La salida de las principales cadenas hoteleras españolas de Cuba puede abrir el camino a una nueva etapa del mercado turístico de la isla, en la que compañías estadounidenses ocupen parte del espacio que dejan los operadores internacionales.
Así lo considera el español Ivar Yuste, reconocido experto en el tema turístico y, en particular, en el mercado cubano.
Yuste, presidente de la International Society of Hospitality Consultants (ISHC) y socio de PHG Hotels & Resorts, sostiene que la salida de las cadenas de España, acelerada por la presión de Washington sobre las empresas vinculadas con el conglomerado militar Gaesa y el Ministerio de Turismo, no tiene por qué significar el final de la presencia internacional en la hotelería cubana.
Por el contrario, considera que el repliegue de los actuales operadores puede preparar el terreno para la entrada de nuevos actores y, particularmente, para las marcas estadounidenses.
“La lectura obvia de todos estos acontecimientos es que no hay razón para expulsar a los operadores que gestionan el 40 % de la oferta hotelera de un país si la intención no es que las marcas estadounidenses ocupen su lugar”, sostiene en un artículo publicado por Hotel Management.
Su análisis se produce luego de la retirada de Meliá, Iberostar, Barceló y otros grupos internacionales que durante décadas operaron buena parte de la planta hotelera cubana.
Según las cifras reunidas por Yuste, las cadenas internacionales que abandonaron la isla gestionaban en conjunto alrededor del 46 % de las habitaciones existentes. Los grupos españoles representaban por sí solos alrededor del 40 %.
Un espacio vacío
Cuba dispone de más de 80 mil habitaciones hoteleras, de las cuales cerca del 18 % se concentra en La Habana. Meliá llegó a gestionar más de 35 hoteles y unas 14 mil habitaciones, mientras Iberostar operaba alrededor de 20 establecimientos y unas 7 mil habitaciones, de acuerdo con el especialista.
El modelo predominante durante estas décadas fue uno en el que el Estado cubano mantenía la propiedad de los activos y los grupos extranjeros asumían la administración, en muchos casos mediante contratos de gestión.
Esa particularidad explica —de acuerdo con Yuste— que su rápida salida de Cuba haya sido financieramente más manejable para las compañías españolas que si hubieran sido propietarias directas de los inmuebles.
No obstante, el experto subraya que la retirada deja una cuestión inmediata: quién administrará los hoteles y quién asumirá las inversiones necesarias para devolverles competitividad.
Yuste estima que buena parte de la planta hotelera cubana —cuya gestión actual recae mayormente en las empresas de la isla— necesita importantes desembolsos de capital después de años de mantenimiento insuficiente. Elevar los establecimientos hasta los estándares de las grandes marcas estadounidenses requeriría, a su juicio, un programa de inversión considerable.
El consultor advierte, además, que el problema no es únicamente financiero.
Para que una compañía estadounidense entre en Cuba, tendría que existir un marco legal capaz de ofrecer seguridad sobre los activos, claridad respecto de la propiedad y mecanismos funcionales para repatriar capitales. Esa condición tendría un peso especial para grandes compañías de EE.UU., cuyos consejos de administración y accionistas institucionales tolerarían menos la incertidumbre regulatoria que los grupos familiares europeos, según su análisis.
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El atractivo sigue ahí
Pese al retroceso actual del sector y el deterioro de la infraestructura, Yuste considera que Cuba conserva potencial para recuperar una posición relevante dentro del turismo caribeño.
En tal sentido, recuerda que la isla llegó a perfilarse durante el acercamiento entre La Habana y Washington, al final de la Administración de Barack Obama, como un posible competidor de República Dominicana por el liderazgo regional.
El especialista, quien gestionó una cartera de propiedades hoteleras en Cuba a mediados de los 2000 y financió un proyecto inmobiliario de ocio en la isla en los años de Obama, vuelve a plantear ahora esa posibilidad, si bien señala el contraste actual entre ambos mercados: mientras República Dominicana recibió unos 9 millones de visitantes en 2025, Cuba registró apenas unos 1,8 millones.
Como factor a considerar para un potencial renacer, Yuste destaca la cercanía geográfica con EE.UU., no por gusto el principal mercado emisor del mundo, así como el potencial de segmentos como las segundas residencias y las residencias asociadas a marcas hoteleras.
Sin embargo…
El potencial turístico real de Cuba, aun con la salida de las compañías españolas y de otros países, no significa que una entrada estadounidense pueda producirse de inmediato.
Las propias condiciones que el experto señala como necesarias —seguridad jurídica, claridad sobre la propiedad, mecanismos para repatriar ganancias y una nueva estructura laboral— constituyen a la vez obstáculos importantes.
El consultor considera especialmente relevante este último aspecto, porque las cadenas hoteleras necesitan controlar estándares salariales y laborales para garantizar los niveles de servicio asociados a sus marcas.
“El servicio de un hotelero lo presta su personal, razón por la cual los operadores internacionales llegan con estándares laborales y salariales establecidos: sin ellos, no pueden brindar una experiencia consistente a los huéspedes”, señala Yuste.
“Unas condiciones laborales y salariales adecuadas para los empleados de hoteles cubanos deberían ser un requisito de entrada, y esta es la parte de esta transición con mayores implicaciones para el ecosistema cubano”, concluye.













