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Sinecio Cuétara (Pinar del Río, 1967) aparece referenciado en dos importantes volúmenes sobre arte de nuestro país: La pintura abstracta en Cuba: 100 artistas abstractos cubanos (Ed. Boloña, 2015) y La abstracción en la pintura cubana: 126 pintores cubanos abstractos, no figurativos, no objetuales: Tomo II (Ed. Arista Publishing Co., 2022), ambos de Luis García Peraza.
Entre 1987 y 2019 suma nueve exposiciones personales, algunas de ellas fuera de Cuba. Y como parte de muestras colectivas, sus obras han podido apreciarse en nueve países, Puerto Rico, Alemania, Austria y España, entre ellos.

Junto con esta conversación presentamos una muestra nutrida de su obra; las diferentes etapas que señalan un camino singular dentro de nuestras artes plásticas, por la diversidad de temas y de posicionamientos estéticos asumidos, marca de una personalidad sensible, inquieta, que puede expresarse en varios registros.
En 1987 debutó profesionalmente con la muestra personal La cumbre que me acerca al sol (Galería Wifredo Lam, La Habana), y la más reciente de sus exhibiciones es Constructos imaginarios (Running Fish Art Studio, colateral a la XII Bienal de La Habana, 2029).
Vamos al diálogo.
Tu primer apellido, al parecer, viene de Asturias y Cantabria, y pudiera tener origen celta. ¿Has investigado sobre la llegada de los Cuétaras a Cuba? ¿Sabes dónde se asentaron los primeros?
Sí, de allá viene. Según mi abuelo, su padre y su hermano llegaron a Cuba sobre 1895, como parte del Ejército Español. Después de la guerra, su padre se asienta en Pinar del Río, en un lugar conocido como El Roblar, y comienza un negocio de carpintería. Se casa y forma una extensa familia. En el cementerio de Consolación del Sur, en la provincia de Pinar, está la bóveda familiar. No tengo los registros de estos Cuétaras porque se quemó la carpintería y se perdieron en el incendio.
En mi niñez, mis abuelos hacían muchos cuentos de la vida en España. Según Tomás, mi bisabuelo, también se dedicaron a la tierra y al tabaco. Así conocí la finca de mi abuelo, en un pintoresco lugar llamado Cayo Largo, en Consolación del Sur.

Estudiaste en la Escuela Vocacional de Artes de Pinar del Río. ¿Cuándo te graduaste? En ese centro trabajaron, entre otros artistas, Mario García Portela y Pedro Pablo Oliva.
Me gradué en 1980, y en ese entonces Mario era director de Artes Plásticas; y Pedro Pablo, profesor de Pintura.

¿Qué opinión te merece, a la luz del tiempo, la educación recibida allí?
Fue una formación muy integral, con maravillosos profesores, tanto en la escolaridad como en la especialidad. Había un ambiente artístico muy elevado, competitivo e integral, con docentes extraordinarios en todas las disciplinas.
De los niños que empezaron a estudiar arte contigo, ¿cuáles han hecho una obra destacable?
Esa etapa dio muy buenos nombres en la plástica, el ballet y la música. Entre mis condiscípulos hay colegas con reconocidas trayectorias, como Ibrahim Miranda, Luis Enrique Camejo y Eduardo Guerra, entre otros.

¿En qué año te licenciaste en Enseñanza Artística en el Instituto Enrique José Varona? ¿Cómo llegaste a asentarte en La Habana? ¿Qué tal esos primeros años como estudiante?
En 1991 me gradué en el Varona. Pero déjame que te cuente.
En el último año en la Escuela de Arte de Pinar hicimos los exámenes de la ENA, el pase de nivel, y quedé dentro de los diez primeros lugares. Pero a la provincia le otorgan solo cinco cupos, por el tema de la capacidad de los albergues, las becas…
Vengo para La Habana a ver si puedo cambiarme a San Alejandro, que también era nivel medio, pero por razones familiares no se dio la oportunidad. Matriculo en el preuniversitario en el campo en Pinar del Río. Allí pinto y restauro murales que existían en estos centros.

Estando en los exámenes finales de 12.º grado, sale en el periódico Guerrillero un artículo sobre la creación, en coordinación con el Ministerio de Cultura, de la carrera de Educación Artística en el Instituto Superior Pedagógico Enrique José Varona, y salgo corriendo para La Habana para intentar hacer las pruebas de ingreso y optar por la carrera.
Estoy alrededor de una semana en esos trajines. Medían aptitud y tenían en cuenta el promedio docente. Apruebo los exámenes, y así continúo el camino truncado en la formación artística, esta vez con beca en el propio Varona, el albergue número 1 de varones. Una maravilla de plan de estudio. El claustro de profesores, muy competente. Y en cuanto a las disciplinas de la especialidad de artes plásticas, tuve profesores de altísimo nivel en ese momento, comparable a los que ejercían en el ISA. De hecho, muchos premios en los festivales de aficionados eran del Varona. Existía un ambiente creativo muy motivador en la facultad.


¿Ejerciste como profesor de arte?
Ejercí la docencia desde segundo año como alumno ayudante, también en la Escuela Formadora de Maestros de Matanzas, e impartí cursos de dibujo en la firma Coral Negro a los joyeros, como parte de la superación del departamento de prototipos en los años finales de los 90 y principios de los 2000. La experiencia de enseñar siempre es enriquecedora.

¿Cómo transitas de la condición de artista a profesor y nuevamente a artista?
Recién graduado, llega la sombra del llamado Período Especial y comienzo a trabajar en la Firma Coral Negro, en el departamento de Decoración y Montaje, donde vi una oportunidad de ejercer una actividad creativa y poder usar los conocimientos de mi especialidad de artes plásticas: dibujo, escultura, diseño, pintura, escenografía, y aprendí otros oficios; pero no dejé de pintar. Incluso participaba en concursos y exposiciones.
¿Es la vocación artística aplazable?
Siempre he convivido con el artista que habita en mí. Es difícil aplazar la creación cuando es una necesidad.
¿Qué es para ti ser artista?
En mi caso particular, yo veo el arte en todo lo que hago. Es una actitud ante la vida y sus desafíos, y una responsabilidad con mi necesidad de crear. Uno siempre está inconforme con lo que va logrando en el ámbito de la creación. Debe ser parte del proceso, del camino.
Según se consigna en el currículo que me has facilitado, tu primera exposición fue La cumbre que me acerca al sol. ¿De qué trataba?
La expo estaba conformada por paisajes del entorno natural, realizados con témpera y óleo, alla prima, con pinceladas sueltas, luces y sombras, empastes y veladuras, a pincel y espátula. De estas piezas conservo muy pocas.

¿Por qué el título?
El título es extraído de un texto de José Martí sobre los pintores impresionistas, que descubrí en una etapa de mis estudios de la Historia del Arte, la Filosofía, dentro de una juventud temperamental y necesitada de conocimientos, de intercambios, de conceptos e ideas, una etapa intensa de estudiante universitario.

¿Qué queda intacto? ¿Qué ha mutado en el joven artista que fuiste?
Intacto, el deseo de saber, de aprender, de descubrir. Ha mutado la visión del mundo y la forma de ver el arte en sí.
Tu exposición más reciente es Constructos imaginarios. ¿De qué trataba?
Constructos imaginarios tuvo como eje aglutinador el dibujo para la estructura de las piezas, donde el tema ciudad-individuo lo desarrollamos en este caso tres artistas: Alicia de la Campa Pak, Gabriel Antonio Cuétara de la Campa, nuestro hijo, y un servidor, con la visión de cada creador. Era la primera vez que la Bienal invitaba a colaborar a los estudios de los artistas.



Tuvo como marco el Running Fish Art Studio. ¿Tiene alguna significación simbólica el pez corredor?
El nombre del estudio y logo del pez corredor parte de un elemento recurrente en la obra de Alicia De La Campa Pak. Nos pareció que de alguna forma nos representaba como elemento de movimiento para establecer una imagen con identidad propia, y como metáfora representativa de criaturas que habitan una isla. Igualmente, representa el nuevo espacio de trabajo que estábamos creando en esa etapa.
Hace siete años que no realizas una exposición personal. ¿A qué se debe eso?
En los últimos tiempos he participado en ferias y proyectos colectivos, sobre todo internacionales, que han demandado tiempo y esfuerzo. Por otro lado, múltiples factores no me han permitido avanzar como quisiera. Estoy trabajando en ello a pesar de los obstáculos.

¿Puedes relatar brevemente los distintos períodos por los que ha transitado tu trabajo artístico hasta el presente? ¿Tus etapas son ciclos cerrados o permiten revisitaciones?
Mi comienzo fue el paisaje figurativo a manchas. Esas manchas me llevaron de forma orgánica a la abstracción. Entre la abstracción y el paisaje, fui derivando a fragmentos de ciudad que conforman una serie de fachadas, y esas fachadas dieron paso a otra serie de interiores con figuras femeninas, algunas más figurativas, otras más geométricas, en un proceso de búsqueda donde el consciente y el inconsciente hacen su parte. No son ciclos cerrados, son series en las que alterno.


A tu juicio, ¿cuál es tu exposición personal más conseguida?
Seguramente, la próxima.
Encuentro puntos concomitantes entre cierta zona de la obra de Mario Carreño y tus trabajos más recientes. ¿Es así? ¿Reconoces influencias de otros artistas cubanos? ¿Amelia [Peláez], quizás?
En general, reconozco influencias de toda la vanguardia cubana, incluyendo los artistas que mencionas.
Además de en Cuba, has expuesto en solitario en México, Corea del Sur y Estados Unidos. ¿Fueron experiencias satisfactorias?
Las exposiciones en el exterior siempre te estimulan a avanzar, por las exigencias de los mercados, los galeristas, la crítica. Indudablemente, creces como artista. El intercambio con otros colegas con visiones diferentes es siempre un desafío.


La artista Alicia de la Campa es tu esposa y madre de tu hijo. ¿Cómo, dónde se conocieron?
Nos conocimos en la universidad, en el Varona.

¿Comparten el espacio de creación?
Compartimos espacios de trabajo y materiales; aunque tenemos nuestros propios instrumentos, pinceles, paleta, colores, de acuerdo a las exigencias del trabajo de cada cual.
¿Han trabajado en proyectos conjuntos?
Muchas veces. Lo seguiremos haciendo.

¿Vives de tu arte? ¿Es eso posible en Cuba?
A veces es posible vivir del arte aquí. Tiene sus etapas, aunque es difícil siempre. En el presente es más difícil aún. Tienes que ser un buen administrador, un buen negociador y saber representar tu propia obra.













