|
Getting your Trinity Audio player ready...
|
Las actrices Nancy González, Leidis Díaz y Mayra Mazorra han aprendido a sostener dos escenarios a la vez: el de sus carreras y el de la maternidad. Entre ensayos, grabaciones y rutinas cambiantes, sus hijos no solo transformaron sus vidas, sino que redefinieron sus prioridades y el sentido de su vocación.
Cada una, desde su propia historia, ha construido un equilibrio posible entre la exigencia profesional y la vida íntima. En ese cruce —hecho de renuncias, aprendizajes y complicidades— se tejen los vínculos que hoy las sostienen.
Nancy González se preparó para la maternidad y sus hijas llegaron en el momento en que decidió que tenía las condiciones para recibirlas. “Las amé desde antes de concebirlas, y desde que las tuve han sido el centro de mi vida. Con su llegada descubrí un amor y una responsabilidad especial e incomparable. A partir de ahí todo cambió: las rutinas, los juegos, las salidas, las reuniones con amigos, el trabajo, las vacaciones… todo se filtra por lo que es más conveniente para ellas”, reveló.
La también emprendedora y conductora del programa televisivo Ruta 10 se deshizo en elogios hacia sus hijas, Amalia y Adriana, quienes se han convertido en sus cómplices en cada aventura.
“Nos parecemos mucho y eso me llena de orgullo. Físicamente, una se parece más a mí y la otra a su papá, pero ambas tienen rasgos similares. Aunque cada cual tiene su carácter, que las identifica, se parecen mucho a mí. Como yo aprendí de mi mamá, ellas aprendieron de mí a ser laboriosas y hábiles para todo, tanto en casa como en sus profesiones. Son aplicadas en sus estudios y en su vida laboral, lo que les ha permitido destacar siempre”.
Aprender a ser madre ha sido la mejor experiencia de su vida, cuenta, y esta jornada ha estado llena de alegrías y aprendizajes.

“Hubo momentos en los que el trabajo me obligó a separarme de ellas por horas o días, y eso implicaba una cuota importante de sufrimiento para mí. Ellas vinieron al mundo en una etapa de mucho trabajo: estaba haciendo novelas, series, aventuras y teatro, casi siempre en roles protagónicos que exigen más entrega, tiempo de rodaje y muchas horas cada día en el set y de estudio en casa. Ahí sí que era difícil. Por suerte, mi mamá siempre estuvo conmigo para apoyarme”, confesó.
Juntas han construido una relación basada en la confianza, la complicidad y la admiración.
“Hablamos muy a menudo de asuntos importantes o de cosas triviales; ahora, en especial, sobre mis nietos y nietas. Estamos al tanto de la vida de las otras y nos apoyamos las tres. Lo que más disfruto es tenerlas, saber que, lejos o cerca, son mis mejores amigas y mis amores incondicionales”, remarcó.
Tiempo de amor verdadero
Este sentimiento también lo experimentó la actriz y cantante Leidis Díaz cuando nació su mayor tesoro: Isabela.
“Cambiaron muchas cosas, por ejemplo, mis prioridades. Descubrí una nueva forma de amar que no conocía, y eso me hizo más fuerte y, a la vez, mucho más cuidadosa. Cosas que antes hacía sin pensar, ahora las analizo bien. Organizo mis trabajos para poder pasar tiempo de calidad juntas. Ella es el centro de mi vida y mi prioridad número uno”, puntualizó.
Para la artista, que interpreta a Roxy en la telenovela Ojo de agua, es una gran responsabilidad guiar a su hija y ser un ejemplo para ella.
“Isabela me ha acompañado desde que tenía tres meses en casi todos mis proyectos, tanto en el teatro como en la televisión y en la música. Eso ha hecho que estemos muy unidas y que ella se sienta parte de todo lo que hago. Nosotras conversamos mucho; yo me intereso por las cosas que a ella le gustan. Compartimos juegos, creamos reels y estudiamos juntas. Los domingos, cuando no trabajo, nos gusta poner música en casa y bailar”.

Su mayor orgullo es el rol de madre, que le enseña cada día a ser mejor persona.
“Verla crecer y superar cada etapa es algo que disfruto mucho. A veces miro videos de cuando era pequeñita y me siento muy orgullosa al ver cuánto ha crecido y cómo ha aprendido, a pesar de todas las cosas difíciles que nos ha tocado vivir. Disfruto también cuando me da cariñitos sin que se los pida, de sorpresa”, señaló la intérprete, emocionada.
Leidis e Isabela son inseparables: forman un gran equipo que disfruta de todo lo que han construido juntas.
“Ser madre es un proceso de aprendizaje constante, y con el tiempo supe encontrar el equilibrio. Tuve momentos difíciles; incluso rechacé propuestas porque no sabía cómo separarme de ella. Ahora he podido hacer dos novelas, un par de telefilmes, varias obras de teatro y hasta regresar a la música, con la ayuda de amigos, de mi madre y de su nana Anita, que la cuida desde que era muy pequeña”.
En sus palabras también expresó el orgullo que siente por su hija y destacó las cualidades que comparte con ella y con otros miembros de la familia.
“Ella se parece mucho a su papá y a mi mamá. Hay quien dice que nos parecemos, pero la verdad es que no he encontrado esa similitud física. Ahora bien, somos zurdas las dos. Le gustan las mismas asignaturas que a mí cuando estaba en la escuela. Le encanta la música, como a mí; heredó mi carácter y el sello de mi familia materna, que solo nosotros sabemos cuál es. Y es artista, más artista que yo”.
Amor incondicional
Raymel Pedroso llegó para llenar de alegría la vida de su madre, la actriz Mayra Mazorra, tras la pérdida de un primer embarazo a los ocho meses de gestación, mientras cursaba el último año del Instituto Superior de Arte.
“Para mí, la maternidad fue compleja. Después de graduarme empecé a trabajar en el grupo Teatro Estudio, donde hice mi servicio social. Al poco tiempo quedé embarazada nuevamente. Sacrifiqué mi carrera en ese momento porque quería tener a mi hijo. No me arrepentí nunca: tuve a mi bebé y disfruté toda esa primera etapa junto a él, dedicándole todo el tiempo”, enfatizó la artista.
A partir de entonces se volvió más exigente consigo misma, consciente de la responsabilidad de cuidar a su “retoño”.
“Él se convirtió en el centro de mi universo y, desde ese momento, fue mi prioridad. Comencé a vivir en función de él, que venía primero, y después todo lo demás”.
Mayra mantiene una conexión estrecha con su hijo, aunque reconoce que la distancia ha marcado su relación.
“Vive desde hace diez años en Alemania y, aunque nos comunicamos con frecuencia a través de las redes sociales, no es lo mismo que tenerlo delante. A pesar de eso, mantenemos una relación bonita: hablamos de las cosas cotidianas, de los niños y de la casa. Además, se interesa por mi trabajo. Siempre lo mantengo al tanto de lo que estoy haciendo, y él hace lo mismo: cuando tiene algún proyecto nuevo, me pide opinión. Está todo el tiempo en mi mente”.

Al evocar sus recuerdos, reconoce los rasgos que la unen a la persona a quien ha dedicado cada logro de su vida y su carrera.
“Tenemos varias cosas en común. En el carácter nos parecemos bastante: somos amorosos, cariñosos y sensibles. También en la tenacidad: cuando nos proponemos algo, somos muy constantes. Amamos mucho, nos entregamos, somos de dar sin esperar recibir nada. Pero también nos cuesta perdonar cuando nos hieren. Somos un poco despistados y tenemos un ritmo lento para hacer las cosas, y nos molesta que intenten imponernos otro”, asegura.
La actriz, ganadora del premio Caricato por su interpretación de Myriam en la telenovela Tan lejos y tan cerca, no dudó en agradecer en esta fecha las muestras de afecto que complementan su felicidad.
“Lo que más disfruto de mi rol de madre es darle amor a mi hijo. Cuando lo tengo delante, puedo darle ese cariño físico: abrazarlo, besarlo y mimarlo como cuando era niño. Y también recibir ese afecto que existe entre los dos. Esas cosas las disfruto muchísimo. Además, poder apoyarlo en todo lo que puedo. Estoy ahí siempre para él”, concluyó con una sonrisa de satisfacción.













