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El Sistema Eléctrico Nacional (SEN) parece atrapado en un laberinto infinito. Uno en el que el camino de salida se ve siempre trunco por las constantes averías, la falta de combustible, los obstáculos externos y la imposibilidad de operar con algún margen de reserva, por bajo que sea.
Esa crítica realidad se hizo particularmente evidente en la última semana. A una desconexión parcial en el occidente cubano le siguieron dos caídas generales en menos de 24 horas, para llegar a siete colapsos nacionales en lo que va de 2026.
Estas desconexiones no han sido, ciertamente, episodios aislados. Son, en realidad, la enésima confirmación del precario estado de un sistema que no solo genera mucha menos electricidad de la que necesita el país, sino que también dispone de cada vez menos capacidad para soportar una rotura u otra situación imprevista sin que el problema termine haciendo colapsar la red.
Ante este ineludible panorama, signado por horas y horas de apagón, haya o no caídas generales, muchos cubanos han dejado de preguntarse por las razones de un episodio puntual. Su preocupación, mucho más vital y lógica, se centra en cuándo volverán a tener electricidad y cuánto tiempo dispondrán de ella para resolver sus necesidades más básicas.
Aun así, otra pregunta mucho más delicada planea sobre el escenario energético actual de la isla: ¿cómo llegó el SEN a un punto en que puede colapsar dos veces en menos de un día?
Cuba intenta restablecer su Sistema Eléctrico tras la segunda caída general en menos de 24 horas
Las caídas del SEN
Si bien la crisis energética viene in crescendo desde hace varios años, 2024 marcó sin dudas un punto de inflexión. Y no precisamente para bien.
El 18 de octubre de ese año, una salida de la termoeléctrica Antonio Guiteras provocó la primera gran desconexión nacional. En noviembre, el paso del huracán Rafael por el occidente volvió a dejar fuera de servicio al SEN y, en diciembre, otra salida de la Guiteras desencadenó un tercer apagón general. La recuperación de aquellos episodios requirió en algunos casos de varios días.
La situación no se estabilizó durante 2025. Los problemas de generación, el deterioro de las plantas térmicas y la escasez de combustible mantuvieron los apagones como parte habitual de la vida cotidiana, mientras las salidas de unidades importantes continuaron reduciendo el margen de seguridad del sistema. Por demás, ocurrieron otras dos caídas nacionales.
En 2026, con la crisis agudizada por el cerco petrolero y las sanciones de EE.UU., los colapsos generales se han sucedido con una frecuencia inédita. En marzo ocurrieron dos en menos de una semana y en julio llegaron tres más en otro muy corto período: los días 6, 10 y 14.
Tras un respiro de dos semanas, la secuencia continuó en agosto. El pasado domingo se produjo otra desconexión nacional y, al día siguiente, durante las labores de recuperación, el sistema volvió a caer. Con estos episodios, son siete las desconexiones generales registradas en 2026.
Pero esa cuenta tampoco refleja por sí sola la magnitud del problema. Entre una caída general y otra se han sucedido también desconexiones parciales —como la que dejó sin electricidad el occidente cubano al cierre de julio—, las salidas de unidades y jornadas enteras con una parte considerable del país sin servicio.
En julio, por ejemplo, la Unión Eléctrica (UNE) llegó a pronosticar afectaciones simultáneas de hasta el 74 % del país durante el horario de mayor demanda. Los déficits han ido en aumento y han llegado a sobrepasar ya los 2300 MW como topes récords, mientras que habitualmente se sitúan ya por encima de los 2000.
En estas circunstancias, cada caída parece ocurrir sobre un sistema más debilitado que el que sufrió la anterior.
Tras otra caída parcial del sistema eléctrico, la afectación volverá a acercarse a los 2200 MW
Un sistema exhausto
Las desconexiones generales son el extremo visible de un problema mucho más cotidiano: Cuba no dispone de suficiente capacidad de generación para cubrir su demanda y, además, una parte importante de la capacidad instalada no está disponible.
La generación térmica continúa siendo el principal soporte del SEN. Pero sus centrales acumulan décadas de explotación y arrastran problemas de mantenimiento, obsolescencia tecnológica y falta de piezas y recursos para reparaciones profundas.
En no pocas ocasiones, nueve y hasta 10 de las 16 unidades termoeléctricas del país han estado fuera de servicio por averías o mantenimiento, según datos de la propia UNE. Por demás, la disponibilidad en el horario pico apenas ronda los 1000 MW —o, incluso, menos—, menos de un n tercio de una demanda que ronda o supera los 3200 MW.
El resultado es una ecuación cada vez más difícil de resolver: mientras menos unidades están disponibles, mayor es el déficit; mientras mayor es el déficit, más extensos son los apagones; y cuanto más tiempo operan las unidades restantes bajo condiciones exigentes, mayor es el riesgo de nuevas averías.
A ese problema estructural se suma el tema del combustible.
Con el bloqueo petrolero de Washington asfixiando a la isla, las autoridades han reconocido públicamente una “total ausencia” del mismo. Esa carencia afecta especialmente a la llamada generación distribuida, integrada por un centenar de baterías que pueden aportar energía con relativa rapidez, pero cuya operación depende de disponer de diésel y fuel.
También las centrales fuel de Moa y el Mariel, y las dos patanas turcas que se mantienen en la isla —ambas en La Habana—, han debido parar durante meses por este motivo.
Como parte de un reciente programa del Gobierno, la energía solar ha comenzado a ocupar parte de ese espacio. Hasta ahora, los parques fotovoltaicos incorporados al sistema superan el medio centenar y generan varios cientos de MW durante las horas de mayor radiación.
Pero la generación fotovoltaica no puede sustituir por sí sola la capacidad térmica: produce principalmente durante el día y, para aprovecharla cuando cae el sol, requiere almacenamiento y una red capaz de gestionar esa energía, algo que por ahora tampoco ha podido garantizarse.
El problema es, por tanto, mucho más profundo que el déficit de una jornada concreta.
Transformadores y redes de distribución averiadas se suman al déficit de generación en La Habana
La Guiteras, espejo del SEN
Si el Sistema Eléctrico de Cuba tiene un espejo, ese es la central termoeléctrica Antonio Guiteras, en Matanzas.
Con una capacidad de alrededor de 220 MW, la Guiteras es el mayor bloque unitario del país y resulta particularmente importante para la estabilidad del sistema occidental. Pero también es una de las instalaciones que mejor ilustran el deterioro acumulado de la infraestructura cubana.
En los últimos años, sus salidas fueron no pocas veces los detonantes de los colapsos generales y en 2026 se han sucedido una y otra vez. En julio, la planta acumulaba más de 15 averías, según el recuento de medios independientes, y esa cifra ha seguido creciendo desde entonces.
Las propias autoridades y la prensa oficial han reconocido el problema de fondo. Los directivos de la UNE y el Ministerio de Energía y Minas han admitido que la planta arrastra una “gran deuda de mantenimiento capital” y han explicado que el deterioro se concentra especialmente en componentes de la caldera y que reparar una zona no garantizaba que otra no falle después.
Sin embargo, la reparación general necesaria para enfrentar ese deterioro —algo que no se acomete desde hace más de una década y que detendría a la termoeléctrica por varios meses— se ha pospuesto una y otra vez, la última de ellas a fines de 2025. Y actualmente no está claro cuándo podría realizarse.
Mientras tanto, la estrategia ha sido mantenerla operativa mediante reparaciones sucesivas, cuyos efectos cada vez duran menos. Así, la Guiteras funciona como una suerte de resumen del dilema del SEN: no es posible dejarla fuera durante el tiempo necesario para una intervención profunda, pero su deterioro hace cada vez más difícil mantenerla funcionando de manera estable.
Mientras, si bien no todas las desconexiones del SEN son achacables a la planta matancera, cada vez que esta queda fuera, el sistema pierde uno de sus bloques principales y aumenta la presión sobre el resto de la generación disponible.
La Guiteras en modo resistencia, sin reparación capital a la vista
¿Hay salida?
El Gobierno cubano ha colocado buena parte de su respuesta a esta pregunta en el mediano y largo plazo. Ello, a partir de la transformación de la matriz energética, especialmente mediante la expansión de las fuentes renovables y, en particular, de la solar fotovoltaica.
Los parques solares son la apuesta más visible. En estos momentos son 54 los incorporados al SEN y, en algunas jornadas, su generación ha alcanzado picos superiores a 700 MW. También comenzaron a instalarse sistemas de almacenamiento mediante baterías, con el propósito de aprovechar parte de la electricidad generada, como parte de una estrategia con apoyo tecnológico y financiero de China.
Sin embargo, dicha estrategia, aunque necesaria, no constituye una solución inmediata para la crisis actual. Justo en este punto reaparece el problema del combustible y la financiación.
La crisis energética se ha agravado en 2026 por las crecientes dificultades de Cuba para acceder al petróleo y otros combustibles, y en ello ha sido clave la presión aplicada por Washington en busca de cambios en la isla. Apenas un buque petrolero ruso ha llegado a la isla en meses, mientras que Venezuela y México, hasta el año pasado los principales suministradores, dejaron de enviar cargamentos a la isla.
Pero incluso si EE.UU. diera luz verde a las importaciones de combustible y el suministro mejorara de manera sustancial, quedaría pendiente el problema de la infraestructura.
Cuba requiere más de 6600 millones de dólares para sanear su sistema eléctrico, según informe
Expertos independientes han estimado en miles de millones de dólares la inversión necesaria para recuperar el sistema electroenergético cubano. Esa cifra ayuda a dimensionar la distancia entre las soluciones de emergencia y una recuperación estructural que pudiera dar un vuelco al crítico escenario actual.
Reparar una caldera, conseguir combustible para una planta o incorporar un nuevo parque solar puede aliviar una pequeña parte del problema. Rehabilitar el SEN, en cambio, exige inversiones sostenidas durante años en generación, transmisión, mantenimiento, almacenamiento y eficiencia.
Ante esta muy compleja situación —y a pesar de los planes gubernamentales y el arduo e indiscutible esfuerzo de los trabajadores del sector—, la salida del laberinto no luce cercana ni por asomo. Las últimas desconexiones y los apagones interminables que agobian a los cubanos mientras EE.UU. no baja la presión, son la prueba del oscuro camino que se avizora por delante.












La Guiteras es.de 360 MW, esta limitada a 220 por on avería hace años por errores en el proceso de detencion.
Recuerdo cuando la Guiteras sufrio una averia debido a un error operacional (creo que fue 2004 o 2005). Eso obligo a una programacion de apagones. Meses despues se anuncio el montaje de grupos electrogenos en todo el archipielago, que entrarian en.funcionamiento en momentos de alta demanda. Y poco tiempo despues, la famosa “Revolucion Energetica”.
Desde ese momento, se debio haber comenzado un programa a mediano y largo plazo para el montaje de energias alternativas y la modernizacion paulatina de las termoelectricas existentes. Si lo hubo, no se si se hizo publico.Acaso no se preveia que existiria un aumento de la demanda en las siguientes decadas?
Hace unos años atras, se hablo de un proyecto de modernizar / instalar varios bloques nuevos con financiamiento ruso. Se instalo una planta que deberia trabajar con biomasa del central Ciro Redondo.
Se hablo hace un par de años de que se habian ido recuperando grupos electrogenos (que al parecer habian ido saliendo de servicio por falta de mantenimiento y repuestos). Una parte tan importante del sistema no se debio haber perdido. Por que?
Tambien hasta el 2018 hubo aranceles para importar tecnologia fotovoltaica. Un sin sentido en un pais con tanta vulnerabilidad energetica y con tanto sol casi todo el año!
Por supuesto, a partir de enero, el embargo petrolero ha llevado el problema a niveles criticos, pero tambien hay una cuota de responsabilidad no menor de los decisores desde hace decadas.
Está situación pudo no ser tan grave si se le hubiera dado mantenimiento sostenido a las termoeléctricas en los años de bonanza. Muchos millones en reexportaciones de combustible q tuvieron otro destino diferente a la salvaguarda de la infraestructura. Quién responde ante el pueblo por esas decisiones? Nadie. Dios nos ayude.