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Hasta el 12 de octubre, el Museo de Arte Latinoamericano de Buenos Aires (MALBA) expone siete cuadros de la artista Belkis Ayón. “Mito y desobediencia” constituye la primera exposición que en Argentina se dedica a la creadora cubana, una artista que transformó la gráfica contemporánea a través de la exploración de la mitología afrocubana, como a modo de presentación lo escribieran las curadoras.
Abierta desde el pasado 16 de julio, la muestra recibió la visita de cientos de turistas y familias que durante las vacaciones de invierno desfilaron hasta dicho centro cultural, situado a poca distancia de los bosques de Palermo. Algunos niños pudieron experimentar incluso la técnica del frottage y el collage bajo la influencia de la obra de esta habanera que se quitó la vida antes de que el siglo por el que nos desplazamos avanzara vertiginoso.
Cuando llegué con mi hijo al museo y entramos a la sala donde se encuentran sus cuadros, encontramos a un grupo de personas detenidas ante una pantalla. El trabajo de Belkis Ayón estaba allí, pero los visitantes estaban de espaldas a ellos después de haberlos contemplado o, incluso, antes de enfrentarlos.
Miraban la pantalla gracias a la cual podía verse a la artista. La entrevista fue realizada por Yoland Skeete-Laessig, quien en La Habana visitó el estudio de Belkis Ayón un año antes de su muerte.
Con apenas 31 años, la artista se encuentra en pleno proceso productivo. Aplica tinta sobre una plancha de cartón mientras explica en inglés que en su segundo año de carrera empezó a recurrir a esta técnica. Sonríe, le brillan los ojos y los pómulos negros cuando habla de su pasado. Había comenzado a experimentar con la colografía diez años antes de la conversación.
La técnica, basada en matrices construidas como collages de materiales sobre planchas generalmente de cartón, le permitió dar vida a un lenguaje de gran riqueza de matices y texturas; se lee también en el texto escrito por las curadoras María Amalia García, Alejandra Aguado y Nancy Rojas.
Con eso en la cabeza, y mientras otros recorren la sala, iluminada con eficiencia y amabilidad, la artista sigue soltando ideas desde la pantalla. Comenzó a desarrollar esta técnica cuando estaba en la carrera, dice, junto a una prensa cercana a un ventanal por el que se cuela la luz de aquellos días habaneros de los años noventa.
El público abandonará la sala sabiendo que sobre sus diecisiete años, cuando cursaba el tercer año de grabado en la Academia de Arte San Alejandro, Belkis Ayón fue atraída por el mito de la Sociedad Secreta Abakuá a partir de sus lecturas de El monte, de Lydia Cabrera.
La obra de la escritora y etnóloga cubana acompañó la formación de la pintora, quien ahondó en el mito de los Abakuá, una cofradía masculina originada en la región del Calabar —actual Nigeria— que ingresó en la isla en el siglo XIX con la trata de esclavos africanos.
“Este tema había sido muy poco tocado, y traté de encaminarme por ahí. También, por curiosidad… Como decían que era una sociedad secreta, que era solamente de hombres, yo traté de buscar muchísima más información. Ellos usan una serie de firmas, de grafías, que son muy interesantes, y también me llamaron mucho la atención”, contaba Ayón en otra entrevista, esta realizada por Ines Anselmi y disponible en la web.
Desde la pantalla, Belkis Ayón agrega una por una las piezas que han de completar su trabajo. Gira la rueda que activaba la prensa y deja lista la obra, un pliego de cartón que retira cuidadosamente. Piezas como esas transformaron la gráfica contemporánea a través de la exploración de la mitología afrocubana; había también leído en el catálogo, y con mi hijo me puse a revisar siluetas, a hacer interpretaciones y a comentar sobre la sociedad Abakúa, los negros cubanos y la cultura tan cercana y al mismo tiempo tan lejana para él.
La sombra de la serpiente o el vacío de ella en la sombra; o la serpiente blanca entre las piezas de un ambiente negro. La silueta blanca, que como la serpiente misma aparece indistintamente en alguna de estas colografías pertenecientes a la Colección Malba–Costantini; pero ya quedan en la memoria como algo de nuestra propiedad.
Leemos: “Realizadas entre 1991 y 1998, las obras aquí presentadas corresponden a una etapa fundamental de su trabajo, marcada por la presencia reiterada de Sikán, figura central del mito fundacional Abakuá, a quien Ayón resignificó para cuestionar el carácter patriarcal de la cofradía”.
“Sikán es la mujer que es sacrificada por los hombres en aras de conseguir la voz sagrada… Qué pasa, que ellos sabían que el pez era la reencarnación de un viejo rey, Ekoy, entonces el pueblo que se apropiara de este pez iba a ser el pueblo más próspero, el pueblo más rico, entonces los hombres decidieron, en la mitología, apropiarse de este pez…”, cuenta Ayón en una de estas entrevistas.
De su biografía, sumo otro dato preparado para los visitantes del MALBA: en 1996, Belkis Ayón inició una corta pero intensa actividad como gestora y curadora al unirse a los también grabadores Sandra Ramos, Abel Barroso e Ibrahim Miranda para desarrollar el proyecto La Huella Múltiple. Esta propuesta buscaba expandir el concepto de “lo grabado” hacia el concepto de “lo múltiple”, incorporando otras técnicas de reproducción, nuevos soportes (incluidos los digitales) y nuevos artistas, ajenos hasta ese momento al grabado como disciplina.
En la corta entrevista de Yoland Skeete-Laessig a Belkis Ayón, también disponible en plataformas como Vimeo, se observa cómo la artista levanta la cartulina y traslada la impresión hasta una mesa donde, dispuesta y visible la obra, pareciera haber nacido fruto de la prestidigitación. La artista, al colocar el cartón, parece haber dejado un peso con ella, porque suelta los brazos y relajada se ríe, otra vez dejándonos ver sus ojos de gata chispeante y sus pómulos de la reina africana que de regreso había pintado lo visto y oído en otras vidas.













