|
Getting your Trinity Audio player ready...
|
El presidente de Cuba, Miguel Díaz-Canel, defendió este jueves ante la Asamblea Nacional las reformas con las que el Gobierno busca hacer frente a la crisis económica, aunque descartó que el paquete implique una apertura al capitalismo o que responda a exigencias de EE.UU.
“Las transformaciones no se adoptan para complacer a Estados Unidos, no responden a ningún tipo de exigencia derivada de un limitado proceso de conversaciones que hemos llevado a cabo en este período, son el fruto de una decisión soberana de Cuba”, afirmó al intervenir este jueves en la jornada conclusiva de las sesiones parlamentarias.
El mandatario presentó las medidas como una “prioridad estratégica para la nación” y como una respuesta a la profunda crisis que atraviesa el país, agravada en los últimos meses por la falta de combustible y el endurecimiento de las sanciones estadounidenses.
Sin embargo, Díaz-Canel intentó despejar los temores que las reformas han generado dentro del propio sistema político cubano y aseguró que su aplicación no supondrá una transición hacia un modelo capitalista, reseñó EFE.
“Las transformaciones que hoy implementamos no son para más capitalismo, sino para defender y avanzar en la construcción socialista. Un socialismo que pone al ser humano en el centro de su obra”, enfatizó.
El presidente también descartó que las medidas vayan a poner en riesgo la independencia, la soberanía o las consideradas “conquistas sociales de la revolución”.
En ese sentido, aseguró que no se privatizarán la salud pública, la educación, la ciencia, la investigación ni “los servicios estratégicos”.
🇨🇺| Presidente @DiazCanelB ante el Parlamento cubano:
“No vamos a instaurar un capitalismo depredador, ni una privatización masiva del patrimonio nacional. Nada más alejado del sentido de estas transformaciones”.
🔗| https://t.co/oamg1Gwaxu pic.twitter.com/1gY7WZtN6t
— Presidencia Cuba 🇨🇺 (@PresidenciaCuba) July 31, 2026
Riesgos de las reformas y preocupaciones “legítimas”
Las reformas, no obstante, implican cambios relevantes en el funcionamiento de la economía cubana, tradicionalmente caracterizada por una fuerte centralización estatal.
El Gobierno las ha presentado como un proceso de liberalización y descentralización, con mayor espacio para actores económicos no estatales y modificaciones en la estructura de la Administración.
Díaz-Canel reconoció que el proceso entraña riesgos y pidió que su implementación sea gradual, con capacidad para corregir las medidas cuando sea necesario.
Entre las preocupaciones que mencionó figuran el peligro de acumulación de capital, el incremento de las desigualdades, una eventual reducción de servicios básicos y problemas relacionados con la transparencia y el control popular.
Las preocupaciones de algunos sectores son “legítimas”, reconoció el mandatario, aunque rechazó que Cuba vaya a terminar en un “capitalismo depredador” y aseguró que la participación ciudadana acompañará el proceso como una línea de trabajo y no “como una consigna”.
Al respecto, Cubadebate señaló que el Partido Comunista de Cuba desarrollará un proceso de intercambio con los trabajadores para explicar las transformaciones, recoger opiniones y corregir posibles desviaciones.
“Puede que algo no nos salga bien desde el primer momento, pero todo tendrá solución si nos mueve una constante disposición a rectificar, modificar y ajustar todo lo que sea necesario con inmediatez y sin burocratización”, afirmó Díaz-Canel.
Reformas en medio de la crisis y las presiones de EE.UU.
El Gobierno impulsa estos cambios mientras Cuba atraviesa un escenario que el propio Díaz-Canel calificó de “especialmente complejo y desafiante”, con una crisis económica que se arrastra desde 2020 y que se ha agravado con las nuevas medidas de presión de Washington.
El mandatario describió la situación como una “fortaleza sitiada”, en referencia a los problemas de abastecimiento de combustible, el aumento de los apagones y las dificultades para garantizar la llegada de mercancías a la isla.
“Estamos asistiendo a la presión más extensa y profunda de un país por parte de la mayor potencia del planeta”, afirmó.
En tal sentido, el mandatario responsabilizó a Washington por buena parte del agravamiento de la crisis y acusó al Gobierno estadounidense de buscar mediante las sanciones y el bloqueo petrolero una “asfixia colectiva” que desemboque en un estallido social en Cuba.
El presidente también calificó al Gobierno de Estados Unidos de “régimen neofascista” y acusó a sus dirigentes de promover un “genocidio contra el pueblo de Cuba”.
Al mismo tiempo, aseguró que La Habana mantiene su disposición a establecer una relación civilizada con Washington, aunque insistió en que Cuba “no es una nación en disputa ni una colonia”.













