocurre ese instante único, todo cobra sentido.

He tenido el honor de obtener el Gran Premio del Concurso Naturaleza Digital en varias ediciones; y la mayor recompensa sigue siendo la misma que experimenté aquel primer día: la emoción de congelar un instante de la vida salvaje y compartirlo con los demás.
Hoy mi propósito va mucho más allá de crear imágenes bellas. A través de mi fotografía quiero despertar admiración por la biodiversidad de Cuba, especialmente por sus aves endémicas, y generar conciencia sobre la importancia de proteger los ecosistemas que las hacen posibles. Creo profundamente que las personas solo cuidan aquello que conocen y aman.

Cada vez que salgo al campo, vuelvo a sentir la misma emoción que experimenté con aquella primera fotografía. Y aunque mi técnica ha cambiado, la esencia sigue intacta: la fascinación de descubrir la naturaleza, una imagen a la vez.
Porque para este guajiro fotografiar nunca ha sido solamente hacer una foto. Es aprender a observar, comprender, documentar y contar historias que merecen ser protegidas.


¿Cuáles son tus principales motivaciones artísticas, aquellas que condicionan en ti el proceso de creación?
Mi trabajo nace de una profunda conexión con la naturaleza y de la convicción de que la fotografía puede convertirse en una poderosa herramienta para la conservación. A través de cada imagen busco crear un vínculo emocional entre el espectador y el mundo natural, porque creo que solo protegemos aquello que conocemos y aprendemos a admirar.
El principal enfoque es la fotografía de aves de Cuba, especialmente sus especies endémicas. Más que documentar su existencia, intento revelar su comportamiento, su belleza y la delicada relación que mantienen con los ecosistemas que habitan. Cada fotografía es el resultado de un proceso de observación, estudio y paciencia, donde comprender al sujeto es tan importante como dominar la técnica.

La naturaleza marca el ritmo de mi trabajo. Horas de espera, el silencio del bosque y el respeto por el comportamiento de la fauna forman parte del proceso creativo. En ese tiempo descubro que la mejor imagen no siempre es la más espectacular, sino aquella capaz de transmitir una emoción auténtica y despertar una nueva forma de mirar.
Mi fotografía busca equilibrar el valor documental con una mirada artística. Utilizo la luz, la composición y la atmósfera para transformar momentos cotidianos en historias visuales que inviten a la contemplación y a la reflexión. La intención no es únicamente mostrar una especie, sino expresar la fragilidad, la resiliencia y la extraordinaria riqueza de la biodiversidad cubana.


Cada proyecto representa una oportunidad para contar historias que inspiren respeto por la vida silvestre y fomenten una mayor conciencia sobre los desafíos que enfrenta la conservación. Aspiro a que mis imágenes sean una invitación a detenerse, a observar con atención y a comprender que incluso el ser más pequeño desempeña un papel esencial dentro del equilibrio ecológico.






















