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En uno de sus poemas, Hermaiony (Villa Clara, 2004), estudiante de tercer año en la Universidad de las Artes, confiesa:
El arte sólo me conoce si mi voz es silencio.
Si en pinturas los rostros son de mujeres que no existen,
si los cuerpos y las expresiones denotan emoción en impacto,
si los poemas son escritos en el candor del momento,
si el movimiento es mío, y solo mío, pero intento compartirlo.
A sus 22 años es una artista de asombrosa madurez. Pinta, escribe, hace fotografías. Pareciera, por las temáticas que aborda, por la calidad estética de sus obras, que ha vivido mucho. Tal vez sea así. Porque lo que cuenta al final no es la cantidad de tiempo consumido en un plazo existencial, sino la intensidad con que se han devorado las horas y los días.
Mirando su trabajo, intercambiando con ella preguntas, estupores y respuestas, vuelvo a recordar la definición de poesía que nos legara Eliseo Diego: “Es el acto de atender en toda su pureza”. Hermaiony está atenta, que equivale a decir: es lúcida. Y no se puede ser lúcido impunemente. El acto de atender la fija en un presente doloroso del que extrae la materia prima de su obra. No parte de modelos preconcebidos. Intenta, desde ya, ahondar en sí misma, con la dolorosa y generosa impudicia que exponer, publicar, supone para los creadores verdaderos.

Hasta el presente, sólo ha hecho una muestra personal —¡No me hables del cielo!—, que entre 2022 y 2023 fue acogida en seis salas. En ésta la artista consiguió una mirada desacralizadora del Apóstol, algo que ya Fernando Pérez, con El ojo del canario (2010), había logrado en el cine.
Participaciones en muestras colectivas tiene varias, dos de ellas en el extranjero (Panamá y Estados Unidos). Ha recibido becas y residencias en Cuba, sin abandonar su condición de estudiante.
Me gustaría decir más sobre Hermaiony, cuya obra visual y escrita me entusiasma, pero correría el riesgo de caer en los vaticinios y la futurología. Dejo aquí, como el que no quiere las cosas, una sugerencia: fijen su nombre, síganla, compren sus obras. Ella siempre va a encontrar una página en blanco.
Paso a compartir nuestro intercambio.

Debes estar cansada de que te lo pregunten, pero no puedo resistirme. ¿Tiene algún significado tu nombre? ¿Es un seudónimo artístico?
Hermione es la forma femenina de Hérmes, dios griego del comercio, mensajero de las divinidades del Olimpo. Además, es el nombre de la Reina de Sicilia en A Winter ‘s Tale, la obra de William Shakespeare; así como de Hermione Granger, un personaje clave en la saga de Harry Potter escrita por J. K. Rowling.
Hermaiony es una especie de transcripción fonética del nombre, escrita por primera vez por una estudiante de filología allá por el año 2004. Mi mamá.
No existe, creo, nombre más artístico que el que tengo de nacimiento. Vaya coincidencia, ¿verdad?

Cursaste los primeros estudios en Artes Visuales en el Centro Provincial para la Enseñanza Artística (CPEA) de Villa Clara. ¿Tuviste que presentar una tesis para tu graduación? Si fue así, ¿puedes relatarnos de qué trataba?
Muchos de mis mejores recuerdos provienen de los cuatro años que pasé en la academia. Al igual que otros no tan agradables, pero eso es otra historia. En todo caso, esas experiencias (incluyendo el período de cuarentena por la COVID-19) abrieron la necesidad de conocerme como persona, como artista. Tanto mi tesis como el resto de mi producción artística nace a partir de esa curiosidad interna.
Mi proyecto de tesis se tituló Intus, y tuvo como base teórica y formal la sublimación de estados emocionales displacenteros por medio del arte, en específico la pintura, el dibujo y la escritura. Entender al momento creativo como catalizador emocional le dio forma a una inquietud a la que no había podido nombrar hasta ese momento. Es el arte como lenguaje de los sentimientos que no tienen lengua, pero necesitan comunicarse.
A partir de Intus se articula el resto de mi obra. En cierto sentido, se hizo columna vertebral de mi manera de entender al mundo, y a mi profesión.

líquida.
Estudias en la Universidad de las Artes. ¿Cuál especialidad? ¿Cómo fue el paso de Santa Clara a La Habana?
Actualmente curso el tercer año en la especialidad de Artes Visuales. Fue difícil adaptarse a la dinámica de la Universidad de las Artes (antiguo ISA) —a la dinámica de La Habana en sí, aunque no tenga la experiencia de estar becada—, pero las conexiones con mis compañeros, todo lo aprendido, la manera en que se crece… eso vale la pena. Santa Clara tiene una presencia cultural enorme, pero vibra a una intensidad diferente. Es en La Habana donde radica el pulso del arte visual cubano.
Veo que eres egresada del Taller de Técnicas Narrativas del Centro de Formación Literaria “Onelio Jorge Cardoso”. ¿Es que, además de artista visual, eres escritora? ¿Puedes narrarnos someramente cómo fue tu paso por esa institución? ¿Crees que ha contribuido sustancialmente a tu formación?
A veces me entran unas ganas enormes de volver a pasar el Taller. Fue mi primer encuentro con la escritura como algo a lo que podría dedicarme profesionalmente, más allá de textos pequeños para mi propio consumo. Siempre me ha fascinado la narrativa, en especial las estrategias que debe tener el escritor a la hora de plasmar una historia. La técnica, la lógica y la maldad, incluso, que hay detrás de una novela. Recibir clases y conferencias sobre cómo crear universos con palabras fue una experiencia espiritual.
Principalmente —por cuestiones relacionadas con el tipo de lenguaje que me viene natural, y a la visualidad en sí— me enfoco en la poesía libre, la prosa poética. La desarrollo en los libros de artista y otros textos. Ahora mismo estoy preparando la publicación independiente de un poemario que reúne los textos de Intus y Cado, así como otros inéditos. También me encanta la ficción. Construir universos donde te conviertes en una flor al morir, o explorar el conflicto interno de un personaje que no tiene historia, y lo sabe.
La escritura existe para comunicar, para generar imágenes y significado a partir de palabras. Es un aspecto de mi creación que exploro en paralelo con el arte visual. Se complementan porque, de cierta manera, son lo mismo.

En una suerte de poema que se puede leer en el inicio de tu dossier de artista, hay declaraciones como esta: “El arte no me aparece si no es en imágenes escritas. / La pintura y el dibujo y el manuscrito y la acción en movimiento.” ¿Es que tu ejercicio literario no se da con independencia de la imagen visual?
Tanto la palabra como la imagen son manifestaciones de la misma necesidad. Una obra visual se puede entender como un texto con su narrativa, sus sintagmas y su estructura interna. Es cosa de semántica: el cuadro se analiza a partir de sus símbolos; como mismo la oración, a partir de sus palabras. La literatura es la contraparte de este fenómeno. La cantidad de imágenes que puede evocar una frase o un poema es increíble.
La relación palabra-imagen es simbiótica por naturaleza. Resulta fascinante explorarla como medio de expresión artística. La gran mayoría de mis obras tienen un texto que las acompañan o que, en muchos casos, fueron su punto de partida. El proceso de creación en sí depende muchísimo de ambos lenguajes. Aunque, si quiero dar mejores ejemplos, quizás deba hablar de los libros de artista.
Intus, tu libro de artista, ¿surgió como un diario con imágenes y textos o lo concebiste desde un inicio como un objeto de arte? ¿Cado es también un libro de artista? Cuéntanos sobre su poética, su génesis.
Intus fue concebido desde el principio como una obra de arte, la primera en donde pondría de lado el óleo por un momento para darle protagonismo a la palabra. Terminó siendo un refugio, un resumen de la sensibilidad que me guía. Le tengo mucho cariño a Intus. Es un libro de artista que reúne cuestionamientos, revelaciones y confesiones en forma de versos libres y bocetos rápidos, algunos de los cuales derivaron en lienzos o carboncillos de mediano formato.
Es una pieza muy íntima, pero que habla al mismo tiempo de esa necesidad de conexión externa. Fue, de hecho, el núcleo de mi proyecto de tesis, y la obra con la que participé en Post It por primera vez. Mostrarla al público fue, de cierta forma, una de las cosas más valientes —y atemorizantes— que he hecho.

carnitina líquida, 43 x 30 x 1.5 cm.
Cado persigue el mismo ideal. Es lo que sería Intus en otro momento, con otra perspectiva, y percibe las mismas inquietudes de forma diferente. Aunque ha recorrido otros caminos. Formó parte del IX Salón de Arte Cubano Contemporáneo “Hogar”, así como de la exposición colectiva Punto cubano, en Ybor Art Factory, Tampa. Es una obra aún en proceso, aunque la comencé hace tres años. Después de todo, siempre existe una página en blanco.
Tu exposición personal ¡No me hables del cielo!, se centra en la figura de José Martí. Entre 2022 y 2023 itineró por seis salas. ¿Es Martí simplemente un tema o tiene algún significado para ti?
Formo parte de una generación, de un país, al que le imponen la imagen del Apóstol desde antes de saber caminar. Martí está presente en todo momento, pero a pesar de eso (a causa de eso), no lo conocemos realmente. Cuando me encontré con Pepe Martí, contaba con la misma edad que él tenía cuando lo condenaron a presidio. Un niño de dieciséis años, forzado a trabajar en una cantera y creciendo más allá de ese infierno.
Cuando leí El presidio político en Cuba, en las Obras Completas, fue el momento en que vi a Pepe en lugar del Apóstol por primera vez.
¡No me hables del cielo! fue un intento de compartir esa visión; el hombre imperfecto y genuino tras el busto. El proyecto tuvo una recepción enorme. Aún me es difícil creerlo. Tenía dieciséis, diecisiete años cuando aquello; era mi primera exposición personal, una muestra peregrina. El primer espacio que la acogió fue la Casa de Artistas y Creadores de San Lázaro, una de las calles por donde transitaba Pepe en su camino a las canteras. Luego, tomó breve residencia en San Alejandro, en el Palacio de las Convenciones; en Galería Collage Habana, como parte de una colectiva, cerrando el ciclo en las Romerías de Mayo del año 2023.
¿Qué ha sido de las piezas que integraron esa exposición?
Uno de los cuadros (precisamente “Dante no estuvo en presidio”) está expuesto de forma permanente en la Fragua Martiana. Otros tres fueron mis ventas más importantes hasta la fecha, y el resto me acompaña siempre.



¿Tu proyecto Presas —31 unidades de 30 cm de diámetro cada una— plantea una perspectiva de género sobre la relación hombre-mujer? Hacia el final del texto que forma parte de la propuesta, aparecen estas líneas: “es mejor morir como alimento / que matar por hambre”. ¿Cómo entender esta expresión?
Presas nació como un poema. Lo escribí en Cado, junto al boceto de un venado, y sentí que el concepto tenía el potencial de ser mucho más. Hoy día, partes de ese poema son el statement de la obra.
Quería explorar las relaciones intergeneracionales con la violencia desde el punto de vista de una presa que instruye a otra más joven (una hija, quizás), para que sea “buena” y sepa cómo sobrevivir junto a su depredador. Es un intento de comprender procesos mucho más grandes y complejos. Los conflictos de género están presentes, sí, pero más que eso el enfoque está en la racionalización interna que sucede cuando una víctima se convence a sí misma de que su situación es normal, su abusador solo está siguiendo su instinto, y el daño que recibe es su propia culpa.


Presas, sin embargo, entiende que abusador y víctima pueden ser la misma criatura. Cada pieza de esa serie busca definir la presa y el depredador dentro de una persona en un contexto específico, y cómo esa relación se extiende para conectar con alguien que tenga una experiencia similar.
La frase con que termina el poema es una de mis favoritas. “Es mejor morir como alimento que matar por hambre”: es mejor ser el sacrifico que alimentará a alguien, que hacer daño para sobrevivir.
Presas (fragmento)
De una presa a la otra
digo:
huir está sobrevalorado.
De una presa a la otra
advierto:
mantén a tu sangre fresca
y en buen estado.
(Si tu olor es de sangre putrefacta,
nadie querrá cazarte.)
De una presa a la otra
aclaro:
agradece haber nacido presa.
(Es mejor morir como alimento
que matar por hambre.)


En Sacoma haces un contrapunto entre el colibrí y la mujer. ¿Puedes comentarnos cómo estableces esa analogía?
El colibrí es un símbolo que me persigue desde que estaba en la academia, y se hizo protagonista de Sacoma más tarde, en la Universidad de las Artes. Se ha vuelto una figura recurrente en mi obra, una especie de animal guía que mis compañeros usan para identificarme. Siento una conexión enorme con el animal, y gran parte de ella se debe a su cuerpo.
El colibrí tiene el metabolismo más rápido de cuanto ser vivo existe. Es capaz de aletear más de 70 veces por segundo y su corazón late 1200 veces por minuto. En consecuencia, vive en un ciclo eterno: buscar alimento para generar energía para buscar alimento… Si pasa más de una hora sin alimentarse (si rompe el ciclo), el colibrí muere por inanición.

Conocemos al colibrí como símbolo de virtud y delicadeza, pero su organismo corre el riesgo de convertirlo en metáfora de constancia y resiliencia. Una contradicción.
La mujer —desde su historia y naturaleza— es también una contradicción. La relaciono con el colibrí por una cuestión metafórica; como símbolo histórico de virtud y delicadeza, un ser que le da forma a la resiliencia.
Más allá de su relación con la feminidad, utilizo al colibrí para hablar de temas como el ciclo y la fuerza. Sin embargo, existe otro aspecto de la metáfora que dialoga de manera cercana con el cansancio: la muerte del colibrí por inanición.
En 2024 realicé la obra Isla de aves sin vuelo, un carboncillo de tres metros de largo que fue presentado en la segunda edición del concurso de arte contemporáneo MalaYerba. Isla… explora al colibrí como alegoría de Cuba, de nuestra realidad, del espíritu actual de la nación. Dibujé 164 aves a carboncillo, hasta que me quedé sin espacio. Pero está bien: quedan más obras donde el colibrí exige su lugar.

Uno de los asuntos más complejos de la teoría del arte es el que se refiere al protagonista poemático. Aunque el texto aparezca en primera persona, el autor puede estar hablando por otro, desde otro. Rimbaud, sin ir más lejos, dijo: “yo soy otro”. ¿Se da en tu trabajo un desdoblamiento?
Mi trabajo es lo más puro que tengo. El momento de creación exige de mí sinceridad y despojo; en los poemas y las obras descubrirás quién soy cuando me permito ser vulnerable.
Trato de evitar los seudónimos, aunque a veces son la manera indicada de tratar algún tema en específico (Presas, por ejemplo). Mi obra lidia con el conflicto interno, las emociones indefinibles, el ser humano en su estado más puro y contradictorio. Esas son cuestiones que surgen de una necesidad personal, intrínseca, pero que se desarrollan a través del arte hasta alcanzar a otra persona, otra realidad. Es el arte el que desdobla esas emociones, en cierto modo. Es la resolución de ser vulnerable en mi discurso, y de hacer de mi obra un espejo para quien desee verse reflejado en él.
Eres fotógrafa, además. ¿La fotografía la empleas como apoyo para el trabajo posterior ante el lienzo o la cartulina, o es otra expresión artística que marcha paralela a la escritura y las artes plásticas llamadas tradicionales?
Cada vez que estudio temas de composición, iluminación o psicología visual regreso, inevitablemente, a la fotografía. Sea fotografía artística, comercial o cinematográfica, la manera que tiene de enmarcar la realidad e influenciar cómo reaccionamos a ella es extraordinaria. Recuerdo que pasé mucho tiempo estudiando a fotógrafos como David Nebreda, Lee Miller y Nobuyoshi Araki cuando comencé a interesarme por la fotografía como medio.
Hasta el momento, la fotografía me ha servido para definir el lenguaje visual de mi producción artística, aunque la he estado desarrollando como obra independiente de manera más reciente.
El proyecto Transcultura llevó a cabo un taller profesional de fotografía como parte del Festival Isla Verde 2025. Los profesores Héctor Garrido y Sandy León nos llevaron hasta los confines de la Isla de la Juventud y nos mostraron una dimensión única de lo que es posible con la cámara. La experiencia de vivir la fotografía desde dentro (como su único fin y propósito) me cambió el juego. Descubrí que ver el mundo a través de un lente es algo que amo, y que quiero perseguir.



En el proyecto (M)Undo escribes poemas en presencia del público. ¿Se trata de textos previamente elaborados o surgen en el instante? ¿Intentas romper el mito de que la creación es un acto solitario? ¿Escribir en la pared de la galería no te resulta un acto impúdico, un “desnudamiento”?
Lo es, y ese es su propósito. (M)Undo convierte a los procesos internos de Intus y Cado en un acto público, con la galería de arte como escenario. Su propósito es tomar la etapa final de los libros de artista (ser mostrados ante el mundo y crear una conexión con el extraño que los lea) y convertirla en su propia obra, su propio momento. Es una pieza desafiante e intensa en su emocionalidad.
Los textos son todos poemas espontáneos, libres, que surgen de una corriente fluida de pensamiento. Un tema lleva al otro y se convierte en boceto que deviene texto, una y otra vez. Están escritos todos en los pedazos de lienzo que sobran tras montar un cuadro. El libro-arte-performance me permite dialogar también con el cuerpo, con el lenguaje efímero del movimiento. La acción autónoma y presente de crear.
La última vez que realicé (M)Undo fue en la exposición colectiva Todos los cuervos son negros, que organicé junto a mis compañeros de la UA durante las XXXII Romerías de Mayo. La acción duró poco más de 4 horas, e incluyó la primera versión del dibujo central del tríptico Volar, temer, morir.

cm.
En septiembre fui invitada a participar en la exposición colectiva Lecturas verticales, en el Centro de Arte Contemporáneo Wifredo Lam, con Intus y Cado. Ambas piezas fueron presentadas en conjunto, conectadas visualmente por una versión de (M)Undo escrita durante el proceso de montaje. Es una obra muy dinámica, capaz de adaptarse y reinventarse cuantas veces le sea necesario.

uutilizado para el montaje de obras previas. Duración: 4 horas, aproximadamente.
Dimensiones variables. El texto sobre la imagen se improvisó a la vista del público.
Llevamos rato conversando sin habernos presentado formalmente. ¿Quién eres?
Aún lo estoy averiguando, y creo que siempre lo estaré. Soy alguien que escribe porque a veces le faltan las palabras en una conversación, y que hace obras más altas que sí misma porque de ese mismo tamaño es lo que lleva el ser humano dentro. Soy una artista, porque el arte es mi lenguaje y mi conexión con el mundo. Soy alguien que no sabe quién es, porque definirse es extraño y el arte —la vida— es, por naturaleza, indefinible.


Cuatro poemas de Hermaiony Villa Machado:
Contrapunto
La luz se está acabando,
tendrás que esperar a que regrese.
Escribir sin ver es como la vida.
Hacer trazos en el papel y esperar a la mañana
para ver si tienen sentido.
Narrativa
En un mundo sin historia
se dan los grandes hitos
de la guerra.
La vida se resume en escritos sin texto.
El resumen se sabe vida
de lo que se antagoniza y delibera.
En una historia sin mundo,
ya nada es ficción.
La sangre sustituye al vino,
como mismo la lírica
a los gritos de parto.
En un mundo sin historia,
este es el mundo.
Recuento
Hay cosas que no importan.
Permanecen innombrables
porque nombrar algo es amarlo.
Todo nombre viene con historia,
cada argumento diferente.
Estas vidas descompuestas
se tornan viento y ceniza
para nutrir los fuegos.
El fuego viene en movimiento.
Muere y renace, hasta que acaba.
Nos consume el fuego,
igual que nos ahoga el humo.
Con el humo se escriben señales.
Con el humo se dibujan advertencias.
Tu nombre será humo por esta noche.
Mañana, fuego.
III
No lo sabes aún,
pero tengo la mala costumbre de
separar
las
cosas
y reordenarlas para que formen narrativas de
paz
o
penitencia.
Por eso digo que el texto y la imagen
son lo mismo,
como la sangre y el rojo.
Escribir es sinónimo de hemorragia.
Hoy, no tengo pigmento.
(Pero tengo una aguja.)












