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El colega Ricardo González Águila ha presentado, de forma sucinta, la que hasta donde conozco es la primera propuesta formulada dentro de Cuba para incorporar una capa de análisis prospectivo al paquete de 176 medidas.
Es un aporte útil porque cubre un vacío relevante en la presentación oficial de las 176 medidas. Ese componente no está incorporado de forma explícita en el diseño ni en la lógica interna del paquete, que no incluye un ejercicio formal de escenarios ni una prueba de robustez.
El texto del Dr. González Águila suscita reflexiones adicionales en torno a cinco aspectos: aislamiento frente a inserción internacional, geopolítica y estrategia económica, incertidumbre y probabilidad de los escenarios, estrategias robustas transversales y evaluación de la capacidad transformadora del paquete.
La reforma económica cubana frente al aislamiento: cuatro escenarios
Nombrar con precisión: ¿aislamiento o cambio en la inserción internacional periférica y vulnerable?
Usar “aislamiento” como eje de los escenarios tiende a reducir la complejidad del análisis de las 176 medidas.
El término sugiere una relación binaria y sobre todo pasiva con la economía mundial: estar “dentro” o “fuera”.
Esto plantea varias limitaciones analíticas:
- Convierte una realidad compleja en una dicotomía —aislado/no aislado—, cuando lo decisivo es la calidad, estructura, densidad y vulnerabilidad de los vínculos externos.
- Favorece una explicación causal que puede subestimar factores internos como el diseño institucional, los incentivos y la capacidad de aprovechar oportunidades existentes.
- Dificulta analizar gradientes y trayectorias. Una economía puede estar insertada de modo precario, concentrado, dependiente o de bajo valor agregado sin estar aislada.
- Desplaza el debate hacia si se rompe o no el aislamiento, en lugar de preguntar qué tipo de inserción se construye —o podría construirse— y con qué riesgos y oportunidades.
En cambio, hablar de mutación en “la inserción económica internacional” resulta más preciso y operativo, porque permite examinar la diversificación de socios, productos y mercados; el acceso a financiamiento, tecnología y cadenas de valor; el régimen cambiario y de comercio exterior; el papel de la inversión extranjera y la diáspora; la apropiación interna de rentas; y la vulnerabilidad y capacidad de adaptación ante shocks externos.
Por ello, sería más útil reformular los cuatro escenarios del Dr. González Águila desde la perspectiva de los patrones de inserción internacional. Ese enfoque permitiría evaluar mejor la robustez de cada trayectoria frente a futuros alternativos y evitaría reducir el debate a la mera presencia o ausencia de vínculos externos.
Propongo adoptar la siguiente perspectiva para enmarcar la definición de escenarios múltiples: en 2026, Cuba ha transitado de una inserción internacional “periférica, restringida, segmentada y altamente vulnerable” hacia otra “periférica, restringida por sanciones, dualizada y de muy alta vulnerabilidad”.
La segunda formulación conserva la caracterización previa a las sanciones reforzadas de 2026 —periférica, restringida, segmentada y vulnerable— y añade los rasgos surgidos o agravados tras el endurecimiento de sanciones: mayores restricciones, dualización de los circuitos externos y aumento de la vulnerabilidad.
- Más restringida por sanciones: menor acceso a capital, financiamiento, seguros, transporte y mercados, junto con la retirada o reducción de operadores europeos, canadienses y otros socios tradicionales, como consecuencia del reforzamiento de las sanciones de EE. UU.
- Dualizada: coexistencia de un circuito estatal cada vez más limitado y orientado a socios no occidentales o de bajo perfil de riesgo, junto con un circuito privado emergente que opera parcialmente mediante excepciones, canales informales o terceros países.
- De muy alta vulnerabilidad: mayor dependencia de flujos volátiles —remesas residuales, servicios médicos y socios puntuales— y exposición más intensa a shocks geopolíticos y energéticos, con escaso margen de maniobra.
La geopolítica como condicionante, no como eje del análisis
Conviene revisar críticamente la premisa de que los escenarios deben construirse a partir del “problema geopolítico: reformar desde el aislamiento”.
La geopolítica es necesaria para destrabar el impasse de las sanciones estadounidenses, preferiblemente por vía diplomática, pues sin un alivio externo significativo, el margen económico sigue siendo muy estrecho. Sin embargo, el análisis no debe limitarse a Washington: aliados potenciales como Rusia, China, México o Brasil no parecen contar hoy con la capacidad ni la disposición suficientes para compensar eficazmente las restricciones derivadas del reforzamiento de esas sanciones.
Aun así, ni el alivio de sanciones por parte de EE. UU. ni un eventual reordenamiento de alianzas bastarían por sí solos. Superar una inserción “periférica, restringida por sanciones, dualizada y de muy alta vulnerabilidad” exige una estrategia económica coherente: reglas claras, incentivos productivos, atracción de capital, diversificación exportadora y capacidad para absorber inversión y tecnología. Sin esa estrategia, incluso una menor presión geopolítica tendería a reproducir vínculos externos de bajo dinamismo.
Para evitar malentendidos, la geopolítica —en especial el régimen reforzado de sanciones de EE. UU. en 2026— debe entenderse como un factor dominante que estrecha el margen de la estrategia económica cubana. Pero eso no convierte el paquete de 176 medidas, ni la evaluación de sus escenarios, en un asunto estrictamente geopolítico.
La geopolítica se ocupa del poder, la influencia, la seguridad y el posicionamiento estratégico entre Estados; no define directamente objetivos como crecimiento, productividad o equilibrio externo.
Un enfoque predominantemente geopolítico tiende a subordinar los objetivos de desarrollo a criterios de poder y alineamiento. Ello aumenta la vulnerabilidad, reduce la eficiencia de la inserción externa y dificulta la creación de vínculos sostenibles y de mayor valor.
Los factores geopolíticos importan como condicionantes, pero no deberían convertirse en el objeto principal del análisis. Cuando lo hacen, se debilita el rigor económico: pierden peso el examen de incentivos, costos y beneficios, competitividad, secuenciación de reformas y resultados de desarrollo.
Una focalización excesiva en la geopolítica genera varios riesgos:
- El debate se desplaza de “qué tipo de inserción genera más valor agregado y menor vulnerabilidad” hacia “con quién alinearse”.
- Las opciones tienden a evaluarse ante todo por su compatibilidad política o ideológica, y solo después por su viabilidad económica.
- Se reduce el espacio para discusiones técnicas sobre mercado cambiario, atracción de inversión extranjera directa, diversificación exportadora y diseño de políticas.
- El análisis tiende a polarizarse y a adoptar un tono excesivamente normativo.
Un paquete orientado a modificar la inserción internacional es, por naturaleza, un instrumento de estrategia económica. La geopolítica opera como restricción, oportunidad o condicionante externo, pero no sustituye el carácter económico del programa.
En un contexto de fuertes tensiones geopolíticas como el de Cuba, la lógica rectora debe seguir siendo económica si se busca maximizar el aporte de la inserción internacional al desarrollo. La geopolítica debe incorporarse como condicionante, no como objetivo principal.
Cuando la probabilidad se vuelve discutible
Conviene refinar la caracterización probabilística de los escenarios, pues no queda claro el criterio utilizado para calificar la probabilidad de materialización de cada uno.
Escenario 1: Reforma truncada y reversión —muy probable.
Escenario 2: Reforma parcial bajo aislamiento —escenario central.
Escenario 3: Reforma sostenida mediante reorientación geopolítica —improbable como sustituto pleno de los vínculos perdidos, aunque podría evitar el colapso y sostener una transformación parcial.
Escenario 4: Apertura externa y aceleración de la reforma —no sería el más probable.
Escenario combinado 2 y 3, trayectoria más probable.
La incertidumbre describe situaciones en las que no es posible asignar probabilidades confiables o medibles a los resultados posibles; por ello suele hablarse de “probabilidad no cuantificable”.
En condiciones de alta incertidumbre —o incertidumbre profunda—, como las que rodean la dinámica económica, social y política de Cuba, asignar probabilidades a los escenarios de un paquete de medidas económicas resulta problemático. Por ello, afirmaciones como “más probable”, “no sería el más probable” o “central” descansan sobre una base metodológicamente débil.
Esto no impide formular juicios sobre lo que podría ocurrir, pero esas valoraciones no pueden cuantificarse con precisión.
Un ejemplo es el escenario 4, Apertura externa y aceleración de la reforma, asociado a una reducción de tensiones con Estados Unidos mediante negociación, cambio de política o algún acuerdo limitado. En la clasificación del Dr. González Águila se presenta como un escenario que “no es el más probable”.
Sin embargo, aunque ese escenario pueda tener baja probabilidad ex ante, su materialización depende de umbrales críticos —por ejemplo, un acuerdo energético mínimo o un cambio en el cálculo político en Washington—. Una vez cruzados ciertos umbrales de costo-beneficio para ambas partes, su probabilidad condicional podría aumentar de forma no lineal.
Presentarlo simplemente como “no el más probable” en el corto plazo puede congelar el análisis y restar atención a los factores que podrían activarlo. Sería más útil identificar indicadores tempranos capaces de elevar su probabilidad condicional, en lugar de relegarlo a una categoría residual.
Esta observación no sostiene que el escenario 4 sea el más probable; plantea más bien que clasificarlo de manera categórica como “no el más probable” en el corto plazo resulta metodológicamente vulnerable.
En condiciones de incertidumbre profunda, conviene priorizar enfoques de robustez, escenarios y estrategias de bajo arrepentimiento, asunto que se aborda a continuación.
El enfoque que conviene incorporar: estrategias robustas para los escenarios
La propuesta de escenarios del Dr. González Águila ofrece a funcionarios y académicos una oportunidad para intercambiar sobre el componente analítico, casi ausente, del paquete de 176 medidas.
El paquete parece orientado sobre todo a responder a la coyuntura y preservar el modelo político-económico vigente, más que a diseñar una política económica robusta frente a la incertidumbre profunda.
Por ello, el énfasis del análisis debería desplazarse de “¿cuál es el futuro más probable?” a “¿qué acciones mantienen un desempeño aceptable, aunque el futuro se aparte sustancialmente de los escenarios previstos?”.
El reto consiste en evaluar variantes estratégicas capaces de funcionar razonablemente bien en una amplia gama de futuros posibles. Estas estrategias —robustas, resilientes o adaptativas— no buscan maximizar resultados en un escenario específico, ni siquiera en el “más probable”, sino mantener un desempeño satisfactorio en la mayoría de los futuros plausibles. A cambio de cierta eficiencia en el escenario óptimo, ganan tolerancia frente a la sorpresa y la diversidad de trayectorias posibles.
La robustez de un paquete de medidas no surge de enumerar escenarios alternativos, sino del uso analítico y de diseño que se haga de ellos. Requiere evaluar el desempeño de cada medida bajo distintos escenarios, identificar los componentes que conservan resultados aceptables en un rango amplio de futuros —acciones de bajo arrepentimiento— e incorporar flexibilidad, modularidad, puntos de decisión, mecanismos de ajuste, indicadores tempranos y rutas adaptativas.
Enumerar cuatro escenarios, aunque sean pertinentes, constituye un ejercicio de diagnóstico o contextualización. Por sí solo, no modifica la arquitectura, la secuenciación ni los mecanismos de implementación de las 176 medidas; por tanto, tampoco las vuelve intrínsecamente más robustas.
El tema tiene relevancia práctica inmediata: se construye con rapidez un andamiaje normativo sin evidencia pública de que el diseño institucional de las 176 medidas haya sido sometido a pruebas de robustez multiescenario.
Un análisis de robustez de las acciones de política económica ayuda a evitar la falsa precisión de asignar probabilidades bajo alta incertidumbre y centra la atención en lo esencial: identificar rutas capaces de mantener un desempeño aceptable, aunque el futuro se desvíe significativamente de lo esperado.
¿Tienen las 176 medidas suficiente capacidad transformadora?
La propuesta de escenarios del colega Ricardo González parte de la premisa de que el paquete de 176 medidas tiene una vocación transformadora, aunque aclara que ello “no significa que la transformación vaya a ocurrir ni que, de hacerlo, tenga éxito”.
El análisis ganaría en solidez si examinara críticamente lo que podría interpretarse como el supuesto oficial de viabilidad del paquete.
Aunque los textos y presentaciones oficiales no afirman de forma explícita que las 176 medidas sean viables bajo cualquier escenario, el relato predominante apunta a “hacer lo necesario para conservar lo esencial” mediante la actualización del modelo, la ampliación de facultades a los actores económicos y la generación de dinamismo interno pese a las restricciones externas.
La vocación transformadora del paquete implica un rediseño relativamente significativo del modelo económico: mayor autonomía y orientación de mercado para las empresas estatales, expansión y flexibilidad operativa del sector privado, facilidades para la inversión extranjera —incluida la diáspora—, fortalecimiento de los mecanismos de mercado, focalización de subsidios y descentralización. Con ello se buscaría elevar la productividad, atraer capital, dinamizar las exportaciones y mejorar la inserción externa, sin renunciar al control político del Partido Comunista de Cuba (PCC) sobre el Estado.
La pregunta central es si ese paquete puede ser realmente viable bajo las restricciones externas que han llevado a una inserción internacional “periférica, restringida por sanciones, dualizada y de muy alta vulnerabilidad”.
Sin una reducción sustancial de las sanciones reforzadas de EE. UU., la aspiración transformadora de las 176 medidas parece solo parcialmente viable. Podría generar cambios incrementales y selectivos de cierta importancia, pero tendría baja capacidad para producir una transformación estructural profunda, sostenida y de escala macroeconómica capaz de revertir el colapso productivo, restaurar los equilibrios externos y establecer un nuevo patrón de crecimiento. En ese contexto, el paquete podría aliviar presiones puntuales y estimular un dualismo económico más dinámico, aunque con efectos fragmentados, de bajo impacto agregado y vulnerables a retrocesos.
Las restricciones asociadas a las sanciones reforzadas no son marginales: afectan directamente los canales mediante los cuales las reformas internas podrían traducirse en resultados transformadores, como la inversión extranjera, las exportaciones, la balanza de pagos y la acumulación de capital.
En síntesis, sin una reducción sustancial de las sanciones estadounidenses, las 176 medidas serían viables como programa de ajuste y modernización parcial, capaz de producir mejoras selectivas y preparar el terreno institucional. Sin embargo, no parecen viables como estrategia transformadora de pleno alcance, pues carecen de los grados de libertad externos necesarios para convertir cambios de reglas en un salto de productividad, inversión e inserción internacional. En estas condiciones, la probabilidad del paquete de alcanzar su aspiración transformadora plena es baja.
Coda
Agradezco al Dr. Ricardo González Águila la elaboración de su propuesta de escenarios, un ejercicio oportuno y necesario en un momento de profunda incertidumbre para la economía cubana. Su contribución ofrece un marco útil para pensar y debatir los posibles caminos de las 176 medidas y, más ampliamente, de cualquier proceso de cambio. Ojalá este trabajo estimule un debate riguroso, plural y sostenido sobre la viabilidad de las distintas propuestas de transformación económica que circulan hoy, de modo que el análisis no se limite a diagnosticar restricciones, sino que avance también en la identificación de estrategias capaces de entregar resultados efectivos para el desarrollo económico, social y político de la nación cubana.
*Este artículo fue publicado originalmente en el perfil de Facebook del autor. Se reproduce con su autorización expresa.













