El alto mando de los Cardenales de San Luis dio este lunes otra oportunidad al cubano César Prieto en la alineación titular, pero el cienfueguero volvió a fallar en el intento de conseguir su primer imparable de la temporada de las Grandes Ligas (MLB, por sus siglas en inglés), y puso otra vez a prueba la confianza de la gerencia.
El sureño ocupó el último turno al bate en el duelo contra los Filis de Filadelfia y se fue en blanco en tres oportunidades, lo que deja su balance de 26-0 después de 10 juegos pisando el diamante.
Prieto comenzó la jornada con un roletazo inofensivo a la inicial, batazo que se repitió en su segunda visita al cajón de bateo.
Parecía que en su tercera comparecencia la suerte se había puesto por fin de su lado. Sin embargo, la euforia se desvaneció en el justo momento en el que el jardinero derecho realizó una extraordinaria atrapada sobre una línea peligrosa con un corredor en la intermedia.
Algo similar había sucedido el pasado 6 de agosto, cuando otra línea del cubano fue fileteada de forma espectacular por el patrullero central de los Yankees de Nueva York, Trent Grisham, ahogando así el grito de celebración por tan buscado imparable.
A favor del jugador había ahora su capacidad de contacto y la solidez de algunas de sus conexiones, pero resta por ver si es suficiente para que el equipo siga apostando por su capacidad de llevar hasta la MLB el notable desempeño que ha mostrado a su paso por las ligas menores.
Tercera… ¿La vencida?
Para que Prieto tuviese su tercera oportunidad en la MLB, se alinearon varias circunstancias. Por un lado, el equipo necesitaba subir el espacio en su roster dejado por el cambio de Lars Nootbaar hacia los Cascabeles de Arizona, la valoración de la gerencia sobre el potencial del jugador y sus excelentes números mantenidos tras cada regreso al vial Triple A.
Antes de su más reciente llamado, el jugador exhibía un promedio de bateo de .307, un OBP de .373 y un slugging de .517. En 71 partidos con la sucursal de Memphis acumula además 12 jonrones y seis bases robadas.
Su desafío sigue siendo el mismo, y no es más que demostrar que puede conservar esa consistencia ante los lanzadores de élite, algo que ahora mismo ejerce una enorme presión sobre la mente del jugador que llegó al béisbol estadounidense después de abandonar el equipo cubano que participaba en el clasificatorio olímpico, con sede en la Florida en mayo de 2021.
Un año más tarde firmó un contrato con los Orioles de Baltimore, franquicia que lo envió en 2023 hacia los Cardenales por la vía del canje.
Desde su estreno, y según las estadísticas oficiales, su expediente recoge un discretísimo promedio ofensivo de .031, producto de un solo hit en 32 veces al bate.
La diferencia más notable entre una campaña y otra se aprecia en los ponches. Si en 2025 se ponchó en cinco de sus seis turnos al bate, ahora han sido solo cuatro en 26. Es un avance, pero a todas luces insuficiente para mantenerse en la Gran Carpa. De él depende.













